Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

¿Vas demasiado bien?

| 22/07/2011

Empo­llo­nes que odian estudiar

Los sus­pen­sos son ami­gos de las excu­sas y que­jas de lo malo que es el cole­gio, o estu­diar. Los fra­ca­sos due­len y huí­mos del dolor. Pero, ¿qué ocu­rre cuando a diez sobre­sa­lien­tes le acom­pa­ñan las pala­bras: “Odio el colegio”?

Habría que ver si hay pro­ble­mas aje­nos a los estu­dios. Como el típico abu­són (“bully” en inglés). Pero supon­ga­mos que eres feliz en el patio, tam­bién con los pro­fe­so­res y el con­serje no te encie­rra con las esco­bas. ¿Enton­ces, qué?

Un fan­tasma en la mochila

Hay muchos pro­ble­mas en la vida. Aquí sólo tengo espa­cio para uno, pero es uno que veo con fre­cuen­cia en adul­tos y niños. Bueno, no en todos, sólo en los que se esfuer­zan en hacer las cosas mejor.

Al prin­ci­pio todo es feli­ci­dad. Cose­chas éxitos. La gente te son­ríe. Te sien­tes feliz, te feli­ci­tan y pien­sas “el esfuerzo vale la pena”. Luego, si te sale algo mal te sien­tes triste. Pien­sas que esa tris­teza es por haber bajado de tu nivel. Enton­ces te esfuer­zas más. Y vuel­ves a remon­tar. Pero mien­tras no mira­bas se te ha metido un fan­tasma en la mochila: el miedo.

¿Estu­dias por miedo?

Si vas mal en los estu­dios importa poco tus razo­nes para estu­diar. ¿Qué es para que te com­pren una Wii? Vale. ¿Qué es para no sen­tirte menos que nadie? Muy bien. Como si quie­res apro­bar para poder con­quis­tar el mundo y exten­der tus mal­va­dos pla­nes por el uni­verso. Me da igual.

Cuando las cosas van bien es dife­rente. Lo de que te com­pren cosas, bueno, lle­narte de cosas no te va a hacer feliz. Más bien lo con­tra­rio. Con el tiempo pre­fe­ri­rás tiempo para jugar que estu­diar para que te com­pren un juego nuevo —que no vas a tener tiempo de usar. Si es para hacer feliz a tus padres, bueno, ya sabes que se han acos­tum­brado a tus notas.

Les parece nor­mal que saques muchos sobre­sa­lien­tes. Otros padres les dicen “Oh, qué suerte tie­nes”, pero ellos no hacen caso. No es que le dé igual, es que es nor­mal, y los huma­nos nos fija­mos en lo raro.

Y sí, como sus­pen­das, se van a dar cuenta. Y mucho. Ese es tu fan­tasma de la mochila.

A lo mejor te ha pasado. Las razo­nes que tenías antes son cada vez más débi­les. Enton­ces, a lo mejor, sigues estu­diando por miedo. No sólo por miedo, pero el fan­tasma de la mochila se está haciendo más fuerte. Y cui­dado, por­que lo que quiere es ponerte un collar y hacerte su esclavo. ¿Le vas a dejar?

Manual anti-fantasmas

Lo pri­mero es no dar de comer a tu fan­tasma. El fan­tasma se ali­menta de tus miedos.

Lo segundo es dejar de escu­char sus men­ti­ras. No, no te van a dejar de que­rer por­que empeo­ren tus notas. No, no te vas a hacer tonto. Y por supuesto que cuando te vayan a con­tra­tar para la NASA a nadie le va impor­tar un pepino que sus­pen­die­ras mate­má­ti­cas en pri­mero de la ESO1.

Lo ter­cero es lo más impor­tarte. Debes bus­car una razón que sirva para siem­pre. Una razón buena, para que no estu­dies ni tra­ba­jes por miedo. ¿Cuál puede ser? Que te guste tu tra­bajo. ¿Parece difí­cil? Claro, si estu­dias por miedo es impo­si­ble que te guste estudiar.

Como con­se­guir que te guste tu trabajo

Las pala­bras cuen­tan. No repi­tas lo que digan de lo malo que es todo. Busca lo bueno. Creo que a los espa­ño­les se nos da muy bien encon­trar lo malo, pero nos olvi­da­mos de bus­car lo bueno. En todo, no sólo en el trabajo.

Cele­bra cada triunfo. No hace falta una fiesta. Con que se lo digas a tu abuela, vale. Y si no tie­nes abuela, sé tu pro­pia abuela, quié­rete un poco, que funciona.

Pon lo mejor de tí en cada cosa que hagas.

Cuando hace­mos las cosas bien nos sen­ti­mos bien. Mi abuela lo lla­maba la “satis­fac­ción del deber cum­plido”. Y es ver­dad. Dis­fruta de esa sensación.

Recuerda que la vida no comienza en las vaca­cio­nes. Ni en el fin de semana. El lunes tam­bién es un buen día para ser feliz. Y ahora, a hacerlo.

Bueno, espero que te haya gus­tado. Aun­que más que te guste, pre­fiero que lo pon­gas en prác­tica. ¿Te ima­gi­nas como sería tu vida si pudie­ras ser tan feliz tra­ba­jando como en vaca­cio­nes? Pues pue­des, por­que feli­ci­dad no es un regalo que te pue­dan dar, sino que está den­tro de tí. Sólo tie­nes que descubrirla.

Des­cú­brela.

Nota: La ESO es la Edu­ca­ción Secun­da­ria Obli­ga­to­ria espa­ñola. Va apro­xi­ma­da­mente de 12 a 15 años.

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