Como comerse el sapo nuestro de cada día

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Si empie­zas el día tra­gán­dote una rana viva, el resto del día te pare­cerá mejor. –pro­ver­bio inglés.

Deje­mos las ranas para los opti­mis­tas. ¿No lo sabías? En la vida real, todos somos come­do­res de sapos. Algu­nos los zam­pan varias vaces al día, otros son ver­da­de­ros devo­ra­do­res de nues­tros sim­pá­ti­cos ami­gui­tos. Pero nadie, sin excep­ción, se libra de tra­garse un sapito. ¿Odia­bas los debe­res de la escuela? Ese era tu sapito. ¿Te da pereza com­pro­bar el email o las RSS? Más sapos. ¿Hacer la decla­ra­ción de la renta, impues­tos y pape­leos varios? Más filete de sapo.

¿Qué tie­nen todos estos sapos en común?

  1. Son feos, es decir que los odias.
  2. No los pue­des evi­tar.

Pue­des odiar los via­jes a Marte, o el alpi­nismo sin que por eso sean sapos. Nadie te va a obli­gar. ¿Pero los impues­tos y los debe­res? O los haces o habrá “consecuencias”.

Nadie puede vivir a die­tas de sapo. Si tu vida con­siste en tra­gar más y más sapos, debes hacer cam­bios en tu vida. Busca un nuevo tra­bajo, deja ese hobby odioso o dis­fruta de más tiempo libre. ¿O es que te orga­ni­zas mal o te falta for­ma­ción para afron­tar tus tareas? Orga­ni­zán­dote mejor y for­mán­dote harás des­a­pa­re­cer a muchos sapos y a otros los harás más peque­ños. Pero de eso, Dios mediante, ya hablaré en otro artículo.

Por­que siem­pre que­dará algún sapo que comer, y en cuanto a éstos, no vamos a dejar ni las ancas.

El sapito sabe mejor en el desayuno.

Camino malo, pasarlo pronto –Mi abuela.

En un camindo infes­tado de ban­do­le­ros, más te vale ir ágil com­pa­ñero. Entre antes sal­gas de allí tanto mejor. Así que si tie­nes alguna tarea que odias, cúm­plela lo antes posi­ble. Ya, ahora. Pasa de comen­tar en este blog (y mira que me gusta que me comen­ten). Tér­mi­nalo ya y el resto del día te irá mejor.

Sino tu sapo se hará más grande y feo y sabrá a:

No mamá, por favor, seré bueno, te lo pro­meto, pero no quiero comerme eso. — Mi her­ma­nito el flacucho.

En otras pala­bras, tus debe­res lle­va­rán una fea colec­ción de mar­cas nega­ti­vas, per­de­rás infor­ma­ción vital de tu correo elec­tró­nico, email y twit­ter, mien­tras te pasas el día con el spam y, lo mejor de todo, una  lla­mada tele­fó­nica de la Hacienda del Estado te recor­dará que las mate­má­ti­cas crea­ti­vas y las leyes se lle­van fatal. Y durante todo el tiempo de tu pro­cras­ti­na­ción (“dejar para luego”) tu memo­ria te recor­dará cons­tan­te­mente lo que tie­nes que hacer, des­tro­zán­dote la con­cen­tra­ción y machando tu creatividad.

¿Para evi­tar todo esto? Hazlo ya, hazlo bien y dis­fruta del resto del día.

Cor­tado en tro­ci­tos el sapo parece pollo.

No hay nece­si­dad de tra­garse un sapo entero. ¿Hay que estu­diar cien pági­nas? Empieza con el párrafo 1º de la página 1ª. Estu­diála, anota que la has estu­diado y sigue ade­lante. ¿Qué pasa que no pue­des leer un párrafo? ¿Aten­der un email? ¿Hacer una lla­mada? Vamos, anda. Eso no te lo crees ni tu, que es de lo que se trata.

Ade­más, al des­com­po­ner una tarea en sus par­tes ató­mi­cas (gran pro­blema -> muchas par­tes peque­ñi­tas) con­si­gues enten­derlo todo. Vamos, Des­car­tes (sí el que inventó el método cien­tí­fico) tenía difi­cul­ta­des con los pro­ble­mas de mate­má­ti­cas hasta que se deci­dió a emplear este método. (Escép­ti­cos con­sul­tar “Del Dis­curso del Método”, que ahí viene explicado).

Freir en sar­ten bien caliente, con el aceite hirviendo.

Ahora vas a la pri­mera acción dimi­nuta y la com­ple­tas. Cén­trate sólo en esa pequeña acción y no hagas nada más. No te preo­cu­pes de las ante­rio­res, ni de lo que pase luego. Haz esta acción ahora. Tra­bajo rápido y bien.

Un cara­me­lito para endul­zar esa boquita.

¿Haz com­ple­tado esa pequeña acción? Genial. Ponte una meda­llita, hín­chate de orgu­llo, tacha esa acción en tu lista de tareas accio­nes. No hace falta una gran recom­pensa, basta que sea inme­diata, salu­da­ble y que no te des­con­cen­tre. Para mí nada mejor que la satis­fac­ción de un tra­bajo bien hecho, para tí… bueno, pues tu eres el experto en tus gus­tos. Busca algo fácil, rápido y salu­da­ble que no te des­con­cen­tre, como sen­tirse genial — y concédetelo.

En resu­men:

  1. Empieza ya.
  2. Divide el pro­yecto en sus par­tes elementales.
  3. Con­cén­trate en la pri­mera acción y tér­mi­nala rápido y bien.
  4. Recom­pén­sate por esa pri­mera acción.
  5. Haz lo mismo para el resto de las accio­nes hazta que aca­bes con ese sapo.
  6. Dis­fruta de la vida.

Para más información:

Foto cor­te­sía

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