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Sabia Vida

Un discreto minimalismo

El éxito: algunas ideas.

Escrito por Miguel de Luis Espinosa en junio 1, 2009
Categorías Productividad

Me pre­gun­taba Veró­nica en un comen­ta­rio a un artículo ante­rior, El Fra­caso Existe, que era el éxito. Yo le pro­metí que res­pon­de­ría con un artículo y aquí está. He aña­dido, eso sí, un par de refle­xio­nes para inten­tar que sea prác­tico y no una defi­ni­ción, que para eso el dic­cio­na­rio ya lo hace muy bien.

Pues empe­zando pre­ci­sa­mente por el con­cepto, no aca­dé­mico, sino de uso común, podría­mos decir que el éxito no es otra cosa que el resul­tado posi­tivo de una empresa o pro­yecto que, al menos, con­si­gue los obje­ti­vos míni­mos de ésta.

Podía­mos hablar tam­bién del con­cepto de éxito social. Esta­mos hablando del triun­fa­dor. Éxito social sería aque­lla situa­ción más o menos esta­bles de una per­sona que ha alcan­zado una serie de hitos que la socie­dad con­si­dera valo­res supe­rio­res. Éste es, por fuerza, un con­cepto social­mente cons­truido y sólo es alcan­za­ble para quien se adapta o com­parte esos valo­res. Por ejem­plo, para los Masai –según recuerdo– el éxito social se mide en vacas. Hoy en día parece ser que son el dinero y la fama.

Por último se me ocu­rre tam­bién hablar de éxito sub­je­tivo o sico­ló­gico que sería la per­cep­ción que la per­sona tiene de haber alcan­zado el éxito. El efecto es muy diver­tido en la cocina. A algu­nas per­so­nas todo les que da fan­tás­tico –y ay de aquel que les con­tra­diga– mien­tras que a otras a todo lo que gui­san le bus­can un fallo. Que si podían haber puesto más sal, menos sal, que si le fal­taba un minuto, que si se regui­sa­ron, que si el otro día les quedó mejor. 

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Vale y esto, ¿cómo se come?

Como pode­mos ver para cada tipo de éxito, existe un tipo de fra­caso. Otra cosa es que sirva para algo. Me explica, nues­tra socie­dad ha come­tido un error garra­fal: con­si­de­rar el éxito como un valor en sí mismo, como un valor sustantivo.

No lo es.

El éxito, en su sen­tido ori­gi­nal, es un valor adje­tivo. Esto es que fun­ciona como un adje­tivo. Esto que siem­pre se refiere a otra cosa, una empresa o un pro­yecto que inten­taste. Ahora si tu pro­yecto era una estu­pi­dez habrás alcan­zado un éxito estú­pido. Si tu pro­yecto era inmo­ral ten­drás un éxito inmo­ral. Y tam­bién si para alcan­zar el éxito has usado meto­dos inmo­ra­les tu éxito será inmoral.

Por otro lado uno no tiene por qué sen­tirse vin­cu­lado por los valo­res que la socie­dad con­si­dera supe­rio­res, si resulta que la socie­dad se equi­voca. Afir­ma­ción que puede resul­tar aven­tu­rada para las bre­ves líneas de un posts. Claro, aquí hay que tener no cui­dado de no con­si­de­rarse una santa élite por encima de los pobres mor­ta­les. Sin embargo, algo habrá que decir si una socie­dad con­si­de­rase el éxito social tener un mon­tón de escla­vos. ¿Y qué decir del volun­ta­rio que limita sus ingre­sos por los más pobres? ¿O del que com­bate la injus­ti­cia? Que levan­ten la mano los que se han hecho famoso con la soli­da­ri­dad.  Eya­cu­ría, el pobre, no puede.

Y enton­ces nos queda tam­bién el éxito sico­ló­gico, que todos nece­si­ta­mos. Desde que aprobé las opo­si­cio­nes soy mucho más feliz. Me siento capaz de gran­des cosas. Os ase­guro que cuando tuve que aban­do­nar la vida reli­giosa –una his­to­ria un tanto larga y nada tru­cu­lenta– estaba bas­tante roto por den­tro. Era el resul­tado de una per­cep­ción sub­je­tiva y no del todo cons­ciente de fra­caso total.

Y dejando a un lado mis cui­tas per­so­na­les, lo que importa es lo siguiente, que el éxito para lo que sirve es para ani­mar a una per­sona. Pero­gru­llada que importa recor­dar. Un alumno nece­sita apro­bar, y si no puede apro­bar, más vale que el pro­fe­sor le ponga mini-exámenes que pueda ir sacando, algo que le con­venza, muy a corto plazo de que el apro­bado es posible.

Por­que, lo malo del fra­caso es hacerlo per­so­nal, sen­tirse fra­ca­sado. Y aquí el ejem­plo de muchos alum­nos de secun­da­ria me vuelve a la mente. Tras fra­ca­sar repe­ti­da­mente uno siente que el pro­blema está en uno y no en las cosas que hace o dice. La sen­sa­ción es la de tener “algo roto”, “ser dis­tinto” y que no impor­tan los inten­tos que se hagan, que uno fra­ca­sará. De ahí los chi­cos que caen en la delin­cuen­cia por­que en su barrio es la única forma de tener éxito. Ade­más, da igual lo que se haga, que aca­bas en la cár­cel o refor­ma­to­rio igual, lo único que pue­des hacer es dis­fru­tar del momento.

Es men­tira, por supuesto. La cues­tión no está en las cosas que uno es, sino en lo que hace y como lo hace. Pero para con­ven­cer de esto es nece­sa­rio que la per­sona tenga éxito en algo. De lo con­tra­rio no hay espe­ranza y sin espe­ranza, y con esto ter­mino, uno vive en la men­tira de creerse peor que los demás.

Por expe­rien­cia hablo.

Foto (Arco de Triunfo) Cor­te­sía

Foto (Triumph GT6) Cor­te­sía

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