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Sabia Vida

Un discreto minimalismo

La verdad a los nichos

Escrito por Miguel de Luis Espinosa en julio 19, 2010
Categorías Política

Hace tiempo que des­con­fiaba de los medios de comu­ni­ca­ción. Cuando pasó lo del ase­sin­tado del juego “del rol” (sic) saca­ron una cam­paña que aún duele. No estoy seguro de si por igno­ran­cia de la juven­tud de enton­ces o por sacar dinero o por un poco de ambas cosas. Tam­poco sé si ten­drá rela­ción de causa efecto, pero poco des­pués se hun­die­ron peque­ñas edi­to­ria­les, cerra­ron tien­das y se disol­vie­ron clubs. Tam­bién me acuerdo de las mira­das de la gente. En otro momento, tras un incen­dio, tuve cons­tan­cia de las limi­ta­cio­nes que impone infor­mar casi en tiempo real, que mul­ti­pli­ca­ban las inexactitudes.

Pero en fin, pasa como en todos los gre­mios, hay erro­res, com­por­ta­mien­tos no éticos y hasta deli­tos y gente que intenta mejo­rar. Des­pués de todo si ven­des un mal pro­ducto la gente se queja.

Lo raro que veo ahora en España es que triunfa una ten­den­cia que implica un com­por­ta­miento absurdo. Hay cada vez más per­so­nas que parece que no quie­ren escu­char una ver­dad obje­tiva, sino la que les gusta oír, con exclu­sión de todas las demás. Penoso es ver “deba­tes” o “ter­tu­lias” en las que todos están de acuerdo. Me enfada com­pro­bar como el cri­te­rio prin­ci­pal para el aplauso, la con­dena, el des­pre­cio o la per­se­cu­ción de un polí­tico sea la cer­ca­nía a las pro­pias ideas.

Y es que las cade­nas están man­dando la ver­dad a los nichos. No hablo de noti­cia­rios espe­cia­li­za­dos, sino de ver­da­des zala­me­ras que pre­ten­den adu­lar a un sec­tor — un nicho — de la audien­cia. Y claro, aun­que nos pese, a todos nos gusta escu­char lo que que­re­mos oír. Pero, siem­pre, lo que más nos interesa escu­char es lo que duele. Que nues­tro par­tido, en el que hemos depo­si­tado con­fian­zas y votos tiene corrup­tos en sus filas, y no en abs­tracto, sin con nom­bres y ape­lli­dos. Que ese can­di­dato que tanta espe­ranza nos da no ha dudado en abu­sar de su poder para impo­ner su posición.

Hoy un noti­cia­rio obje­tivo — con los fallos que se quie­ran — sería extra­or­di­na­rio. Los que man­dan la ver­dad a su nicho son abu­rri­dos, yer­mos, sin capa­ci­dad de ana­li­zar o trans­for­mar nada. Antes de que se dé la noti­cia ya cono­cen su razón: el “con­tra­rio es malvado”.

Siem­pre se ha hecho ésto con los sobe­ra­nos. En vez de hacer la pelota diciendo lo gua­pos que son, que canta mucho, se les dice lo que quie­ren hoy. Dado que la sobe­ra­nía reside en el pue­blo, no es extraño que al pue­blo se le enga­tuse tam­bién de esta manera.

Yo sé que no puedo nada con­tra esta ten­den­cia. Os diré, sin embargo lo que hago, cuando me gus­tan dema­siado las noti­cias que oigo yo sos­pe­cho y cam­bio de canal, aun­que no me guste lo que vaya a escuchar.

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