La verdad a los nichos
Hace tiempo que desconfiaba de los medios de comunicación. Cuando pasó lo del asesintado del juego “del rol” (sic) sacaron una campaña que aún duele. No estoy seguro de si por ignorancia de la juventud de entonces o por sacar dinero o por un poco de ambas cosas. Tampoco sé si tendrá relación de causa efecto, pero poco después se hundieron pequeñas editoriales, cerraron tiendas y se disolvieron clubs. También me acuerdo de las miradas de la gente. En otro momento, tras un incendio, tuve constancia de las limitaciones que impone informar casi en tiempo real, que multiplicaban las inexactitudes.
Pero en fin, pasa como en todos los gremios, hay errores, comportamientos no éticos y hasta delitos y gente que intenta mejorar. Después de todo si vendes un mal producto la gente se queja.
Lo raro que veo ahora en España es que triunfa una tendencia que implica un comportamiento absurdo. Hay cada vez más personas que parece que no quieren escuchar una verdad objetiva, sino la que les gusta oír, con exclusión de todas las demás. Penoso es ver “debates” o “tertulias” en las que todos están de acuerdo. Me enfada comprobar como el criterio principal para el aplauso, la condena, el desprecio o la persecución de un político sea la cercanía a las propias ideas.
Y es que las cadenas están mandando la verdad a los nichos. No hablo de noticiarios especializados, sino de verdades zalameras que pretenden adular a un sector — un nicho — de la audiencia. Y claro, aunque nos pese, a todos nos gusta escuchar lo que queremos oír. Pero, siempre, lo que más nos interesa escuchar es lo que duele. Que nuestro partido, en el que hemos depositado confianzas y votos tiene corruptos en sus filas, y no en abstracto, sin con nombres y apellidos. Que ese candidato que tanta esperanza nos da no ha dudado en abusar de su poder para imponer su posición.
Hoy un noticiario objetivo — con los fallos que se quieran — sería extraordinario. Los que mandan la verdad a su nicho son aburridos, yermos, sin capacidad de analizar o transformar nada. Antes de que se dé la noticia ya conocen su razón: el “contrario es malvado”.
Siempre se ha hecho ésto con los soberanos. En vez de hacer la pelota diciendo lo guapos que son, que canta mucho, se les dice lo que quieren hoy. Dado que la soberanía reside en el pueblo, no es extraño que al pueblo se le engatuse también de esta manera.
Yo sé que no puedo nada contra esta tendencia. Os diré, sin embargo lo que hago, cuando me gustan demasiado las noticias que oigo yo sospecho y cambio de canal, aunque no me guste lo que vaya a escuchar.

