El Héroe Durmiente de Pablo Martínez
Libro para leer en el barco, para pasar la travesía de Tenerife y vuelta a Gran Canaria. Me decidí por la literatura juvenil, y decidí darle una oportunidad a un desconocido: El Héroe Durmiente.
Las primeras impresiones fueron de “¡Dios mío, qué he hecho!” El horror, parecía haber caído en una trampa de historia mil veces repetida. No os desvelaré el argumento para no chafar la sorpresa; me basta decir que los cobardes de Hollywood ya han repetido esa estructura una infinidad de veces y media. Estuve a punto de dejar el libro a la mitad — más bien a la décima parte, pero ya me entendéis –.
Pablo Martínez se estaba riendo del lector y no sé si también de los cobardes de Hollywood. De pronto, el argumento toma un giro inesperado que lo cambia todo. Es exagerado decir que como El Quijote, pero como El Quijote toma una estructura clásica la desarrolla desde otro punto de vista y la destroza para agarrar para siempre el interés del lector.
Bueno, Pablo no es Cervantes. Su voz es todavía normal cuando yo espero de un escritor que respire su personalidad por sus letras. Eso no lo he visto en Pablo, todavía. Los personajes aparecen algo desdibujados; pase que en el protagonista, el efecto “Tintín” haga que cualquiera pueda identificarse con él, sobre todo si el lector es joven, pero los demás podrían trabajarse un poco.
Con todo y con eso el libro sobrepasa las expectativas que me había creado. Pablo tiene una prosa ágil, viva, que te hace correr por las páginas, participar la aventura como si estuvieras dentro, y apreciando las picardías como si tu mismo fueras el engañado y, al tiempo, el pícaro. El mundo, de inspiración clásica con discretos toques de fantasía tiene verosimilitud y cierta originalidad y aunque es todavía un esbozo tiene potencial para desarrollarse, lo mismo que su autor.
En resumen, un buen libro para el verano para los amantes de la aventura y, creo, un escalón para el joven escritor. Habrá que seguirle.
