Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Como vivir con 24 horas al día

| 27/07/2011

Un resu­men actualizado

Los inicios del siglo XX resul­tan fami­lia­res para el ofi­ci­nista; al menos para este ofi­ci­nista que os escribe lo son desde que leí a Ber­nett Arnold. Resulta que Inter­net no tiene la culpa de que per­da­mos el tiempo. Según leía los ejem­plos que da Ber­nett resulta que la gente pierde el tiempo en más o menos las mis­mas cosas en que per­día el tiempo en los tiem­pos del buen rey Edward: char­lar, echar “una” par­ti­dita, mirar a la chi­me­nea, jugue­tear con el piano: vie­nen a repre­sen­tar más o menos al chat o twit­ter, jugar, nave­gar sin rumbo y al prac­ti­car super­fi­cial­mente una afi­ción que se queda en lo vir­tual de nues­tros días.

Bar­nett se da cuenta en su día de que per­der el tiempo nos hace mal­vi­vir, y pre­tende reme­diarlo, no con un método de pro­duc­ti­vi­dad, sino con una orien­ta­ción para la vida. Es decir “Como vivir con 24 horas al día” (CV24H) no te dice como tra­ba­jar mejor — para eso GTD — sino que pro­yec­tos debes empren­der para ele­var tu vida. Yo, con este articulo, pre­tendo ofre­cer un resu­men actua­li­zado. Es decir sim­pli­fi­car su men­saje y adap­tarlo a las pecu­lia­ri­da­des de los prin­ci­pios del siglo XXI. CV24H es muy prác­tico, pero por eso mismo resiste peor el tiempo; sin embargo su esen­cia es inmortal.

Por favor, notad que he tra­tado siem­pre de ser fiel al autor, incluso cuando tene­mos alguna dis­cre­pan­cia. Dicho eso, me gus­ta­ría hacer diá­logo sobre la obra.

El fan­tasma del reloj de arena

Te levan­tas por la mañana y tu mone­dero está mági­ca­mente lleno con 24 horas de la mate­ria prima del uni­verso. El tiempo es igual para todos: nin­gún esfuerzo lo incre­men­tará; nin­guna desidia lo dis­mi­nuirá, hagas hecho lo que hayas hecho siem­pre ten­drás 24 horas en tu cuenta. No pue­des pedir tiempo a prés­tamo ni tener deu­das. El tiempo es más escaso que el dinero. Mi pro­pó­sito es diri­girme a aque­llos que care­cen de tiempo para afron­tar todos sus deseos, a aque­llos que se enfren­tan al fan­tasma que les recuerda, reloj de arena en mano: “Oh, ¿qué has hecho con tu vida?” Cum­plir con las obli­ga­cio­nes mora­les y lega­les ya es difí­cil, pero no nos satis­face, y hasta que no nos esfor­ce­mos en per­se­guir una aspra­ción más alta, no podre­mos esca­par de ese fantasma.

Antes de empren­der camino…

  1. Nunca ten­drás más tiempo.
  2. No hay ni exis­ten los secretos.
  3. Lo más impor­tante es saber que admi­nis­trar el tiempo es difícil.
  4. No basta con tener un plan. Su eje­cu­ción requiere esfuerzo constante.
  5. El tiempo no puede mal­gas­tarse por adelantado.
  6. Cada hora de cada día es una nueva oportunidad.
  7. Por tanto nada se gana en espe­rar a mañana para empe­zar otra nueva vida.
  8. Cuida tu ardor. Empieza por poco al prin­ci­pio. Prevé la fra­gi­li­dad humana, empe­zando por la tuyo.
  9. El mayor peli­gro del fra­caso es sen­tirse un fra­ca­sado. Pero cui­dado, se debe evi­tar el fracaso.
  10. Un glo­rioso fra­caso no con­duce a nada; un pequeño éxito puede lle­var a un éxito que no es tan pequeño.

La causa de las dificultades

El menos­pre­cio de la pro­pia vida

Si un hom­bre somete dos ter­cios de su exis­ten­cia a un ter­cio por el que no siente nin­guna pasión, ¿cómo puede espe­rar vivir com­pleta y plenamente

Me refiero a la acti­tud de menos­pre­ciar las horas que se están fuera del tra­bajo. Durante las horas que no tra­ba­jas no eres un asa­la­riado, eres igual al que vive de ren­tas. Esta debe ser tu acti­tud. El éxito de tu vida depende de ello. Incluso el éxito de tu tra­bajo depende de un tiempo libre más pleno.

Típi­ca­mente se pierte mucho tiempo libre: en el trans­porte, por empe­ñarse en vivir lejos, en las noti­cias, cul­ti­vando la mela­con­lía al salir de tra­bajo, fumando, jugando, haciendo un uso super­fi­cial de la lite­ra­tura, la música o Inter­net para pasar el rato y, para rema­tar, dedi­car cua­renta minu­tos a resis­tirse a ir a la cama.

El can­sa­cio habi­tual no te puede jus­ti­fi­car esta pér­dida de tiempo, si luego, cuando tie­nes una cita con una mujer bonita, no esca­mo­teas nin­gún esfuerzo. Ante estí­mu­los así te olvi­das del “can­san­cio”. Lo que sugiero es que admi­tas que ese can­san­cio de la tarde suele ser una excusa

Una alter­na­tiva

Abu­rrido… es decir, muerto

Empieza por dedi­car hora y media en días alter­nos para cul­ti­var la mente. Sugiero que los divi­das en media hora por la mañana y una hora por la tarde. Recuerda que debes tra­tar­los como los más impor­tan­tes del día. Si per­se­ve­ras, pronto que­rrás pasar cua­tro tar­des a la semana qui­zás cinco para estar genui­na­mente vivo.

Pero recuerda la natu­ra­leza humana. Con­tente a seis días a la semana de tu pro­grama, y si alguna vez lo haces, con­si­dé­ralo una situa­ción extra­or­di­na­ria, es decir: no te obli­gues a pasar de seis días a la semana. Con­tente al prin­ci­pio con esos noventa minu­tos. El uso cons­ciente de esos noventa minu­tos avi­va­rán toda la semana, aña­di­rán pasión y aumen­ta­rán el inte­rés que sien­tes en todas las ocupaciones.

Ajus­tes

Si ima­gi­nas que serás capaz de dedi­car siete horas y media a la semana a un esfuero serio y con­ti­nuado y vivir tu vieja vida, estás equi­vo­cado. Algún sacri­fi­cio habrá que hacer. Y dado que el sacri­fi­cio es difí­cil, te reco­miendo un comienzo humilde. Empieza que­da­mente, sin ostentación.

Con­trol de la mente

Es posi­ble y de suma impor­tan­cia cotro­lar los pro­pios pen­sa­mien­tos. La con­cen­tra­ción es la pri­mera pie­dra de una exis­ten­cia plena. Toma el hábito de con­cen­trarte por la mañana. Elige un tema, cual­quiera y con­cén­trate. Si llega algún pen­sa­miento extraño no deses­pe­res, vuelve al asunto, así ten­gan que ser cua­renta veces. La con­cen­tra­ción no tiene más secreto que la per­se­ve­ran­cia. Aun­que la mate­ria es secun­da­ria, ya que esta­mos, te sugiero un pequeño capí­tulo de Marco Aure­lio o Epic­teto. No les ten­gas miedo a los clá­si­cos: sus obras están lle­nos de sen­tido común apli­ca­ble a cual­quier persona.

Si te sien­tes inca­paz, per­fecto, es a tí pre­ci­sa­mente a quien me dirijo.

La refle­xión

La prác­tica de la con­cen­tra­ción men­tal es una mera pre­pa­ra­ción. Luego debe­rás diri­girla, sin duda, a la más impor­tante mate­ria de estu­dio: tú mismo.

No refle­xio­na­mos sobre lo genui­na­mente impor­tante: la feli­ci­dad, la direc­ción de nues­tra vida, la razón o sin­ra­zón de nues­tros actos y sobre la rela­ción entre nues­tros prin­ci­pios y nues­tra conducta.

Alcanza la feli­ci­dad quien se da cuenta de que ésta no pro­cede de la bús­queda del pla­cer físico o men­tal sino del desa­rro­llo de la razón y de ajus­tar la con­ducta a los prin­ci­pios. Esto se con­si­gue mediante mediante el exa­men de la pro­pio con­ducta, la refle­xión sobre uno mismo y la reso­lu­ción de mejora diaria.

Para la for­ma­ción de los prin­ci­pios y la prác­tica de la con­ducta se puede tener ayuda de la letra escrita. Men­cio­naré entre otros a Marco Aure­lio, Epic­teto, Pas­cal, La Bru­yere y Emer­son. ¿Cuándo debe­ría hacerse? En la tarde, más ade­cuada a la reflexión.

Inte­rés en las artes

Muchas per­so­nas pier­den el tiempo por­que con­si­de­ran que la única alter­na­tiva al ocio super­fi­cial es la lec­tura y no les gusta leer. Esto es un gran error.

Un sim­ple con­cierto gra­tuito al aire libre puede ele­varte, aun­que no sepas nada de música, ni ten­gas oído. Pero si apren­des tan sólo un poco, tu inte­rés aumen­tará espec­ta­cu­lar­mente, cre­ce­rás en la música cuando antes sólo escu­cha­bas como un bebé fas­ci­nado por un objeto bri­llante. Para ésto basta con alguna obra intro­duc­to­ria, busca en tu biblio­teca, escu­cha Radio Clá­sica o Radio Metal, busca algún blog, mira que orga­niza tu ciu­dad, barrio, parrio­quia o pre­gunta a un músico.

Lo dicho para la música vale para todas las artes.

Nada es gris

Las artes no son lo más grande, sino darse cuenta de que todo en el uni­verso bulle con vida. Desde el vuelo noc­turno de las mari­po­sas hasta tus tareas más comu­nes todo puede mara­vi­llarte si te acos­tum­bras a pen­sar en ellos con los ojos de un cien­tí­fico. Busca a todo su causa y su efecto, su qué, su cómo y su por qué. Nada, a la mente refle­xiva, es gris.

Lec­tu­ras para crecer

Lo mejor es la poesía.

Sí, ya sé que muchos pre­fe­ri­rías dar vuel­tas a Tra­fal­gar Square ves­ti­dos con un saco, pero debo insis­tir. Si te resulta difí­cil, comienza leyendo el famoso ensayo de Haz­litt sobre la lite­ra­tura en gene­ral, o lee un haiku.

Reco­miendo “Aurora Leigh” de E.E. Brow­ning, una novela escrita en verso, que te ayu­dará a amar la poe­sía1.

Desde la poe­sía y el ensayo, un hom­bre de mediana inte­li­gen­cia, podrá tras un año de lec­tura con­ti­nua e intense atre­verse con las obras maes­tras de la his­to­ria y la filo­so­fía. A los gran­des no hay que tener miedo, por­que éstas son siem­pre increí­ble­mente lúcidas.

Tu lista de lectura

No te ofrezco una lista, sino un método:

  1. Define la direc­ción de tus esfuer­zos. Elige una mate­ria, un autor o una época.
  2. Dedica tanto tiempo a leer, como a refle­xio­nar sobre lo leído. De lo con­tra­rio, mal­gas­ta­rás tus esfuerzos.
  3. Olvida el obje­tivo final. Cén­trate en lo que lees.

Peli­gros a evitar

  1. Con­ver­tirse en un tonto pom­poso que pierde el sen­tido del humor y se siente supe­rior a los que eran como él ayer por la tarde.
  2. Atarse a un pro­grama como un esclavo a un remo
  3. Con­ver­tir el pro­grama en una broma.
  4. Obse­sio­narse con la siguiente tarea, des­cui­dando el presente.
  5. Fra­ca­sar por exi­gerse dema­siado al principio.

  1. Nota per­so­nal del tra­duc­tor: Puede ser difí­cil de encon­trar en espa­ñol, por mi parte te reco­miendo, más humil­de­mente, que te dejes de excu­sas y que leas cua­les­quiera ver­sos que te reco­miende tu librero. 

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