Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Adiós a la tienda

| 22/07/2011

Hace unos meses dejé de ir a una tienda. ¿Estaba enfa­dado? No, no es esa la expre­sión que usa­ría para des­cri­bir como me sen­tía. Es más bien desen­can­tado, como cuando te ente­ras de quie­nes son los reyes magos o des­cu­bres un truco de magia.

Veréis, suce­dió así

Es una tienda peque­ñas, de esas en la que me gusta com­prar, donde te atiende el dueño y encuen­tras géne­ros y mar­cas que están ausen­tes de los super­mer­ca­dos. Poco a poco se con­vi­ri­tió en uno de esos sitios que se hacen uno de los luga­res comu­nes de mi vida, casi una habi­ta­ción de mi casa. Gas­tar dinero, no mucho, pero sí de manera habi­tual y de tiempo un tanto más.

Un día com­pré un paquete de cerea­les, de esos de desa­yuno, de cul­tivo eco­ló­gico, bueno, cru­jiente y pro­duc­ción arte­sa­nal. Es un pro­ducto caro, en el sen­tido de que cuesta más que los de super­mer­cado, pero me gusta valo­rar otras cosas. Cuando lo com­pré estaba con­ven­cido de haber hecho bien.

Fue al comerlo cuando noté algo raro, pero no le dí impor­tan­cia. Claro que luego a mi madre y a dos per­so­nas más les pare­ció que aque­llo olía y tenía un aspecto… “raro”. No “raro” en el sen­tido de extraño, sino de “no me arriesgo a comer eso”. A pesar de mi timi­dez para seña­lar defec­tos volví a la tienda y le dije lo que pasaba con el paquete, entre­gán­do­selo. Al dueño le pare­ció nor­mal, pero me dijo que habla­ría con el distribuidor.

Dos sema­nas, tres más tarde seguía sin res­puesta. Y no, mi reac­ción no fue de enfado, el valor de un paquete de cerea­les no merece la pena. A lo mejor el dueño tenía razón en que esos cerea­les eran así y ya está, pero la sen­sa­ción de ser algo más que un com­pra­dor había des­a­pa­re­cido. Aque­llo se había con­ver­tido en una tienda más, la magia murió y pagar los cén­ti­mos de más no tiene sentido.

Ahora cuando paso por la tienda ya no me detengo a mirar, hasta se me hace tenso. Y os cuento esto por­que aun­que no ten­gáis una tienda espe­cial, sí que ten­dréis rela­cio­nes espe­cia­les. Estad aten­tos, cari­ño­sos, para que no muera la magia, qui­zás la única reac­ción que ten­gáis será el silencio.

Tér­mi­nos de búsqueda:

  • la tienda de la vida

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