Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Amor diligente

| 22/07/2011

Dile­xit Me

Esta frase domi­naba la capi­lla de mi semi­na­rio. Para quien ande flojo en latín, dile­xit me, sig­ni­fica me amó. La cita es de San Pablo (extraída de Gála­tas 2:20), pero es apli­ca­ble a toda per­sona. En este caso, se refiere a que fue Dios quien me amó pri­mero. Ésta es la razón del cris­tiano y, sin­gu­lar­mente, la razón de quien aspira al sacerdocio.

Dile­xit -> Diligencia

El amor no es un mero sen­ti­miento, es tam­bién un pen­sa­miento y un hacer. La dili­gen­cia requiere cui­dado, esmero y esos son fru­tos de una mente cen­trada en lo que está haciendo. Amar tu tra­bajo es cen­trarte en él. ¿Qué cómo se puede amar el tra­bajo? Amando a las per­so­nas a que ese tra­bajo sirve, aun­que sea sólo a tí mismo. Todo tra­bajo hon­rado, con­viene recor­darlo, sirve a alguien.

La dili­gen­cia que pongo en mi blog es dili­gen­cia que pongo en mis lec­to­res. La dili­gen­cia que pongo en mi tra­bajo, más allá de lo nece­sa­rio para cobrar a fin de mes, es la medida de lo que amo a mi país.

El peli­gro de los valores

Es fácil per­der el norte con los obje­ti­vos que nos pro­po­ne­mos. Homo Mini­mus en su exce­lente Valo­res vs Obje­ti­vos lo ha dejado muy claro. Y es que un obje­tivo no es sino un qué-hacer, pero nunca un por-qué-hacer. Este por-qué hacer son los valores.

Pero los valo­res tam­bién tie­nen un peli­gro. Tachán.

Sí, he dicho que los valo­res tam­bién tie­nen un peli­gro. Este peli­gro es que son una cosa, y por tanto mani­pu­la­bles a nues­tro antojo. Es fácil con­ver­tir nues­tros valo­res en herra­mien­tas para tapar los agu­je­ros de nues­tro ins­cons­ciente. Todos tene­mos valo­res, hasta los nazis tenían valo­res, el pro­blema es que esta­ban radi­cal­mente des­or­de­na­dos de forma que todo, hasta la vida de pue­blos ente­ros incluído el ale­mán, se subor­di­naba al roman­ti­cismo de una his­to­ria ale­mana vista como una épica.

Es fácil hacer un mejor tra­bajo que los nazis orde­nando valo­res. Lo cierto es que esta cues­tión no está cerrada y difí­cil­mente lo estará en mucho tiempo. ¿Hasta dónde vale más la vida que la liber­tad? ¿Hasta dónde vale más comer que poder impar­tir un dis­curso? Mas­low puso las nece­si­da­des bió­lo­gi­cas como base de los valo­res supre­mos en su camino hacia la rea­li­za­ción per­so­nal. Segu­ra­mente, tiene muchí­sima razón en cuanto al cre­ci­miento de un ser humano como per­sona. Pero lo cierto es tam­bién que una vez lle­gado a cierto esca­lón de desa­rro­llo humano, se antoja anti-ético bajarse de éste en razón a la super­vi­ven­cia. Ejem­plos de quie­nes pre­fie­ren morir a matar –o incluso a menos que matar no faltan – .

Max Sche­ler, por su parte, pro­puso tam­bién una escala de valo­res, que tam­bién pre­senta pro­ble­mas a nues­tros efec­tos. El más claro de los cua­les es que es un esbozo que pre­ci­sa­ría de una ela­bo­ra­ción monu­men­tal para poder regir con ella nues­tro día a día.

Dili­gen­cia -> Excelencia

El amor bien puede tam­bién mani­pu­larse, es cierto. Pero cuando lo hace­mos, nos duele. Esa es su pequeña ven­taja frente a los valo­res. Detrás del amor siem­pre hay una per­sona, y a una per­sona la pode­mos tra­tar como un objeto, de acuerdo, pero no sin dolor.

Si por el con­tra­rio aco­ge­mos este amor como un regalo que nos supera a noso­tros mis­mos, y luego somos capa­ces de exten­der este amor a todo, tene­mos una fuente de valo­res. Tene­mos una guía imper­fecta, pre-racional, difusa, pero prác­tica para orde­nar nues­tros valo­res. Decido lle­var este blog bien por­que os amo y me gusta escri­bir; pero no a cual­quier pre­cio, sólo en la medida de que mis otros amo­res me lo permitan.

Si la exce­len­cia es fruto de la dili­gen­cia y ésta es amor, la exce­len­cia tam­bién tiene sus lími­tes. Cuando un padre — por poner el clá­sico ejem­plo — dedica horas inter­mi­na­bles al tra­bajo en bien a sus hijos, no siem­pre hace bien. No hace bien, por ejem­plo, cuando hace catorce horas al día con el único objeto de com­prar­les lujos. Tam­poco merece la pena ser el mejor escri­tor del mundo a pre­cio de ser un [cen­su­rado] o ganar un mun­dial de fút­bol hun­diéndo la eco­no­mía de la nación en el proceso.

Y en los amo­res con­viene recor­dar que tu eres una per­sona. Sí, sigue tus sue­ños, per­si­gue la exce­len­cia, pero no pagues cual­quier pre­cio, cuida que tu sueño no sea una pesa­di­lla. Que el amor, el que duele cuando lo trai­cio­nas, te guíe.

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  • esca­las de valo­res según sche­ler Maslow

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