Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Besa un sapo

| 22/07/2011

Esta es la gran lec­ción de la Bella y la Bes­tia; que algo debe amarse antes de que sea digno de amor ~ Chesterton

…Y la prin­cesa besó un sapo y se con­ver­tió en un apuesto prín­cipe. Se casa­ron, comie­ron per­di­ces y todo eso. Pero antes hubo que besar un sapo. Men­tira, no fue una prin­cesa quien besó al sapo, fue una niña del mon­tón. Es que un sapo no es algo que merezca ser besado. Le pasa como a muchas per­so­nas que son como sapos. No hay nadie que las bese, no hay quien las ame, por­que no mere­cen ser amadas.

¿Se puede besar a un dro­ga­dicto? No hablo de un amigo tuyo que haya podido caer en las dro­gas. Hablo de un des­co­no­cido. ¿Se puede hablar a un loco? ¿Y a un criminal?

Lo siento, no me he levan­tado hoy con ganas de pro­po­ner nada fácil. De lo que hablo es de la misma esen­cia del amor. No son cora­zon­ci­tos, dia­man­tes, ni bom­bo­nes, ni siquiera pro­me­sas de fide­li­dad eterna, ni tam­poco de una pasión des­bor­dante de todo lo con­mueve. Os hablo de la heroi­ci­dad del amor. De besar sapos y sapos venenosos.

Siem­pre hay sapos

Están en tu ofi­cina, y más de uno si esta es grande. No es que te cai­gan mal, es que caen mal a todo el mundo. Es el abu­són del cole­gio — o “bully” como se dice ahora mer­ced a los tra­duc­to­res gan­du­les — o el que va sal­pi­cando chis­mes y mur­mu­ra­cio­nes por todos los des­pa­chos. Sí, me refiero a ese a quien que­rrías pegarle un grito, o hacerle una fiesta de des­pe­dida y desearle mucha suerte en su nuevo tra­bajo, muy, muy lejos del tuyo.

Pues hay mon­jas que aman cri­mi­na­les. No como que­rrían los aman­tes del morbo. Sino con un cariño medi­tado y paciente, que sabe sufrir y espe­rar más allá de toda utopia.

Aun­que no seas una monja, ni ten­gas voca­ción de amar cri­mi­na­les, hay un par de cosas que pue­des apren­der de ellas:

  • Todo sapo puede con­ver­tirse en príncipe.
  • Besar a un sapo es arriesgado.
  • No hay garan­tía de éxito.
  • No basta un sólo beso. Hace falta ser paciente.
  • Amar es decir la ver­dad, sin maldecir.
  • Tam­bién hay un sapo den­tro de tí.
  • La única espe­ranza del sapo es tu amor.

Como ter­mina la historia

La prin­cesa no besó al sapo. Lo que pasó en reali­dad fue que cuando la niña ven­ció su miedo y besó al sapo se con­vir­tió en una prin­cesa. Y el niño cuando besó a la rana se con­vir­tió tam­bién en un prín­cipe. Y es que ambos tenían algo de sapo.

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