Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Cómo fabricar a tu familia 1/4

| 27/01/2012
Centro de la Vía Láctea

CC NASA

Hola, aquí comienza el borra­dor de una his­to­ria de cien­cia fic­ción de lite­ra­tura juve­nil que trata de algo más que hasta donde puede lle­gar una civi­li­za­ción extra­te­rres­tre para sobre­vi­vir. No, no va de inva­sión marciana.

A mis com­pa­ñe­ras de tra­bajo, por soportarme

Explo­ra­dor 3

Explo­ra­dor 3, posado sobre la nariz de pie­dra del fun­da­dor del cole­gio tenía sus sen­so­res fijos en Objetivo7, un chico tan nor­mal que pare­cía invi­si­ble. Obje­tivo 7 jugaba entre el cen­tro y la defensa con los ojos pues­tos en los delan­te­ros de 2º de la ESO, B, incluido el bes­tia de quince años que ten­día a con­fun­dir cabe­zas con balones.

Explo­ra­dor 3 había trans­mi­tido sus des­cu­bri­mien­tos a Madre 4.7 durante las últi­mas cinco sema­nas y cono­cía sus movi­mien­tos. Sabía que en cuanto sonara la sirena el chico se pon­dría en la fila del auto­bús; era vier­nes tarde y tocaba regre­sar a casa para el fin de semana. El robot reci­bió de Madre 2 las órde­nes pre­ci­sas para infil­trarse en un bol­si­llo late­ral de la mochila de Juan, que el niño no usaba desde que se rom­piera la cre­ma­llera. Allí se des­co­nectó para evi­tar ser detectado.

Noche

Explo­ra­dor 3 había matado una cuca­ra­cha con­forme a su pro­gra­ma­ción de defensa. La des­carga eléc­trica había ago­tado su bate­ría y se arras­traba a escon­derse bajo el arco que for­ma­ban las depor­ti­vas aban­do­na­das de Juan. El modo de aho­rro de ener­gía no le per­mi­tió ace­le­rar cuando sus sen­so­res cap­ta­ron el sonido mecá­nico de una cerra­dura. Se abrió una puerta. Explo­ra­dor no podía saber que era la prin­ci­pal por ser la pri­mera vez que se infil­traba en la casa de Obje­tivo 7. Siguió el ruido del metal con­tra la madera, un sus­piro, pasos, encen­dido y apa­gado de inte­rrup­to­res, más pasos, cada vez más cerca. Explo­ra­dor 3 había ocu­pado su posi­ción y soli­citó per­miso para des­co­nec­tarse pero sus ante­nas reci­bie­ron la orden de Madre 4.7 de seguir observando.

Una mujer con pin­tas de cama­rera abrió la puerta y encen­dió la luz. Sus ojos can­sa­dos se fija­ron pri­mero en Obje­tivo 7 que yacía cubierto hasta las rodi­llas por el edre­dón. Se sentó junto al chico sin des­cu­brir al insecto par­tido en dos junto a sus pies, ni tam­poco al minúsculo robot que la obser­vaba, y ter­minó de arro­parlo. Iba a levan­tarse cuando reparó en un docu­mento apo­yado junto al flexo de la mesi­lla de noche:

–Cien­cias natu­ra­les: Bien:6

–Cien­cias socia­les: Sobresaliente:9

–Edu­ca­ción Plás­tica: Notable:8

–Edu­ca­ción física: Bien:6

–L. Cas­te­llana y Lite­ra­tura: Bien:6

–Inglés: Bien:6

–Mate­má­ti­cas: Sobresaliente:9

–Infor­má­tica: Notable:8

–Reli­gión: Notable:8

–Fran­cés: Suficiente:5

La mujer lo firmó y aña­dió una pequeña carita son­riente, casi invi­si­ble y se des­pi­dió con la mano, un segundo antes de apa­gar la luz y salir. Explo­ra­dor 3 asignó a la mujer el código Objetivo-7.35 y trans­mi­tió el vídeo.

Amigo 5

Cons­truc­tor 3 había dado a Amigo 5 una apa­rien­cia basada en los Obje­ti­vos 7.12 y 7.9 con un tim­bre de voz basado en Obje­tivo 7.6 pero con el toque mas­cu­lino de 7.8. La idea era con­se­guir que Obje­tivo 7 acep­tara la apro­xi­ma­ción de Amigo 5 y se mos­trara recep­tivo a su men­saje. Madre 4.7 había des­car­tado la posi­bi­li­dad de ins­cri­bir a Amigo 5 en el mismo cole­gio que Obje­tivo 7. Aun­que esta apro­xi­ma­ción hubiera sido ideal, supo­nía exce­si­vas com­pli­ca­cio­nes. Por eso resul­taba más sen­ci­llo, aun­que lento apro­ve­char las tar­des de los sábados.

Amigo 5 cono­cía por Explo­ra­dor 3, ahora disol­vién­dose en sus pro­pios ácidos, que Obje­tivo 7 solía pasar las tar­des de los sába­dos en la Biblio­teca Gene­ral de la Uni­ver­si­dad. Ahí es donde Explo­ra­dor 2 le había encon­trado por pri­mera vez. Amigo 5 pasó por recep­ción ense­ñando su car­net de iden­ti­dad falso. Las nor­mas de esa Biblio­teca Uni­ver­si­ta­ria no impe­dían la entrada a meno­res de edad y de hecho algu­nos de los hijos del per­so­nal hacían sus debe­res allí. Amigo 5 fue a la sala de lec­tura del ter­cer piso y se diri­gió direc­ta­mente al rin­cón donde Obje­tivo 7, sen­tado en el suelo, jugaba con su nin­tendo; los auri­cu­la­res cla­va­dos en sus oídos. El mucha­cho ape­nas alzó los ojos un momento y juz­gando que Amigo 5 no era una ame­naza vol­vió al juego. El robot tomó “La estruc­tura de las Revo­lu­cio­nes Cien­tí­fi­cas” de uno de las estan­te­rías y se puso a leerlo con todo el inte­rés que pudo fingir.

Media hora más tarde, Obje­tivo 7 se levantó y se diri­gió a Obje­tivo cinco con su nintendo.

–Hola, ¿te la presto?

Amigo 5 son­rió y se puso inme­dia­ta­mente a des­cu­brir como fun­cio­naba el apa­rato. Mien­tras, Obje­tivo 7 fue a un extremo de la estan­te­ría, donde había escon­dido “Intro­duc­ción al Sis­tema Solar” lo abrió por donde había puesto un abono de auto­bús gas­tado y se sentó junto a Amigo 5.

–Eres muy malo –le dijo.

–Nunca he tenido una de estas cosas.

–Ya se nota. Si te gusta te digo donde ven­den uno barato.

–Gra­cias

Una voz dis­tante les mandó callar

El polí­gono de la Mala Suerte

Amigo 5 y Obje­tivo 7 habían salido jun­tos de la biblio­teca. El auto­bús lle­gaba con las luces encen­di­das, casi vacío.

–¿Te vas?

–No, –res­pon­dió Obje­tivo 7, –andando tardo menos.

–¿Puedo ir contigo?

–Vale.

Sin decir nada más, cru­za­ron la calle y sal­ta­ron por encima de un seto, inter­nán­dose en uno de los jar­di­nes. –Por aquí es más cerca.

Siguie­ron entre cami­nando y corriendo un rato, sor­teando árbo­les y una pareja de enamo­ra­dos hasta lle­gar a una verja con un agu­jero medio escon­dido tras un bre­zal. Pasa­ron ras­cán­dose la espalda y cru­za­ron una auto­vía por un paso elevado.

–Ahora tene­mos que dar­nos prisa de verdad.

Corrie­ron a tra­vés de las calles del Polí­gono de la Mala Suerte. Tenía ese nom­bre desde que cerra­ron las dos fábri­cas que se ins­ta­la­ron a él, y que decaían entre borra­chos, basura y ratas. Tras el fra­caso, los téc­ni­cos del ayun­ta­miento levan­ta­ron un pro­yecto de pisos pobres a los que varias capas de corrup­ción habían empo­bre­cido aún más. El Polí­gono de la Mala Suerte se des­cri­bía como una suce­sión de muros gri­ses, ven­ta­nas rotas, jóve­nes habi­tua­les de los cala­bo­zos y ado­qui­nes suel­tos. Obje­tivo 7 no ami­noró el paso hasta lle­gar a su portal.

–Bueno, ya estoy en casa.

–Sí, ¿te vas?

–Sí, ¿tú a dónde vas?

–A mi casa

–Ya, pero ¿dónde está?

–En… por ahí, a tres kilómetros.

Obje­tivo 7 se rascó la cabeza. –Vale, pues pilla el auto­bús. Es mejor, más seguro. El 3 te irá bien.

–Gra­cias. Por cierto, ¿cómo te llamas?

–Juan, ¿y tú?

–Gumer­sindo, es que mis padres son un poco raros. –En reali­dad Madre 4.7 que­ría ase­gu­rarse que Obje­tivo 7 recor­dara bien a Amigo 5. –Pero todos me lla­man Gumer, es más corto.

Siguie­ron char­lando un poco más hasta que se dije­ron adiós. Madre 4.7 valoró el resul­tado de esta misión con un sobresaliente.

Los tres sába­dos siguien­tes Juan y Gumer se vol­vie­ron a encon­trar en la Biblio­teca, aun­que allí sólo empe­za­ban sus aven­tu­ras. Ense­guida se metían en un auto­bús para jun­tarse a leer man­gas en la tienda de rol y fri­kis­mos varios y jugar gra­tis al Tra­ve­ller hasta que se abu­rrían y se levan­ta­ban de la mesa, dejando al más­ter, un uni­ver­si­ta­rio de veinte y muchos, con cara de esto me pasa por jugar con munchkins.

El cuarto sábado Amigo 5 reci­bió auto­ri­za­ción de Madre 4.7 para avan­zar la misión.

–¿Vamos a mi casa?

–¿A tu casa? No sé, es un poco tarde.

–Te pue­des que­dar a cenar y a dor­mir tam­bién, si quie­res. A mi madre le va bien, hasta quiere conocerte.

–Pero mi madre, no sé, y toda­vía no he hecho los deberes.

–Te los lle­vas, los pue­des hacer en mi casa, lla­mas a tu madre, a lo mejor te da permiso.

–Es que sólo la he visto un rato por la mañana y mañana sólo la veré un rato por la tarde, antes de vol­ver al cole­gio y luego hasta el viernes.

–El cole­gio interno es mala suerte.

–Sí.

–Pero, ¡mira!, pode­mos vol­ver antes de las doce de mañana.

–Con­ti­nuará–

Tér­mi­nos de búsqueda:

  • que es explorador3

Comparte en Twitter | Facebook