Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Cocina para cuatro

| 09/01/2012

CC Steh­pa­nie Kilgast

Coci­nar para uno mismo es un disparate.

Me refiero a que uno se levanta con el tiempo justo para tra­ba­jar y vuelve a casa siem­pre algo tarde. Lo lógico es que uno se sienta perezoso.

Toda­vía si uno tiene más bocas que ali­men­tar te espa­bi­las un poco; espe­cial­mente si esas bocas son peque­ñas, fero­ces y te tie­nen pillado el corazoncito.

Pero si vives solo o sola, lo fácil es lan­zarse al sofá, bien pro­vis­tos de un arse­nal sui­cida de comida basura. Con el tiempo aca­ba­rás más pere­zoso, gordo en un cin­cuenta por ciento de los casos (en el otro cin­cuenta, gorda) y con remordimientos.

¿Mi solu­ción? Cocí­nate para cuatro.

Por­que:

  1. Tar­das casi lo mismo. Hay que bus­car los ingre­dien­tes, cor­tar­los y mez­clar­los; pre­pa­rar el horno, la sal, los con­di­men­tos; segu­ra­mente echarle un vis­tazo a la receta. ¿Acaso se tarda más en com­prar un kilo que dos? Los tiem­pos de coc­ción aumen­tan un poco con el tamaño de la receta, cierto, pero no sig­ni­fi­ca­ti­va­mente. (Sobre todo si usas una olla a presión).
  2. No es efi­ciente, por tanto, coci­nar para una per­sona sola.
  3. Hay pocos libros de rece­tas escri­tos para una sola per­sona (Adap­tar­las es com­pli­cado, si una receta para cua­tro per­so­nas incluye un huevo ¿qué se hace con un cuarto de huevo? Ade­más muchas veces los elec­tro­do­més­ti­cos nece­si­tan una can­ti­dad mínima de pro­ducto para tra­ba­jar bien).

Una reve­la­ción: el congelador

Y esa reve­la­ción de des­cu­brir el medi­te­rrá­neo es que pue­des con­ge­lar tu comida ya coci­nada. Y esta es la idea: pue­des coci­nar una vez y comer cua­tro veces, sin merma de tu salud ni de tu autoestima.

Algu­nos consejos

  1. Con­gela en por­cio­nes equi­va­len­tes a un plato. Pilla lo que te sir­ves nor­mal­mente; lo pones en uno de esos reci­pien­tes de plás­tico con cie­rre de segu­ri­dad. (Vamos un tup­per). Nada más. Los reci­pien­tes peque­ños ocu­pan poco espa­cio, se orga­ni­zan mejor en el con­ge­la­dor y des­con­ge­lan más rápido. Ade­más, poniendo justo lo que vas a comer te garan­ti­zas que no vas a comer de más, luego.
  2. El gaz­pa­cho. (Esto es para el verano) Incluso los que se com­pran son una buena opción, pero si hay que pre­parse pues nada una bati­dora y ade­lante. Tar­das lo que el micro­on­das en calen­tar el tupper.
  3. Una lista de com­pras están­dard. Man­tén una lista de lo que com­pras nor­mal­mente y vete can­ce­lando a lápiz según com­pras. Si no sabes muy bien repasa las fac­tu­ras del super­mer­cado o pre­gunta a tu madre o a esa señora del quinto, ama de casa de profesión.
  4. Hazte amigo / amiga de esa señora del quinto. En serio, y del car­ni­cero y de ese chico que tra­baja en un res­tau­rante; ya verás todos los tru­cos que sacas. (O direc­ta­mente comida, vale no lo que­ría decir, pero es verdad).
  5. Cocina en lotes. Hay quien reco­mienda coci­nar un día entero para todo el mes, pero a mí eso me parece exa­ge­rado, ade­más de que nece­si­tas un con­ge­la­dor gigante, con pre­cio y con­sumo eléc­trico gigante. Pero si coci­nas un día para cua­tro veces, en poco tiempo ten­drás un ver­da­dero menú listo en tu con­ge­la­dor, para com­bi­nar según desees. Y sí, muchos días no ten­drás que cocinar.
  6. Ten el hábito de abrir el con­ge­la­dor a pri­mera hora. Escoge lo que te come­rás y sácalo para que te espere decon­ge­lán­dose. (Sí, los micro­on­das des­con­ge­las, pero a mí me gusta más el método tradicional).
  7. Pre­pá­rate tus pro­pias ensa­la­das. Las ven­den hechas, sí, pero a pre­cios no aptos para cri­sis, ni nin­gún otro tiempo. Una ensa­lada se pre­para tán rápido que no merece la pena el coste extra. ¡Ah!, y cui­dado con las sal­sas, según los ingre­dien­tes pue­den con­ver­tir a tu ensa­lada en una bomba de calorías.
  8. Una salsa de ensa­lada rápida que a mí me gusta. Yogurt + Menta (Hier­bahuerto) y/o otra espe­cia como comino+ Batidora.
  9. Pre­pá­rate tus pro­pios zumos. (Y cui­dado con lo que viene en tetra­bri­cks, los hay que engor­dan más que un refresco).
  10. Lee las eti­que­tas. (Anun­cios hablar con len­gua de ser­piente) No es salu­da­ble sólo por­que se llame “Salu­dín Salu­dón te da salud un mon­tón” –pro­ducto que espero no exista-. Lee la letra pequeña. Te sor­pren­derá los líqui­dos anaran­ja­dos que algu­nos empre­sa­rios lla­man, y cito, “puro zumo de naranja”.

En resu­men,

  • Renun­cia a la cocina basura.
  • Saca el máximo pro­ve­cho a tu escaso tiempo.
  • Orga­niza bien tu congelador.
  • Cocina por lotes.

Tér­mi­nos de búsqueda:

  • coci­nar para cuatros
  • res­tau­rante con­sumo elec­trico congelador

Comparte en Twitter | Facebook