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Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Como alcanzar la excelencia

| 21/07/2011 G+ | twitter | facebook

Tad Wad­ding­ton me ha dejado impre­sio­nado con su “Dejando Hue­lla”. El libro, es una pro­funda refle­xión orien­tada a la prác­tica para orien­tar nues­tra vida.

Tad William es una rara com­bi­na­ción de pen­sa­miento prác­tico y filo­só­fico (es espe­cia­lista en reli­gio­nes orien­ta­les y doc­tor en aná­li­sis esta­dís­tico) y se nota. A lo largo del libro toma ins­pi­ra­ción de filo­so­fía occi­den­tal y orien­tal, clá­sica y con­tem­po­rá­nea, para armar un esquema sólido con el que encon­trar pri­mero e imple­men­tar des­pués pro­yec­tos dig­nos de una vida humana.

Si la cul­tura del esfuerzo os dice algo, si pre­ten­déis algo más que ir vege­tando los días de vues­tra vida, si tenéis más hori­zonte que el pla­cer y dar una ima­gen vacía de éxito, Dejando Hue­lla os encan­tará. Al menos, me gusta pen­sar que por eso me ha encan­tado a mí.

¿Cual es la idea principal?

Hace unos 2300 años Aris­tó­te­les señaló la con­ve­nien­cia de pen­sar en cua­tro causas:”

  1. Causa Mate­rial, o de que está hecha una cosa.
  2. Causa Efi­ciente, o como esta hecho una cosa.
  3. Causa For­mal, que es una cosa.
  4. Causa Final o para que se hace una cosa.

Para Tad la Causa Efi­ciente viene a ser algo así como la pro­duc­ti­vi­dad. Aque­llos de uste­des que ya domi­nen GTD o un método equi­va­lente ya tie­nen bases sóli­das en esta causa. Sólo que para Tad, para hacer una con­tri­bu­ción dura­dera en el mundo, hace falta seguir una estra­te­gia de “Selec­ción K”. Esto es, inver­tir mucho esfuerzo y dedi­ca­ción en unos pocos pro­yec­tos fun­da­men­ta­les. “La acción efi­caz en un mundo com­plejo requiere una acción con­si­de­rada, es decir, saber cuando y como empren­der una acción y cuando no”.

La Causa Mate­rial son los recur­sos con los que dis­po­ne­mos. Y para Tad Wad­ding­ton estos vie­nen a ser tres, que en reali­dad se resu­men en uno: Per­cep­ción, Des­treza y Maes­tría. La Per­cep­ción es vital por­que nos per­mite ver el mundo tal cual es y actuar en con­se­cuen­cia, tal como el cin­tu­rón negro es capaz de anti­ci­parse a los movi­mien­tos del adver­sa­rio. Pero esa per­cep­ción exige maes­tría y Tad Wad­ding­ton no habla de una maes­tría básica, sino más bien del Areté griego, del muga japo­nés: “un estado de des­treza en el que no hay nin­guna dife­ren­cia, ni siquiera del gro­sor de un cabe­llo entre la volun­tad del hom­bre y su acción”.

No sé si los gran­des pin­to­res clá­si­cos alcan­za­ron el muga. Segu­ra­mente no, por­que uno siem­pre se pide más. Pero el truco es que basta alcan­zar este nivel en una acción muy sim­ple, como dibu­jar una línea recta. Una vez con­se­guido este triunfo, la creen­cia japo­nesa es que esta con­fianza fun­da­men­tal se trans­mite a todas las áreas de nues­tra vida.

La Causa For­mal viene a ser el ante­pro­yecto, el esquema que hemos de seguir, el mapa de carre­te­ras que va desde nues­tros valo­res a los resultados.

Por último la Causa Final se refiere a esos valo­res y sólo podre­mos hacer una con­tri­bu­ción dura­dera a la huma­ni­dad desde los valo­res supe­rio­res. Son estos los que nos con­fie­ren fuerza y deter­mi­na­ción para empren­der y cul­mi­nar una tarea sig­ni­fi­ca­tiva. Quien escriba una novela sólo por escri­birla, lo lógico es que jamás la termine.

¿Así de fácil?

Tad Wad­ding­ton es lo sufi­cien­te­mente honesto como para dedi­car dos capí­tu­los a los pro­ble­mas teó­ri­cos y empí­ri­cos que pre­senta su tesis. No se refuta a sí mismo, como es natu­ral, pero sí alerta de las posi­bles pie­dras que hay en el camino entre el libro y las realidades.

De entre estas me voy a que­dar con dos. Pri­mera, que para maxi­mi­zar los efec­tos hay que repar­tir los esfuer­zos a par­tes seme­jan­tes entre las cua­tro cau­sas. En otras pala­bras un esfuerzo sobre­hu­mano de tra­bajo (causa efi­ciente) puede com­pen­sar nues­tros defec­tos de maes­tría o dones artís­ti­cos (causa mate­rial) pero no va alcan­zar el mismo resul­tado que una dis­tri­bu­ción más equi­li­brada entre maes­tría y trabajo.

La segunda que la teo­ría de las cua­tro cau­sas no des­cribe el mundo sino que es una herra­mienta para la acción.

¿Sólo para genios?

Pues sor­prén­dase, la per­sona que apa­rece más veces citada como ejem­plo es una enfer­mera Bryan que se acaba jubi­lando sin acce­der a un ascenso. De medios y for­ma­ción limi­tada, la enfer­mera es capaz de hacer una con­tri­bu­ción dura­dera al hos­pi­tal a tra­vés de un sen­ci­llo con­trol de cali­dad: la regla de la enfer­mera Bryan: ¿Esta­mos segu­ros de que hace­mos lo mejor para los pacien­tes? El genio está en apli­car esta regla de forma sis­te­má­tica a todo lo que se hace en un hospital.

No lo dice Tad, pero es evi­dente que a más for­ma­ción, más impacto hubiera logrado la enfer­mera Bryan. Pero su devo­ción a los pacien­tes, moti­vada por valo­res pro­fun­das y una maes­tría en las tareas que tenía enco­men­da­das, junto con una espe­cial sen­si­bi­li­dad, fue­ron suficientes.

Nota Per­so­nal: Me pre­gunto si la enfer­mera Bryan era en reali­dad grande, sólo que como lo era en habi­li­da­des “de mujer”, pare­cían “menos importantes”.

Ade­más siem­pre nos que­dará la regla Knickerboncker.

Para alcan­zar la areté lite­ra­ria colo­que el tra­sero en la silla y empiece a escribir”.

Una reco­men­da­ción.

Por favor, lee­ros este libro. Ya ha dema­siado gente ins­ta­lada en la medio­cri­dad, gente que no quiere hacer nada en la vida, gente cuyo solo hori­zonte es el fin de semana, el cen­tro comer­cial y pre­su­mir de viajes.

Nos toca a con­tri­buir al mundo, por­que somos muy pocas per­so­nas las que de ver­dad que­re­mos. Y quien de ver­dad quiere acaba encon­trando una manera. A saber la de cien­tos de per­so­nas que, sin saberlo, han vivido gra­cias a la regla de la enfer­mera Bryan.

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