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Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

El mármol que temía ser una estatua

| 23/07/2011 G+ | twitter | facebook

—Don Ganiro, ¿por qué está la gente tan rara con­migo? —Don Ganiro y Elei­son recién habían aca­bado la ora­ción nocturna.

—¿Rara?

—Sí, rara, en la fiesta, me quiero decir. Es que… es que me parece que yo se les hacía un santo.

Don Ganiro sus­piró — Ah, eso no es raro, eso es lo que quieren.

—¿Qué yo sea santo?

—Que tú o cual­quiera, Elei­son. Eso les da lo mismo. Nece­si­tan san­tos como el res­pi­rar, aun­que no lo quie­ran reco­no­cer. Verás todo el mundo desea ser santo, ¿cono­ces el cuento del mármol?

—No

—Bueno, es largo, pero va más o menos así. Hay una pie­dra, un blo­que gigante de már­mol y un escul­tor. Y a la roca le gus­ta­ría con­ver­tirse en la mejora obra maes­tra del escul­tor pero, a la vez, tiene miedo de dejar de ser un blo­que de már­mol. ¿Y sabes lo que pasa al final?

—No

—Pues que el escul­tor hace su obra maes­tra y el blo­que de már­mol sigue siendo de már­mol. Así tam­bién es la santidad.

Más allá

El texto ante­rior es un frag­mento del borra­dor de una novela que estoy escri­biendo revi­sando. Va de un chico que quiere hacerse Pala­dín1 en un mundo de baja fan­ta­sía2 muy pare­cido al nues­tro. Y aun­que en este caso me ocupo de la san­ti­dad, en reali­dad puede apli­carse a cual­quier cosa que merezca la pena en la vida.

Se me dirá que hay diver­si­dad de voca­cio­nes. Que el depor­tista puede no que­rer ser coci­nero y al coci­nero le puede gus­tar la música sin por ello que­rer ser can­tante. Muy bien, nada que obje­tar. A lo que me refiero es que

nadie tiene la voca­ción de ser mediocre

La medio­cri­dad es el refu­gio del miedo. Sucede por ejem­plo que, de niños, com­pa­ra­mos nues­tros esfuer­zos con otros niños y resulta que hay algu­nos que son mejo­res que noso­tros. Puede que toda la clase. Y ante la frus­tra­ción de no poder entrar en el equipo de fút­bol, nos con­for­ma­mos con no ser muy malos. Para esto no hace falta esfor­zarse tanto.

No sé por que, ni como, pero con el tiempo ese tipo de acti­tud — que en mate­rias con­cre­tas puede ser sana, se acaba con­vier­tiendo en el eje cen­tral de la vida, de per­so­nas que cami­nan como medio derro­ta­das por el mundo. Com­pa­rar eso con la inmensa ale­gría infan­til de que­rer siem­pre mejo­rar, apren­der y cre­cer da, por usar la expre­sión anda­luza, mucha lástima.

¿Tie­nes que ser el mejor?

Falso. La alter­na­tiva no es o ser el mejor o ser un medio­cre. Tal dis­yun­tiva absurda tiene el olor a azu­fre de la segunda puerta a la izquierda del quinto nivel del infierno, ni siquiera de lle­gar a tu meta mara­vi­llosa de supera­ción per­so­nal, a tu peso per­fecto ni zaran­da­jas de ese estilo.

Sólo una cosa:

Man­te­ner esas ganas ale­gres y gozo­sas por mejo­rar, apren­der y cre­cer. Todo lo demás, ven­drá por añadidura.


  1. Algo así como una mez­cla entre monje, médico y caba­llero andante 

  2. Alta fan­ta­sía: De camino al cole­gio pasas por la tienda de magia donde por 1,50 € te com­pras una poción mágica. Baja fan­ta­sía: En algún lugar, al oeste hay una flor que, si la encuen­tras te lle­vará al amor ver­da­dero. 

Tér­mi­nos de búsqueda:

  • ¿por­que la gente es rara conmigo
  • el mar­mol mas bueno del mundo ??que mar­mol es ?
  • escul­tor de roca a obra maestra

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