Sabia Vida Lo esencial es suficiente

Hagamos lo que somos. Si somos amor, amemos. Si somos cristianos, hagamos Cristo. Si estamos heridos, curemos. Si nos falta, ¿qué nos falta?, solo lo olvidado.Sigue...

Cesta coreana

Paseaba bajo una fina lluvia de mayo, de las que parece que algunas briznas de aire juegan a ser de agua; de esa clase que, —si no fuera por las nubes—, pareciera mágica. Y eso es todo. Sorprende lo poco. Las pequeñas bellezas alimentan la felicidad porque lo esencial está bien.

Confundimos la perfección con el adorno. Dios, sin embargo, no se edificó ningún castillo en la tierra. Si acaso tuvo un pesebre y hasta eso fue prestado. Por otro lado nos sentimos débiles y como niños buscamos el reconocimiento, considerando que la opinión de los otros determinará si estamos haciendo bien; sin pensar que el reconocimiento solo significa que a algunos le ha gustado lo que hacemos.

Solo necesitamos lo esencial

Hagamos lo que somos. Si somos amor, amemos. Si somos cristianos, hagamos Cristo. Si estamos heridos, curemos. Si nos falta, ¿qué nos falta? Solo lo olvidado. Lo difícil de ser feliz es que para alcanzar la felicidad no hace falta ir a ningún lado. Felicidad está en ninguna parte, es una elfa juguetona, que gusta burlarse de todos. Si Victoria es infiel, Felicidad no da más de un beso.

La alegría corre, casi diría que vuela
San Isidoro de Sevilla Etymologiarum, traducción libre

Pero la Sabiduría es distinta, siempre está con nosotros y nos da la oportunidad de estar alegres. No la vemos porque la llevamos escondida, por ahí, bajo un revoltillo de miles de miedos y ambiciones. A estos miedos y ambiciones los tratamos de contentar con objetos y proyectos, con por-si-acasos de mil clases distintas. ¿Y qué es lo único que puede pasar? Que esos miedos y ambiciones engorden a base de los sacrificios que les hacemos. Nace así el apego por las cosas que ya tenemos y la necesidad de acumular más cosas, más seguridades, ahogando la alegría en las tristezas que con tanto esfuerzo y esclavitud nos construimos.

Baldes de mimbre

Todo tiene causa en querer congelar el momento de un gozo. Un bello amanecer, el nacimiento de un niño, ganar el partido, aprobar, llegar el primero, recibir cosquillitas, escuchar un cuento, pintar y saltar en los charcos. Todos estos momentos son verbos, son acciones, y lo son porque fluyen en el tiempo. Tienen sentido precisamente por tener final y principio. Son agua; su ser es fluir con el tiempo. Al tratar de atraparlas las trocamos por caricaturas que nunca satisfacen porque son solo sombras de nada.

No puedo atrapar el prado de nubes de mi haiku, ni las caricias del viento en mi frente, ni ver la grieta en las nubes que mostraba un trozo de cielo. Todo eso se fue en un instante, y la poesía puede evocarlas, pero no debe aferrarme a ese momento, sino permitirme crear algo parecido y darme el tiempo que no tuve, para sacarle toda su enjundia.

Y, al mismo tiempo, hay tres millones de paisajes. Cada segundo entre las nubes se abre algún río de cielo, la lluvia cae, o acaso es la nieve, y también el musgo dibuja universos sobre las piedras. Hay un niño que ríe, otro que canta y hasta en las tristezas hayamos motivo para la más noble de las alegrías, la que acompaña, inseparable, a la verdadera compasión. En todo esto, lo esencial, se encuentra la alegría, perfecta, con tal que no añadamos nada.

Lo esencial es lo perfecto

La parte difícil es que lo esencial es también lo perfecto, y como tal, imposible de alcanzar; porque el camino a la perfección es infinito. Al leer el título de este artículo se puede pensar que promulgo una vida relajada y sin preocupaciones. Sí, pero no sin trabajo y ocupación por eso quiero aclararlo inmediatamente: nada más difícil que alcanzar lo esencial y, sin embargo, con ello basta para la vida. Las dificultades están ocultas por nuestras propias dispersiones, por nuestra despreocupación por encontrar lo más importante de nuestra vida, nuestra renuencia, incluso miedo, a buscar nuestro camino para, abandonando todo lo demás, seguirlo. En otras palabras no sabemos exactamente qué es lo esencial y siendo así nos cuenta encontrarlo; nos sabemos atados a nuestras distracciones y, aún así, nos entregamos a sus mentiras.

Ganar el norte, aún sabiendo cuál es el norte, ya es suficientemente difícil, pero es que aquí no tenemos mapa precisos. Yo, que no sé cuál es mi perfección, qué es lo esencial para ti, ¿cómo puedo guiarte en tu perfección? ¿cómo puedo decirte qué es lo esencial para ti? ¿Cómo puede ayudarte nadie? De muchas maneras.

Primero, lo evidente

Supongamos un señor que trabajara cien horas a la semana. ¿Perderíamos el tiempo discuntiendo sobre la duración de la jornada laboral perfecta? ¿Hablaríamos de si depende de esto o de esto otro? ¿Discutiríamos sobre la conciliación familiar y la igualdad de género? O, para empezar, ¿no bastaría con recomendar algo de descanso? Hablemos de una jefa cuyo ejercicio se limite a caminar del sillón al coche y del coche al aula. ¿De verdad merecería la pena estudiar si le vendría mejor correr los viernes o los lunes? ¿Si sería mejor nadar? Gente, vivimos en el consumismo y la exaltación de la riqueza y lo superficial. Nos hemos pasado la vida suspendiendo diariamente en sabiduría y queremos ahora sacar un diez en cada examen. Basta de tonterías, Empecemos por hacer lo evidente.

Brotes de sabiduría

Por todas partes brota la Sabiduría. Basta con saber mirar con ojos de poeta, o, de no poder ser, al menos de aprendiz. Sí, nadie es prefecto, pero todos tienen perfecciones, gemas de alma, momentos bellos, todos actúan en determinado momento como faros y maestros. No intentes tampoco atraparlos, ni siquiera esas partes; no quieres, no puedes, no debes ser como ellos, pero sí te sirven para meditar y tener una pista más en el mapa de la Sabiduría. Sí, ahí, están esos momentos que te irán desvelando tu propia perfección: prácticalos, prueba, experimenta, fracasa, cae, levántate y aprende, siempre guiado por esos momentos de bondad, por esos brotes de sabiduría. Sal al mundo, lee, escucha, abre el corazón, sufre, si sufrir es necesario, cúrate y avanza.

Despeja el camino

El tercer elemento es despejar el camino a la Sabiduría. ¿Qué te hace triste? ¿Qué te angustia? Eso que quieres, ¿de verdad merece tus esfuerzos? Eso que perdiste, ¿era en realidad pérdida o grasa que sobraba? Empieza por las cosas físicas, lo que nunca usas, sigue por los hábitos nocivos, continúa con los compromisos a los que nunca debiste comprometerte. Abandona todo eso, borra, anula tus suscripciones, desátate, recupera al libertad de contemplar el cielo, este cielo, el cielo de ahora, sea azul o gris, o la noche más oscura, porque lo de ahora es lo único que existe; lo demás son recuerdos y pesares.

Recuerda lo perdido

Entre esos pesares están todo lo que pierdes por no buscar la sabiduría. En palabras sencillas: comes mil chuscos de pan duro y no te queda hambre ni para una miga del fresco. O escribes esas novelas que quieren leer, pero nunca la quieres escribir. Dices lo que quieren oír y nunca lo que te gustaría contar. No escuchas con atención a lo importante, no miras, no descubres, no disfrutas sino de lo que es pasajero, superficial y vacío. Y cada día que haces eso es día que mueres. No, no estoy diciendo que tu vida tenga que ser la del ideal de un monje; mejor dicho, la de un monje de tebeo, siempre meditando y rezando, sin tiempo ni para mear. ¡No! quiero que mees, que cagues, que comas y rías, que juegues, que saltes, bailes y cantes, que te tomes la vida con la ligereza que le corresponde a lo que es simple y pasajero, pero que todo esto lo hagas, como parte de tu vida y no en vez de tu vida.

Recuerda pues lo perdido, no para llorarlo ni para intentar recueperar lo que ya se fue, sino para saber qué tienes qué hacer hoy. ¿No visitabas a tu abuela? Visita ahora a tu madre. Cuida por quien puedes cuidar. ¿No estudiaste? Estudia ahora, lo que ahora puedas. ¿Perdiste la oportunidad de ir a Londres? Camina a alguna parte, porque en todas partes hay belleza. Volverás a caer en los errores, eres humano, pero ahora al menos sabrás que son errores y, siéndolo, podrás salir antes de ellos

La sabiduría es un arte

La Sabiduría, con esto termino, es un arte, una acción, algo que hacemos, no un término o un destino. Debe ser vivaz, tener alas, entusiasmarse, transmitir alegría en su simple humildad. Considera los pequeños arroyos que corren, cantan y dan vida, sin parecer nada importantes, llegando tras vuelta y revuelta a donde tienen qué llegar. También así puedes ser. Vuelta y revuelta, aprendiendo haciendo, practicando y meditando, para nunca llegar al final, porque la Sabiduría no se la quiere para nada, es buena por si misma, la Felicidad ya vendrá cuando le apetezca. Alegría hoy y esperanza para mañana, eso es lo que depende de ti y lo demás altanería.