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Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Humanizar la globalización: Jon Sobrino

| 22/07/2011 G+ | twitter | facebook

Lugar: Club Prensa Cana­ria, Las Pal­mas, España

Fecha: 15 de febrero de 2009

Con­fe­ren­ciante: John Sobri­no­ca­che, sacer­dote jesuita, teó­logo de la libe­ra­ción, doc­tor en Teo­lo­gía, licen­ciado en Filo­so­fía, etc…

Que nadie espere que de sus pala­bras saliera una defensa de su cues­tio­nada Cris­to­lo­gía, John Sobrino se limitó en su diser­ta­ción a expli­car, desde las víc­ti­mas, que dian­tres anda mal en el mundo, y cómo solucionarnos.

Tipos de Males:

a) Males físicos:

Ya os podréis ima­gi­nar: el ham­bre, inun­da­cio­nes, la pobreza, la enfer­me­dad, las inmi­gra­cio­nes a la deses­pe­rada. (Como la que ha lle­vado a la muerte a 26 cria­tu­ras a 20 metros de nues­tras playas).

b) Males morales:

Casi siem­pre pre­sen­tes como causa, con­se­cuen­cia o coad­yu­dante de los males físi­cos: la men­tira, la gue­rra, el expo­lio, el racismo, etc…

c) El mal del espí­ritu humano: La Deshumanización:

¿Qué es esto? John Sobrino llamó des­hu­ma­ni­za­ción al “aire espi­ri­tual viciado” que res­pi­ra­mos, que nos con­ta­mina el pen­sa­miento y las accio­nes. Que nadie piense que está hablando de una extraña fuerza para­psi­co­ló­gica. En reali­dad es una metá­fora muy fácil de entender.

Nos esta­mos acos­tum­brando al mal evi­ta­ble. Nos hemos acos­tum­brado a que la ver­dad sea un lujo, mien­tras que por todas parte se silen­cia o trans­gi­versa. La injus­ti­cia inter­na­cio­nal impera con natu­ra­li­dad (véase como se impo­nen pre­cios a los paí­ses pobres o las sub­ven­cio­nes agrí­co­las de los paí­ses ricos impi­den com­pe­tir). Hay cierta sen­sa­ción, a nivel inter­na­cio­nal, de que el gober­nante del país rico es impune. Habla tam­bién de que hay cierta obse­sión con la sexua­li­dad, a des­pre­cio del amor. Lo malo de nues­tro mundo es la natu­ra­li­dad con la que se vive el mal moral. Esta es la des­hu­ma­ni­za­ción. Vivi­mos en esa nor­ma­li­dad amo­ral. Res­pi­ra­mos ese aire viciado que deshumaniza.

La des­hu­ma­ni­za­ción surge del encu­bri­miento, la igno­ran­cia de lo real es muy nota­ble. Se sabe mucho más del par­tido del domin­gos que de las gue­rras oli­vi­da­das. ¿Se acuerda alguiend de los cinco millo­nes de muer­tos del Congo en la gue­rra del Col­tán? (Que sirve, entre otras cosas, para hacer posi­bles los telé­fo­nos móviles).

No tene­mos capa­ci­dad para cono­cer todo, es ver­dad, pero de ahí al supino des­co­no­ci­mie­not del ter­cer mundo, va un mundo.

Lo que no se puede igno­rar, se encu­bre. El “cover-up” llega a ser perverso.

Así en el len­guaje, se habla de cri­sis ali­men­ta­ria cuando habla­mos de ham­bre que lleva a la muerte; de pai­ses en vías de desa­rro­llo que están –en muchos casos– cada vez peor. Puede haber sen­si­bi­li­dad al dolor en lo per­so­nal, pero no en lo ins­ti­tu­cio­nal. (Hay ciu­da­da­nos indi­vi­dua­les que demues­tran soli­da­ri­dad cuando se enfren­tan al sufri­miento con­creto, pero esta sen­si­bi­li­dad ha des­a­pa­re­cido de las ins­ti­tu­cio­nes). Los muer­tos, las víc­ti­mas, a milla­res y a millo­nes se con­vier­ten en mera esta­dís­tica. Nos hemos creído que el “des­tino mani­fiesto” del mundo occi­den­tal es ser rica y prós­pera. Si ocu­rriera aquí lo de África, sen­ti­ría­mos que el sen­tido meta­fí­sico del mundo se res­que­bra­ja­ría. (Y aún no hace nada de la gue­rra Yugoeslava).

Solu­cio­nes: La humanización

Poner nom­bre a la reali­dad. Las homi­lías de Mon­se­ñor Romero dura­ban casi hora y media por­que según ter­mina de expli­car el Evan­ge­lio daba los nom­bres de las víc­ti­mas de la repre­sión. Al hacer eso reco­braba su dig­ni­dad, no ya su vida, las res­ca­taba de las som­bras. Les lla­maba incluso el Cristo Crucificado.

Ante la cri­mi­na­li­za­ción de las víc­ti­mas, hay que poner a éstas el mejor nom­bre posi­ble. No hace mucho las víc­ti­mas de vio­len­cia domés­tica eran siem­pre sos­pe­cho­sas ellas de haber pro­vo­cado la agre­sión de una u otra manera, ¿no?

La com­pa­sión. Curio­sa­mente la exi­gen­cia de la com­pa­sión no se lleva nunca a la cam­paña electoral.

¿Qué es la compasión?

Por lo menos hacer jus­ti­cia. Cuando se tra­baja por la jus­ti­cia se genera un aire humanizante.

Tam­bién es defen­der a las víc­ti­mas de los vic­ti­ma­rios. Mise­ri­cor­dia no es sólo una pala­bra bonita, tam­bién con­lleva enfren­tarse al mal. El que es mise­ri­cor­dioso de prin­ci­pio a fin, acaba de una u otra manera siendo un már­tir. Los már­ti­res de nues­tro tiempo pro­du­cen horror y tris­teza, pero simul­tá­nea­mente pro­du­cen gozo. Es bueno que haya gente que hayan sido fiel hasta el final. Eso pur­fica el aire que respiramos.

De la civi­li­za­ción del capi­tal a la civi­li­za­ción de la pobreza.

John Sobrino ter­minó diciendo que nues­tra socie­dad es un horror –pala­bras tex­tua­les– por­que con­vierte la his­to­ria en acu­mu­lar capi­tal y el ser en tener capital.

En otras pala­bras –éstas mías– que nos hemos creído que nues­tra razón de ser es tener más cosas y más dinero.

Esto nos lleva a la escla­vi­tud de tener siem­pre que acu­mu­lar más y más, aún a costa de la jus­ti­cia. Nunca ten­dre­mos suficiente.

Con­tra esto Eya­cu­ría hablaba de la civi­li­za­ción de la pobreza. Decía Eya­cu­ría que la pobreza, una vez cubierta las nece­si­da­des bási­cas nos lleva a nues­tros her­ma­nos. John Sobrino, en sus con­ver­sa­cio­nes pri­va­das, le decía que usara el voca­blo aus­te­ri­dad en vez de pobreza, que pobreza no se entendería.

Estoy de acuerdo con John Sobrino, lo que den­tro de la igle­sia se entiende por pobreza evan­gé­lica es inin­te­li­gi­ble para el resto del mundo. Sin embargo, y con­cluyo este artículo con un comen­ta­rio pro­pio, a mi enten­der no se trata de civi­li­za­ción de la pobreza. Habría que hablar de la civi­li­za­ción humana; ésto no es tan difí­cil de entender.

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