Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Iniciativa para novatos

| 20/10/2011

Uno de mis pro­fe­so­res del semi­na­rio me contó la siguiente anéc­dota. Eran los años de la ebu­lli­ción post-conciliar y pare­cía que todo en la Igle­sia Cató­lica Romana debía reno­varse. Pues bien, mi pro­fe­sor era enton­ces alumno y en su clase un cate­drá­tico de teo­lo­gía les dijo algo pare­cido a lo siguiente.

—Supongo que uste­des espe­ra­rán una clase par­ti­ci­pa­tiva en la que pue­dan expo­ner sus ideas y con­tras­tar­las con las mías, para sí avan­zar jun­tos en la teo­lo­gía sistemática.

Asen­ti­mien­tos, para­bie­nes y excla­ma­cio­nes de feli­ci­dad acom­pa­ña­ron la invi­ta­ción del catedrático.

—Pues no podrá ser. ¿Qué ideas van a poder apor­tar si no saben nada? Aprenda pri­mero y luego ya ten­drán algo que aportar.

Plan­chazo monu­men­tal. No sé si le replicó alguien, pero ima­gino que no. A pri­mera vista el argu­mento del cate­drá­tico es sólido. ¿Cómo se puede dis­cu­tir de teo­lo­gía con el puña­dito de ideas dis­per­sas que tiene un semi­na­rista nor­mal? ¿O cómo dis­cute de física un estu­diante con su cate­drá­tico? ¿Qué puede apor­tar un novato?

¿No eres novato? Malo.

Para cre­cer hay que hacerse novato. Basta que te asig­nen o te asig­nes una acti­vi­dad nueva y ya te tie­nes que enfren­tar a un terri­to­rio des­co­no­cido. Vuelta a explo­rar, vuelta a des­cu­brir y vuelta a sen­tir esas son­ri­si­tas nada bea­tí­fi­cas de los vete­ra­nos. Pero la alter­na­tiva es care­cer de ini­cia­tiva, y eso, en esta eco­no­mía, pinta muy mal.

¿Qué hacer?

Mirar, Imi­tar, Que­darse con lo que funciona.

Ni aco­bar­derse ni arro­garse. ¿Qué debe hacer un novato? Apren­der, que viene de aprehen­der, esto es tomar algo. Si toda­vía estás recor­dando tus tiem­pos de pupi­tre y dic­tado, leván­tate: el Señor Apren­di­zaje está loco de amor por la Señora Ini­cia­tiva. Sin ella, el pobre Apren­di­zaje se abu­rre, se deprime, se siente como un tirano que todos aman en público y des­pre­cian en pri­vado. Pero con ella, el cielo se perla de estre­lli­tas a medio día, las flo­res son­ríen, y los paja­ri­tos bai­lan en coro con los gati­tos y las luciér­na­gas; el mundo se des­cu­bre en una inmensa aven­tura tras otra y todo se hace cada vez más mara­vi­lloso mien­tras se des­va­ne­cen los miedos.

Si esto es válido para la aca­de­mia, más lo es para el mundo del tra­bajo. Es más, fuera de la escuela, el apren­di­zaje exige ini­cia­tiva. No está mal que las empre­sas orga­ni­cen cur­sos, pero el novato, no debe espe­rar­los ni con­for­marse con eso. Hay que pre­gun­tar, arries­garse a pare­cer tonto para no serlo, ir más allá de lo que se supone que tiene que hacer. Des­cu­brir los tru­cos de los vie­jos y sus defec­tos, que mal que les pese no serán pocos.

¿Cómo?

Pre­gun­tále a un niño: Mirar, Imi­tar, Que­darse con lo que funciona.

Más allá de aprender

Una forma mejor de hacerlo

Por­que uno sea un novato en algo, no sig­ni­fica que sea un novato en todo. Pon­ga­mos por caso que entres a tra­ba­jar en una empresa de trans­porte. ¿No tie­nes nin­guna queja? ¿No se te ha ocu­rrido nunca un “si yo fuera esto haría esto otro”? ¡Per­fecto! Ahora comienza tu opor­tu­ni­dad. Des­cu­bre si lo que se te había ocu­rrido, es rea­li­za­ble, opor­tuno o si no habría otra forma mejor de hacerlo. El pri­mer día es el mejor momento para empe­zar a empe­zar; orienta tu ini­cia­tiva de apren­di­zaje a eso que ahora tie­nes la opor­tu­ni­dad de mejo­rar y empieza a hacer pre­gun­tas. Des­cu­bri­rás con quie­nes se puede con­tar para hacer algo, con quie­nes no y hasta de quie­nes debes cuidarte.

No se trata de lle­gar y pre­ten­der saber más que nadie. Se trata de lle­gar y bus­car apren­der de todos para poder avan­zar una mejora real. La forma más segura de hacerlo es con las peque­ñas cosas, apo­yarse en la gente correcta y con­se­guir un pequeño triunfo para todos.

Graba en la mente tu idea de que debe exis­tir una forma mejor de hacerlo. Si no se puede mejo­rar la fór­mula de la Coka Cola, qui­zás sí la forma en que se mani­pu­lan los ingre­dien­tes para apro­ve­char mejor el pro­ducto, o cau­sando menos gas­tos, o con mejor trans­porte. No se trata de ense­ñarle a tu abuela cómo gui­sar un huevo, sino tener los ojos abier­tos para lo que hace bien y apro­ve­charlo y ver si, por ejem­plo, hay una tienda nueva con mejo­res huevos.

Te equi­vo­ca­rás

Los que tra­ba­jan come­ten erro­res, los que no come­ten erro­res, no trabajan

Tie­nes la ven­taja de ser novato, se supone que te equi­vo­ca­rás. Tú mejor com­pa­ñera es la humil­dad y no su her­mana fea, la auto-compasión. Sigue la humil­dad cuando te pro­ponga apren­der; huye de la auto-compasión si te dice “que no pue­des hacer nada hasta que pasen no se sabe cuan­tos años”. Pro­pón cosas, no las eje­cu­tes toda­vía sin dar cuenta a nadie, ni digas la pri­mera ocu­rren­cia que te ronde la cabeza, piensa tu pro­puesta, pero no la abor­tes por miedo. Hasta en las nega­tiva podrás aprender.

No se aprende a tener ini­cia­tiva sin ini­ciar nada.

Si espe­ras a ser vete­rano para empren­der ten­drás un sutil pro­ble­mi­lla. Sí, serás vete­rano en tu puesto, pero un novato abso­luto en tener ini­cia­tiva. Y reza para que enton­ces toda­vía ten­gas a alguien a quien pre­gun­tar, que áquel señor mayor que tenía que pro­gra­marte por­que no te atre­vías a hacer nada por tu cuenta, no se haya jubi­lado. Y te encuen­tres, como algu­nas veces se ve en algu­nos jefes, que cono­ces per­fec­ta­mente la rutina, pero ¡ay de tí si hay algún cam­bio! Ya no ten­drás donde esconderte.

Siem­bra ahora

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  • como se aprende a tener mas iniciativa

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