Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Las 32 estatuas

| 04/08/2011

Una pequeña his­to­ria de fareros

Eterna es la llu­via en el cemen­te­rio de San Rafael de la Bahía. Dicen sus vie­jos que el agua de la mar escala las nubes y, de éstas, se pre­ci­pi­tan por vol­ver con los suyos. Por­que en San Rafael de la Bahía todos son del mar, como el Señor Car­los, el farero.

El Señor Car­los nunca hizo nada impor­tante. Nació, fue al cole­gio, tra­bajó en el faro y en él murió, viudo y sin hijos. Al señor Car­los sólo se le recuerda por las 32 esta­tuas que apa­re­cie­ron un día junto a su tumba. Las vie­jas cul­pa­ron a los niños; el agua­cil a los jóve­nes; los jóve­nes le echa­ron la culpa a las vie­jas; los niños se inven­ta­ron his­to­rias inmen­sas, por­que lo cierto es que cada una de esas esta­tuas corres­pon­día a una per­sona que a lo largo de los años la luz del faro res­cató de la muerte, sin el que señor Car­los jamás lo supiera.

Tu vida cuenta

Per­do­nadme esta impro­vi­sa­ción. Ya sabéis que me gusta escri­bir y que creo en la fuerza del mito. Sería her­moso y hasta prác­tico que des­pués de la muerte apa­re­cie­ran alre­de­dor de la tumba un recuerdo de todo lo que hemos hecho bien. Y es que soña­mos que el bien bri­lle y dure para siempre.

¿Pero sabéis, qué?

Una son­risa vale para siem­pre aun­que dure un segundo. Un abrazo es eterno des­pués de su minuto. Un suelo bien lim­pio vale aun­que nadie lo mire.

Las meda­llas están hechas de metal barato aun­que éste sea oro. Una poli­cía, que a bala­zos muera, nos da vida aun­que no conoz­ca­mos ni su nombre.

Hacedlo bien, vivid bien esto es lo impor­tante. Fama, reco­no­ci­miento y demás son ador­nos que no tie­nen más valor que la arena de la playa

Nota
Este post es de los recu­pe­ra­dos tras la catás­trofe. Dicho eso, sigo ate­so­rando vues­tros comentarios

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