Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Vamos a jugar al deporte

| 22/07/2011

Para ser feliz hay que jugar.

En el par­que que hay junto a mi casa, los adul­tos corren cir­cui­tos y los niños jue­gan. Los adul­tos miran al reloj para com­pro­bar cuanto les queda toda­vía por hacer. Los niños que­rrían que el juego no aca­bara nunca. Los adul­tos se sien­ten cul­pa­bles si se abu­rren, los niños jue­gan a otra cosa.

Hace un par de noches decidí jugar en vez de hacer ejer­ci­cio. En reali­dad es casi lo mismo, sólo que mil veces más divertido.

¿Qué es jugar?

Por si lo has olvi­dado, jugar es vivir. Jugar es

una acti­vi­dad, leve indi­vi­dual o social, aun­que pre­fe­ren­te­mente social con: una reglas deter­mi­na­das, orien­ta­das a un fin con­creto que nos gusta mucho.

Aun­que ese obje­tivo sea ima­gi­na­rio; espe­cial­mente si es ima­gi­na­rio. Cuando un niño juega al fut­bol, juega ser su fut­bo­lista favo­rito. No es él, sino Cris­tiano Ronaldo el que marca el gol. El juego le ha con­ver­tido en CR9 1/2. Cuando sube a un apa­rato está subiendo una mon­taña, cuando se colum­pia, vuela. Y no es que se crea que eso éste pasando de ver­dad, sino que hace como que se lo cree.

Esto lo cam­bia todo. El juego tiene en común con la fiesta que es capaz de rom­per con la viven­cia mun­dana del tiempo. Cuando juego el tiempo tiene el sen­tido que le den las reglas. Si las reglas no hablan del tiempo, el tiempo nos parece que no existe.

Y es impor­tante, por­que ya no per­se­gui­mos un obje­tivo lejano, borroso, utó­pico y del que esta­mos medio-motivados: “voy a adelgazar”

Sino uno con­creto, cer­cano, que ama­mos inten­sa­mente y que el juego hace posi­ble: “voy a correr hasta Samar­kanda”, “voy a ser CR9, ahora”, “vamos a volar con los pájaros”

El juego hace posi­ble que el cir­cuito, el par­que en que corres, sea la ruta de la seda. Pero para que la ima­gi­na­ción fun­cione ha de tener una aliada: la leve­dad. La leve­dad per­mite al juego ser ale­gre, ágil, sor­pren­derte a cada paso. Hemos con­ver­tido al ejer­ci­cio en algo tan serio que acaba siendo tra­bajo, los gim­na­sios una ofi­cina, hasta con su máquina de café y su rutina indus­trial. Ya sólo nos fal­ta­ría entre­gar informes.

Pero hay una alter­na­tiva. Y es ver las cosas desde el punto de vista que más nos guste, y crear reglas para nues­tros sueños.

Veo un árbol en el parque.

Mi punto de vista: No es un árbol, es el Bos­que Sagrado

Regla: Si doy tres vuel­tas al árbol, a todo correr, pro­tejo el Bos­que Sagrado del fuego.

Regla: Si hago tal o cual cosa junto al árbol (¿abdo­mi­na­les?), el árbol me orto­gará este poder

Para crear estas reglas es impres­cin­di­ble la leve­dad. No tomár­selo dema­siado en serio, dejarse ir, dejar fluir, dejar de leer un manual, no inten­tar ser un niño, ser el río y dejar que el río te lleve

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Tér­mi­nos de búsqueda:

  • jugar un deporte
  • par­que de la seda mur­cia reco­rrido correr

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