Desde hacía algún tiempo he venido rumiando la idea de compartir las lecciones que se pueden sacar de la guerra. Soy consciente de que no es tema que se pueda reducir a banderas y glorias. La guerra es implacable, y precisamente por eso contiene enseñanzas aplicables a todo en la vida.
La Batalla de la Isla de Vis, o de Lissa, pone el interrogante a la tesis modernista, la tecnología y el progreso saldrán siempre triunfantes. ¿Os acordáis de Julio Verne? ¿Os acordáis quizás de “Eráse Una Vez el Hombre”? Pues precisamente esto es su leit motiv.
Y sí, tanto ciencia como tecnología tienen mucho que ofrecer. Esto no lo voy a poner en duda.
Pero…
Una flota del Imperio Autrohúngaro más pequeña y anticuada se impuso a la mayor y más moderna flota del vigoroso Reino de Italia. De hecho, los cañones austríacos no podían causar más que daños secundarios a los nuevos acorazados italianos. Y no, no pueden los italianos escudarse en el clima, ¿qué pasó?
Pasó que el comandante Italiano:
Dio órdenes confusas. Quizás a él le parecía que estaba delegando y dando iniciativa a sus capitanes, pero lo que sucedió es que éstos no entendieron que quería.
Cambió de buque insignia según comenzaba la batalla. En aquella época, al no disponerse de radio, los subordinados estaban esperando las señales del barco insignia. Por lo visto a alguien se le olvidó avisar del cambio de buque insignia, y se quedaron esperando órdenes al barco que no era.
Dió órdenes y contraórdenes.
Se desmoralizó enseguida al ver los primeros fracasos.
Por su parte las tripulaciones y capitanes italianos.
- No estaban bien entrenadas y/o organizadas.
- Maniobraron mal
- Se les olvidó cargar munición al disparar
- Eran incapaces de asumir la iniciativa.
En contraste Tegetthoff, el almirante Austríaco, dio una orden sencilla, aunque desesperada; atacar al espolón con los acorazados, y fue a por ellos a toda velocidad. No tenía otra, al cañón perdería siempre. De haber rehuído el combate, los defensores de la isla de Vis no habrían resistido la invasión italiana.
Y así, a pesar la inferioridad númerica y tecnológica, se impuso la experiencia, la organización, la buena dirección y el mejor hacer.
Lo más triste de todo fue que el comandente italiano anunció una gran victoria, a pesar de la pérdida de dos acorazados. Con el tiempo se supo la verdad y hoy no vale la pena recordar su nombre.
Todavía más triste es que aún hoy, cuando las cosas van mal en una organización, lo primero que se piden son más ordenadores. Error, automatizar una organización ineficaz es automatizar la ineficacia. Dejadme poner un ejemplo más claro, hasta que no se forme bien en administración, documentación, biblioteconomía, archivo y productividad (no sólo en Derecho) al personal de los juzgados, me parece que la justicia española va a continuar por el triste camino en el que está.
La Batalla de Lissa demuestra lo que unos barcos de madera liderados por un almirante de hierro pueden hacer contra barcos de hierro liderados por un almirante de madera. ~Ante Sucur
Términos de búsqueda:
- batalla de lissa
- luis lissa
