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Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Los chicos de diciembre: una lectura amable

| 21/07/2011 G+ | twitter | facebook

O una apro­xi­ma­ción al conflicto.

Hace unos días ter­miné la lec­tura de “Los chi­cos de diciem­bre” de Edi­cio­nes SM, un clá­sico de la lite­ra­tura juve­nil aus­tra­liana. Me dejó con una son­risa de satis­fac­ción, por­que es de esas obras que me reafir­man mi con­vic­ción de que la lite­ra­tura juve­nil es un marco idó­neo para la refle­xión seria y no mero entretenimiento.

Michael Noo­nan des­pliega en una diver­tida novela epi­só­dica el tema del con­flicto con agu­deza de filó­sofo. Tema, que en la pelí­cula del mismo nom­bre se vuelve a plan­tear pero con pers­pec­ti­vas y con­clu­sio­nes sutil­mente distintas.

¿Pero de qué va?

Aus­tra­lia, años 30. Cinco chi­cos de orfa­nato, van a pasar el verano aco­gi­dos en casa de una excén­trica pareja. Allí se lo pasan de lo lindo en un pue­blo mari­nero lleno de gente de lo más pin­to­resca que no han sabido superar la depre­sión del 29. Todo mar­cha muy bien hasta que se ente­ran de un tre­mendo secreto Sin­miedo, un anti­guo moto­rista de exhi­bi­ción, depor­tista y capa­taz quiere adop­tar a uno, y sólo a uno de ellos. Desde enton­ces se desata una com­pe­ti­ción por ser el elegido.

Alerta: Des­velo el final

Quien desee ver la pelí­cula o leer el libro, haría bien en para ahora. Por­que no puedo com­pa­rar ambas, ni hablar de como ambas ver­sio­nes tra­tan el tema del con­flicto sin des­ve­lar el final.

La novela avanza con una sutil mez­cla de con­flicto, humor y refle­xión que recuerda a “Doc­tor en Alaska”, hasta un desen­lace tre­me­bundo. Des­pués de tanta pelea, des­pués de tan­tos enfa­dos y sos­pe­cha, resulta que la supuesta adop­ción, sólo fue un pen­sa­miento pasajero.

En la pelí­cula el con­flicto es más sutil, la com­pe­ten­cia es menos feroz y acaba de forma heroica. Aquí la oferta de adop­ción se man­tiene hasta al final, pero el afor­tu­nado acaba deci­diendo que tiene ya una espe­cie de fami­lia: los mis­mos chi­cos de diciembre.

Dos pers­pec­ti­vas ante el conflicto.

Voy a des­pre­ciar la pre­gunta de si es mejor el libro o la pelí­cula. Qué­dese para quien tenga más tiempo. Lo que me interesa son las dos pers­pec­ti­vas ante el con­flicto. En la novela, no son sólo los niños, es todo el pue­blo el que se debate en un con­flicto per­ma­nente que no han sabido afron­tar. Desde el pes­ca­dor que nece­sita una suerte de Moby Dick, reen­car­nada en un mero, hasta el gene­ral reti­rado que rodea su casa de alam­bre de espino y se ima­gina que el pue­blo es un cam­pa­mento enemigo; desde el hom­bre que vive en la obse­sión de cons­truirse un barco hasta el polí­tico venido a menos que escribe en el jar­dín de su casa “No hay jus­ti­cia”, todos los habi­tan­tes, estan engan­cha­dos a una lucha con­sigo mismos.

En la novela triun­fan los pro­ta­go­nis­tas no tanto por superar la difi­cul­tad en sí misma, sino en afron­tarla. Ellos, los cinco mucha­chos, y algún per­so­naje más, triun­fan pre­ci­sa­mente por­que, al afron­tar la pelea, cre­cen. Las penu­rias se ven des­po­ja­das de roman­ti­cismo y glo­ria; incluso la vio­len­cia y el odio, aun­que sim­bó­lico y con­te­nido, se mues­tran sin enmas­ca­rar­las, tan feas como son. Pero, y casi por eso mismo, el triunfo es tanto afron­tar la adver­si­dad y las pro­pias mise­rias y usar­las de tram­po­lín para crecer.

En la pelí­cula la pro­puesta es mucho más heroica en el sen­tido clá­sico. Los héroes cre­cen con el con­flicto y lo supe­ran. Lo único es que al final, el mucha­cho que iba a ser adop­tado es, sin­gu­lar­mente, lúcido para apre­ciar lo que ya tenía antes.

En pocas pala­bras, ¿qué pode­mos sacar de aquí?

Que el con­flicto da asco.

Que el con­flicto saca lo mejor y lo peor de nosotros.

Que cre­cer, que madu­rar es afron­tar los pro­pios con­flic­tos. Afron­tar­los es ya, por sí mismo un triunfo.

Que hay gen­tes tan débi­les que nece­si­tan un opo­nente eterno ante quien enfrentarse.

Que antes de “acep­tar un pre­mio” hay que pon­de­rar pri­mero si tene­mos que renun­ciar a algo que que­re­mos más.

Y esto es todo, espero que este pequeño artículo os haga pen­sar un poco y qui­zás ir a leer el libro. Bús­calo en una buena biblio­teca o date una vuelta por tu libre­ría. Tam­bién pue­des ver esta crí­tica de Javier Mun­guía

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