Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Minimalismo con fronteras

| 21/07/2011

¿Qué es ser mini­ma­lista? ¿Tener menos de 100 cosas? ¿Vivir en una casa grande, pero vacía? ¿Tener un blog de una sola entrada? ¿Apun­tarse a una moda? Si es así, que me borren, que cuando tenía doce años ya era muy mayor para eso. Yo creo que debe­mos esta­ble­cer lími­tes para todo y para saberlo nada mejor que res­pon­der a una pre­gunta: ¿para qué?

Mis razo­nes

¿Qué me ha lle­vado a mí a explo­rar el mini­ma­lismo? No ha sido la arqui­tec­tura, ni el diseño de inte­rio­res. He de con­fe­sar que me gus­tan las made­ras, los colo­res cáli­dos, los ambien­tes rús­ti­cos y tener alguna figura de por­ce­lana. Tam­poco ha sido la ten­den­cia de poseer sólo cien cosas. Ni lle­var una vida via­jera, ni la curio­si­dad de una moda.

Fue­ron las 5S. Sí, un método de pro­duc­ti­vi­dad y orga­ni­za­ción indus­trial. Uno de sus prin­ci­pios, al lle­varlo al lugar de tra­bajo, supone eli­mi­nar todo aque­llo que no sirva para la tarea que tene­mos que emprender.

Des­pués, le llegó el turno al tiempo que per­día en cosas absur­das. Es curioso, pero des­pués de prac­ti­car kai­zen un rato, ves inuti­li­da­des por todas par­tes. Y la del tiempo per­dido es la que te hace más daño, por­que no estoy hablando de hacer menos cosas a cam­bio de diver­sión. Es que es tan absurdo como hacer menos cosas a cam­bio de abu­rrirse delante de una pan­ta­lla de orde­na­dor. Lo ter­cero es que me per­mite esti­rar mi sueldo. Al verme libe­rado de com­prar cosas inú­ti­les, la fru­ga­li­dad deja de ser un esfuerzo vir­tuoso para hacerse algo natu­ral. Algo que se puede incluso dis­fru­tar. Esto lleva a que sea más fácil orien­tar la vida hacia lo que quiero hacer.

Poner lími­tes

Sabiendo las razo­nes se hace fácil poner lími­tes. A Eve­rett Bogue tener menos de 50 cosas le per­mi­tió empren­der un nego­cio con unos aho­rros míni­mos y cum­plir su sueño de vivir donde quisiera.

Sin embargo, el mismo Eve­rett, llegó a la con­clu­sión de que hay que lle­gar hasta donde duela y que este punto es dife­rente para cada per­sona y que puede mejorar.

En los ado­les­cen­tes, por ejem­plo, los obje­tos pue­den ser más que sim­ples obje­tos. Pue­den ser sím­bo­los de los que cuesta mucho des­pren­derse. Por no hablar de que están más expues­tos a la crí­tica, por par­tida cuá­dru­ple: ami­gos, clase, pro­fe­so­res y familia.

Un padre de tres hijos, ¿va a ir con cin­cuenta cosas por el mundo? ¿Debe el médico de un hos­pi­tal aban­do­nar su tra­bajo y poner un nego­cio online? ¿Debe tener una escuela el número mínimo de maes­tros? ¿Debe tener un blog mini­ma­lista un sólo post? ¿Debe ser una novela un cuento? Pues a lo mejor no.

Pues a lo mejor merece la pena irlo pen­sando e irlo actuando — las dos cosas a la vez — bien despacito.

Por eso, no voy a lan­zar un cam­peo­nato de a ver quien tiene menos, en lugar de eso, y por ahora,

Dos orien­ta­cio­nes

Así que nos que­da­mos con dos orien­ta­cio­nes: a lo que quie­ras lle­gar con el mini­ma­lismo — ponien­dó­nos pijos el cri­te­rio obje­tivo y tus pro­pias capa­ci­da­des — igual­mente pijos el cri­te­rio subjetivo.

Sobre el obje­tivo, las razo­nes para ser mini­ma­lista, ya me pongo a tra­ba­jar en un pró­ximo artículo. Sobre el cri­te­rio sub­je­tivo, pues ya os podéis poner a tra­ba­jar vosotros:

Deja de com­prar ton­te­rías hasta donde duela.

Deja de ver la tele­vi­sión hasta donde duela.

Deja de mal­gas­tar el tiempo en “nave­gar por inter­net” hasta donde duela. ¿Sigo con la típica lista de “siete mil cosas que debéis dejar de hacer” o lo váis pillando?

¿Y cuándo duele? Para saber eso, creedme, no nece­si­táis la ayuda de nadie.

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