Hace unos días leí por primera vez el término maximalista en una nueva acepción, que venía a significar según deduzco: “gente que no es minimalista”. Lo que nos faltaba: Barça contra Real Madrid; Tenerife contra Las Palmas; Socialistas contra Populares y ahora esto.
¿Pero están locos?
Ser minimalista no es un club, no es formar parte de ninguna élite, ni haber sido elegido por Dios o si quiera por la asociación de vecinos de tu barrio para cambiar el mundo. Ser minimalistas no tener ninguna esencia especial. Yo quiero vivir una vida que merezca la pena; mejor yo quiero que cada instante de mi vida merezca la pena; y el minimalismo es una de las herramientas que uso para ello, nada más.
Haber adoptado esta estrategia no me hace mejor, especial, ni siquiera diferente a ninguna otra persona. Es como si usar un martillo me hiciera martillista o un ordenador, ordenadorista.
Es cierto que yo soy yo y mis circunstancias. Y es cierto también que las decisiones y hábitos que tomamos y mantenemos van conformando nuestra vida y la perspectiva con la que vemos al mundo. Renunciar a los miedos nos libera, abrazar nuestros sueños nos abre el camino, pero…
Es que somos unos novatos
Esto del minimalismo es tan nuevo como fenómeno social, que no tenemos más remedio que reconocernos unos novatos. ¿Qué llevamos? ¿Meses, un par de años quizá? Somos minimalistas como un adolescente es escritor: nos llena de alegría lo que hacemos y soñamos con un futuro de realizar quienes somos, pero todavía no lo hemos logrado.
“Cuando hayas alcanzado tu propia habitación, sé amable con los que han escogido puertas distintas y con aquéllos que aún están en el pasillo. ~C.S. Lewis
Aún no ha habido tiempo para erigir una maldita frontera. No sabemos quienes somos y ¿ya queremos excluirnos de quienes no son como nosotros? ¿Para qué? ¿Para decidir que nada tenemos que aprender ellos, que somos los puros, los poseedores de la verdad, los dueños de la ciencia y de Dios y que ellos son los equivocados? Pero si es que ellos somos nosotros, ¡y hace dos meses!, y añado además que aquí nadie es prefecto.
Cada persona nace para ser escuchada, toda persona tiene un mensaje único, y sí –dicho sea de paso– una persona con síndrome de down puede ser mi maestra, siempre que yo tenga la humildad de ser su discípulo. ¿Es qué mi culo es tan gordo como para dejar de escuchar a mi amigo porque piense que ir de compras es deporte olímpico? En vez de eso, sí, le explicaré porque creo que se equivoca, pero le escucharé a él y luego decidiré lo que considere es mejor. Y me equivocaré y trataré de aprender del error y seguiré explorando esto del minimalismo con otras personas y confío que en todo este camino nunca caminaré solo.
Términos de búsqueda:
- quiero ser minimalista
- Maximalistas
- personas minimalistas
- minimalista contra
- el maximalismo
- maximalista y minimalista
- maximalista
- ignificados de maximalista y minimalista
- el minimalismo contra los elites
- significado de minimalismo y maximalismo
