Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Princesa, la navidad siempre viene

| 24/12/2011

Artículo es de Juan Car­los Sanz de los Maristas.

Estoy escri­biendo en la tarde de la Navi­dad y no puedo qui­tar de mi mente a Prin­cesa y todo lo que ha vivido en el día de hoy. Estaba ter­mi­nando de pre­pa­rar la comida de Navi­dad y Prin­cesa ha venido hasta mí con su cara dulce y sus ojos des­te­llando una ale­gría incon­te­ni­ble. Me ha dicho: ¿Sabes? Unos días ya son sólo dos horas. Y es que espera que a las tres venga su mamá a visi­tarla. Mamá se lo pro­me­tió la vís­pera del día en que mamá mar­chaba a tra­ba­jar a Ale­ma­nia. Pasa­re­mos jun­tas la Navi­dad. El jue­ves reci­bió la lla­mada de su madre. Le con­fir­maba que ya estaba en Buca­rest y que el día 25 a las tres de la tarde ven­dría al cen­tro para cele­brar jun­tas la Navidad.

La ilu­sión

El día ante­rior ya había mos­trado su ale­gría y emo­ción por ver a su madre de nuevo. De la última vez que se vie­ron había pasado ya más de mes y medio. El día de Navi­dad Prin­cesa, como todos los niños, se levantó ner­viosa para ver qué le había dejado “Mos Cra­ciun”1. El regalo que reci­bió le gustó. Pero para ella el regalo más her­moso estaba por lle­gar y no era otro que el ver a su madre. Pre­pa­rando la venida de su mamá había hecho que Isaac la empa­que­tara de forma ele­gante el regalo que la niña había com­prado para “mamá”. Junto al regalo Isaac pudo ver una nota donde la niña dejaba claro que el regalo era para la más guapa y la mejor mamá del mundo.

“Pran­zul de Cra­ciun”2 le tuvi­mos jun­tos todos los que está­ba­mos en el cen­tro. Prin­cesa estaba ale­gre y dicha­ra­chera. Se la notaba feliz. No paraba de pre­gun­tar qué hora era. Al fin lle­ga­ron las tres y me acer­qué a Prin­cesa. Antes de lle­gar a ella pre­sentí que algo no iba bien. Le pre­gunto si está impa­ciente y me dice que mamá ven­drá a las cinco. No dije nada y en mi inte­rior entendí la tris­teza que refle­jaba su cara. En seguida vinie­ron a mi mente las muchas pro­me­sas hechas por la madre y que nunca se cum­plie­ron. He de reco­no­cer que sentí un esca­lo­frío y tuve el pre­sen­ti­miento que Prin­cesa no se encon­tra­ría con su madre este día de Navidad.

Señor que buen vasa­llo, si tuviera buen señor

Prin­cesa y otra amiga se han ido a dar un paseo en la cálida y soleada tarde de Navi­dad. Al ano­che­cer me he acer­cado por la casa y he visto Prin­cesa sen­tada frente al tele­vi­sor. Se había duchado y tenía ya el pijama puesto. No ha hecho falta pre­gun­tarla. Nada más verme me ha dicho: – Mamá no ha venido hoy por­que no ha podido, pero ven­drá mañana a verme. No he que­rido mirar a sus ojos para que ella no viera los míos. En ellos hubiera visto los muchos inte­rro­gan­tes y temo­res que había en mí.

Pasado un rato me encuen­tro con Isaac que me dice: ¿Sabes que no ha venido la madre de Prin­cesa? Le comenté que intuía que esto iba a pasar. Y de lo más pro­fundo de mí salió: Menos mal que Jesús nunca falla y siem­pre viene a noso­tros. Pre­ci­sa­mente hoy cele­bra­mos que Jesús viene, siem­pre viene.

Más allá de los regalos

La Navi­dad vivida en el Cen­tro SF. Mar­ce­llin Cham­pag­nat, me ha reafir­mado en la con­vic­ción y en la cer­teza de que Jesús siem­pre viene y se nos mani­fiesta. Son sig­nos cla­ros de su pre­sen­cia las son­ri­sas, el cariño, los besos, la ilu­sión, el agra­de­ci­miento… y el futuro que nues­tros chi­cos y nues­tras chi­cas expli­ci­tan, así como la vida y la ener­gía que trans­mi­ten. Tam­bién Jesús está pre­sente y nos acom­paña cuando cami­na­mos junto a chi­cos y chi­cas en los momen­tos difí­ci­les que les toca vivir. Su pre­sen­cia y cer­ca­nía nos ayu­dan a dar ver­da­de­ras res­pues­tas de hermanos.

Sin­ce­ra­mente, des­pués de todo lo vivido no puedo menos que excla­mar: ¡Jesús siem­pre viene!

Un saludo lleno de espe­ranza, fra­ter­ni­dad y ale­gría para ti durante este 2011 que vamos a comen­zar den­tro de unos días.


Ayer me llegó este email con el que Juan Car­los, marista, me feli­ci­taba las Navi­da­des. La ver­dad es que me venía muy a cuento de las refle­xio­nes que hemos hecho sobre la Navi­dad y me recor­daba un país al que tengo un cariño espe­cial, aun­que haga un frío de muerte, la gente hable un latín muy raro, rarí­simo y la comida parezca hún­gara, rusa, ale­mana y turca a la vez pero no sea nada de eso. Y no diga­mos nada de los niños de cen­tros y cole­gios inter­nos, por­que es que no paro

Este es uno de los posts que se per­dió cuando se me cayó la base de datos del blog. Lo he reser­vado hasta este día, por­que me parece el más apro­piado para recuperarlo.


  1. Papá Noel ↩

  2. Comida de Navi­dad ↩

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