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Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

No debe recompensarse el esfuerzo

| 22/07/2011 G+ | twitter | facebook

Te has esfor­zado, has tra­ba­jado y, sin embargo, no has lle­gado al obje­tivo. Qui­zás creas que se trata de una injus­ti­cia y que tu esfuerzo, por sí mismo, merece una recom­pensa. Falso, el mundo no fun­ciona así y entre antes lo com­pren­das, antes podrás ponerte remedio.

En la escuela al pro­fe­sor se le pide que sea un dios, que con una varita mágica consga la jus­ti­cia uni­ver­sal a tra­vés de las notas. Si qui­siera, a tu esfuerzo podría ponerle un diez. Pero no cuen­tes con ello, un pro­fe­sor sólo puede cono­cer tu esfuer­zos por tus resul­ta­dos. No es Dios, se siente.

Pero, ¿y fuera de la escuela? ¿Quiero un médico que se esfuerce o que me cure? ¿Me basta con que un car­pin­tero tra­baje mucho si lo único que fabrica es serrín? ¿Quiero para algo que un men­sa­jero se quede sin dor­mir si no me entrega el men­saje? Sea justo o injusto, sólo se pue­den juz­gar los resultados.

¿Pero no decían que el esfuerzo es la clave del futuro?

Del futuro y del pre­sente. En un bote de remos, el esfuerzo es la ener­gía que pones en los remos. Pero con eso no basta para ganar una com­pe­ti­ción o si quiera ir a nin­guna parte. Impor­tante tam­bién es la téc­nica de remo y mucho más la direc­ción a la que te diriges.

Sea­mos sinceros

Casi siem­pre todo fra­caso va acom­pa­ñado de un pro­blema en el esfuerzo. Es fácil recor­dar los días en que uno se mató a tra­ba­jar, pero se olvi­dan aque­llos en que no se rin­dió ni la mitad de lo que debió haberse ren­dido. Esas cosas pasan, no con­viene cul­pa­li­zarse más de la cuenta, ni con­ver­tirlo en una tra­ge­dia, pero sí asu­mir la responsabilidad.

¿Y qué es asu­mir la responsabilidad?

En pri­mer lugar dejarse de excu­sas. En segundo de ave­ri­guar qué cosas han fallado. Si uno no es orga­ni­zado, se orga­niza. Si no se sabe, se aprende. Que sí, que es una habi­li­dad que se puede apren­der, doy fe per­so­nal de ello. Si es un pro­blema de método pues se pone remedio.

¿Esta­mos?

Obte­ner un fra­caso no es el fin del mundo. Esfuér­zate, pero esfuer­záte pri­mero en resol­ver el ori­gen del pro­blema. Tú no eres el fra­caso, el fra­caso no es quien eres sino algo que has hecho o has hecho mal.

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  • recom­pen­sarse

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