Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Rajoy ha ganado gratis las elecciones

| 21/11/2011

¿Y España, qué tiene que hacer al respecto?

No va a bas­tar con hacer recor­tes, entendlo bien; lo mismo que la solu­ción de una fami­lia al paro no puede ser sólo aho­rrar. Es nece­sa­rio que desde este momento España bus­que sus muda, esto es sus inutilidades:

  • ¿Dos admi­nis­tra­cio­nes haciendo la misma cosa? –Y eso sin tener en cuenta que suele con­ver­tirse en yo tiro para un lado y tú tiras para otro.

  • ¿El Estado haciendo labo­res de ayuntamiento?

  • ¿Pro­ce­di­mien­tos engorrosos?

  • ¿Pro­ce­di­mien­tos pen­sa­dos para 1974?

  • ¿Leyes con­tra­dic­to­rias?

Ya sabéis lo que dicen los chi­nos que la cri­sis es peli­gro y opor­tu­ni­dad. Hasta ahora hemos vivido en el peli­gro. Nos toca empe­zar a apro­ve­char la oportunidad.

Inno­var en la Admi­nis­tra­ción Pública es insu­fi­ciente. Pri­mero por­que siem­pre tro­pieza con obs­tácu­los den­tro de ella misma, por no hablar del exte­rior. Hay muchos intere­ses en juego, que hacen que los gran­des cam­bios pro­vo­quen miedo tanto en los emplea­dos públi­cos como en los ciudadanos.

Dí que vas a refor­mar la sani­dad, a ver que te pasa.

Alguno res­pon­derá, bueno, yo tengo los votos y la volun­tad polí­tica y me echo encima todas las resis­ten­cias que haga falta.

Lo cual es muy noble, como el noble y fuerte sal­món que se sacri­fica por la gene­ra­ción futura. No lo dis­cuto. El pro­blema es que los esfuer­zos de un gobierno, por mucha mayo­ría aplas­tante que tenga, son limi­ta­dos. Tam­poco tiene sen­tido sobrer­vi­vir a esta cri­sis con las mis­mas rémo­ras que ahora: es como un coche, pode­mos lle­gar a la gaso­li­nera con una rueda pin­chada, pero es absurdo olvi­darse de lim­piar la calle donde se pinchó.

Creo que la solu­ción está en el kai­zen. Nos toca implan­tar una cul­tura en la que el más pequeño empleado público sepa que se espera de él hacer peque­ñas mejo­ras todos los días de su mismo puesto de tra­bajo. El Direc­tor Gene­ral de Loque­sea debe ser una figura cer­cana, no por sim­pa­tía, sino físi­cia­mente cer­cana, que conozca las per­so­nas que tra­ba­jan en su depar­ta­mento, y en que tra­ba­jan. Nin­gún fun­cio­na­rio debe pen­sar que su jefe es una máquina de firma. Quien manda debe estar donde está la acción, al menos el tiempo nece­sa­rio para saber que está pasando y para que quien tenga incia­ti­vas de cam­bio no dude en proponerlas.

Sólo así los car­gos polí­ti­cos pue­den des­pren­derse de sus pre­jui­cios posi­ti­vos y nega­ti­vos y enten­der que pasa y por qué. Sólo así los car­gos téc­ni­cos pue­den ver lo que real­mente pasa desde el punto de vista de los ciudadanos.

De la cri­sis no sal­dre­mos sólo refor­mando la Admi­nis­tra­ción, pero pode­mos ele­gir entre pocos recor­tes y efi­cien­cia o muchos recor­tes y vol­ver a pasar­las mal a la pró­xima crisis.

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