Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Mi amigo Rolls Royce

| 18/11/2011

CC –sa –by Sisaphus

Decidí que mi amigo fuera como un Rolls Royce. Una mara­vi­lla. Mi amigo había de ser capaz de resol­ver todas mis nece­si­da­des. Había de ser fia­ble, extre­ma­da­mente fia­ble, de forma que yo, por un decir, tome el telé­fono y allí esté el dis­puesto a lle­varme al par­que un domingo por la tarde sin avi­sar. Iría­mos de tapas jun­tos, le con­taré mis pro­ble­mas, se reiría con mis chis­tes, ten­dría solu­ción para todos y cada uno de mis defec­tos y jamás me trai­cio­na­ría ni en lo grande ni en lo pequeño. Con él mis sue­ños serían realidad.

Será exac­ta­mente como mi coche: un Rolls Royce

Bueno, cuando encuen­tre el dinero para com­prarme uno.

Com­prando un amigo

¿Y un amigo, cómo lo com­pro? Antes que nada, no creo que los ami­gos se “merez­can”. Todo lo que del amor nace, y la amis­tad es una clase de amor, se escapa del mere­ci­miento. Desde luego todos cono­ce­mos casos de gente que tiene ami­gos que no se merece y quien no tiene los ami­gos que se merece. Los sen­ti­mien­tos no se ajus­tan a cri­te­rios estric­ta­mente racio­na­les y supongo que está bien que así sea.

No puedo com­prar a mi amigo Rolls Royce

Lo que sí puedo ser es un amigo Rolls Royce, y espe­rar que lo demás venga por añadidura.

Tú: Rolls Royce

O mejor aún, puedo tra­tar de ser una per­sona Rolls Royce y empe­zar a sen­tir los bene­fi­cios ya en mí mismo. Si somos per­so­nas es por­que somos-para los demás, empe­zando por quie­nes tene­mos al lado. Y si somos-para, nunca podre­mos ser feli­ces sin exten­der el amor a todos.

Esto, no sig­ni­fica que deba­mos abra­zar una suerte de escla­vi­tud. El ser humano es tam­bién, esen­cial­mente libre. No se puede amar renun­ciando a la liber­tad, como tam­poco se puede ser libre renun­ciando al amor. Ambas vie­nen tan liga­das que quien renun­cia a la soli­da­ri­dad, renun­cia a su liber­tad. Quien no es res­pon­sa­ble de su her­mano tam­poco es res­pon­sa­ble de sí mismo. Olvida que está hecho con un sen­tido, renun­cia a ser algo más que un ambiente donde se desa­rro­llan un sis­tema de reac­cio­nes quí­mi­cas. Olvida que puede ele­varse sobre los ánge­les. Piensa que es un tri­ci­clo, cuando en reali­dad es un Rolls Royce.

¿Encien­des el motor?

Este es uno de los posts que se per­dió cuando se me cayó la base de datos del blog. Afor­tu­na­da­mente, el haberlo com­par­tido en paper blog me ha per­mi­tido recuperarlo.

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