Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Sé tu propio dios: 16 maneras de arruinar cualquier diálogo

| 22/07/2011

Pri­mera.

Conoce esta ver­dad pri­mera, sea “Yo sé más” tu man­tra. Con­vén­cete sin lugar a dudas, ya seas pro­fe­sor o estu­diante, padre, madre o hijo, viejo o joven que “Yo sé más”.

Segunda.

Los malos enten­di­dos no exis­ten. No importa lo que ellos digan, siem­pre es un ata­que per­so­nal. Éstate alerta.

Ter­cera.

Sólo exi­ten tres razo­nes por las que ellos están en desacuerdo con­tigo. Es por­que ellos son:

  • Estú­pi­dos; si no te entenderían.

  • Mal­va­dos; te entien­den, pero no quie­ren reconocerlo.

  • Des­pis­ta­dos; no se con­cen­tran, no atien­den a tus sabias palabras.

Cuarta.

No con­fies en nadie. Ante la duda, supón que ellos inten­tan engañarte.

Quinta.

Si no lo entien­des sube el tono de voz. Grita si es necesario..

Sexta.

No pasa nada por usar un argu­mento falaz, si tus ideas lo mere­cen. No temas con­tar una pequeña men­tira si es para el bene­fi­cio de una mejor ver­dad. El fin jus­ti­fica los medios.

Sép­tima.

Sobre todo. Esto es muy impor­tant. ¡Nunca escu­ches! Nunca come­tas ese error; tú ya lo sabes todo, así que cual­quier cosa que ellos te dije­ran sólo ser­vi­ría para confundirte…

Octava

Un insulto sutil les hará más vul­ne­ra­ble a tu ágil oratoria.

Novena

Habla sólo de lo que a tí te importa. Eso siem­pre es lo más impor­tante y merece repe­tirse millo­nes de veces.

Décima

Inter­rúm­pe­les tan­tas veces como sea posi­ble, pero no dejes que ellos te inte­rrumpa. De todas for­mas no tie­nen nada sen­sato que decir.

Déci­mo­pri­mera.

Haz­les saber que no con­fías en ello. Repí­telo varias veces si es necesario.

Déci­mo­se­gunda.

No olvi­des men­cio­nar que odias sus equi­vo­ca­das ideas polí­ti­cas; búr­late de su raza, nación y reli­gión –o de su caren­cia de reli­gión– por­que la tuya, como es evi­dente, es mejor.

Déci­mo­ter­cera.

Hazte la víc­tima. Apro­ve­cha todas las opor­tu­ni­da­des para llo­rar por lo mal que te tra­tan. Jamás con­si­de­res que tus pala­bras pue­dan haber sido, si quiera, un poquito duras. Aun­que así fuera, se lo merecían.

Déci­mo­cuarta.

Tu nunca ofen­des. Ellos siempre.

Déci­mo­quinta

El diá­logo sig­ni­fica que ellos apren­den de tí y no al contrario.

Déci­mo­sexta.

El obje­tivo del diá­logo es que ellos sean, en tanto es posi­ble, un poco más pare­ci­dos a ti y que, reco­no­ciendo tu supe­rio­ri­dad moral, inte­lec­tual y espi­ri­tual, te sir­van por los siglos de los siglos.

Aylan McOdys­ca­che con­tri­buyó con esta. 17ª: Nunca ofrez­cas sim­pa­tía. Tus pro­ble­mas son peo­res que los de los demás, de cual­quier manera. No les dejes que te roben la com­pa­sión que te mereces.Y
Por último, no olvi­des com­prarte una esta­tua de tí mismo, para que pue­das ado­rarte, que­dará magníficamente…

Comparte en Twitter | Facebook