Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Si no puedes andar usa muletas

| 22/07/2011

El futuro per­tence a aque­llos que creen en la belleza de sus sue­ños ~Elea­nor Roosevelt

Los sue­ños vue­lan, noso­tros cojea­mos. Algo es un sueño pre­ci­sa­mente por­que no esta­mos pre­pa­ra­dos para alcan­zarlo. El niño minúsculo que sueña con ser escri­tor, como es mi caso, carece de los más ele­men­ta­les cono­ci­mien­tos para com­po­ner una his­to­ria que sea digna de acom­pa­ñar en las vitri­nas a Sal­gari, Dickens o Ana María Matute. Pero sueña, el ansia ya estruja su cora­zón y hasta que su alma no se rebele y se lance con toda su pasión hasta triun­far al fin o fra­ca­sar abso­lu­ta­mente será un esclavo de su anhelo. Aún siendo niño, pre­ci­sa­mente por serlo, está lleno de ilu­sio­nes sin ser iluso. El niño minúsculo que en mí per­vive, adora y añora vivir su afán sos­pe­chando que aún no sabe nada. ¿Por qué iba a poder él? ¿Se trai­cio­nará y aban­do­nará sus sue­ños por algo más sen­sato? Ni de sí mismo puede fiarse, en su corta expe­rien­cia muchas cosas se ha pro­puesto y pocas ha cum­plido. ¿Por qué esta vez va a ser diferente?

Lo mismo pasa con otra clase de sue­ños, que con­sis­ten sen­ci­lla­mente en salir ade­lante. A veces la vida apesta, muchas de éstas por­que noso­tros mis­mos nos lo hemos bus­cado, pero da igual de quien sea la culpa cuando uno está tirado en el suelo y la gente pasa y mira. El sueño, si aún queda, es levan­tarse hasta alcan­zar una rutina nor­mal: casa, tra­bajo y alguien que te quiera; cuando uno se siente inca­paz de nada de esto.

Ya véis, lo esen­cial del sueño, lo que le dife­ren­cia de un obje­tivo, es su leja­nía. A veces sólo está lejano en nues­tra mente, como los niños que no se atre­ven a nadar por temer al agua; otras la leja­nía es muy real, como cuando se quiere ser nada­dor olím­pico. Y es que los genes de nada­dor olím­pico se encuen­tran des­pués de nadar miles de kiló­me­tros, y hablo literalmente.

Arries­garse a fracasar

Ante todo arries­garse a fra­ca­sar; ésta es la deci­sión de todo héroe, la elec­ción de Aqui­les — una vida larga y segura, o una leyenda corta y glo­riosa — si me per­mi­tís el mito. Vale, toda­vía los edi­to­res no te matan si te sale mal la novela. Reco­nozco que la mayo­ría de los escri­to­res — por bue­nos que sean — jamás alcan­za­rán la fama que tele­cinco presta. Y no es que com­parta con Aqui­les su idea de glo­ria. Vamos, que saquear Troya: mejor dicho pasarse diez años cer­cando Troya para luego morir ante las mura­llas, no es mi idea de gloria.

El camino del héroe

Diez años pasa­ron los grie­gos cer­cando Troya. Olvi­dé­mo­nos de las inco­mo­di­da­des de la cam­paña, los gas­tos, la inver­sión, no ver a la fami­lia y el abu­rri­miento. No, lo peor debió ser ver a los tro­ya­nos bur­larse desde las alme­nas durante diez años. Vamos, que muchos niños tro­ya­nos se hicie­ron mayo­res inven­tán­dose chis­tes a tu costa. Diez años, y esta­mos en la edad del bronce, en el que un hom­bre de cua­renta ha visto morir a muchos de sus ami­gos. ¿Y te pasas esos 10 años cer­cando Troya? Vamos, hasta en la edad del bronce se me ocu­rren cosas más intere­san­tes que hacer, que tie­nen que ver con música, vino y mujeres.

Luego te mue­res. El Aqui­les muy cen­trado no era, vamos otras vir­tu­des ten­dría, pero fijarse en los deta­lles no era lo suyo. Tie­nes un punto débil: el talón, que ade­más lleva tu nom­bre: talón de Aqui­les, y no te cui­das de pro­te­gerlo bien, y luego va un tipo, un heroi­ci­llo de segunda divi­sión regio­nal y te da con una fle­cha y se acabó. Ahí se queda Troya, y los niños tro­ya­nos inven­tando chis­tes nue­vos com­pa­rán­dote con el des­pis­tado de Mr. Bean.

Y sin embargo Aqui­les es un héroe; Aqui­les vivió su sueño. El éxito era lo de menos, Aqui­les es recor­dado por como afrontó su vida, lo que pasara al final es una nota al mar­gen de su historia.

De Troya a tu sueño

Jamás sabrás a cien­cia cierta si tu sueño es posi­ble y mucho menos pro­ba­ble. ¿Y qué? Eso no es lo que importa, ve a por tu sueño, decide vivir como un héroe, nada, sea en los para­olím­pi­cos o en la pis­cina de tu barrio, toca en la sin­fó­nica de Viena o en la banda de tu pue­blo, escribe, publi­ques en Ilsen o en un blog, anda, aun­que sea con mule­tas. Por lo que a Homero res­pecta, el que se arriesga a fra­ca­sar ya es un Áquiles.

Si vivir sólo es soñar, haga­mos el bien soñado ~Amado Nervo

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