Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

El miedo a crear

16/01/2012 Sígueme en twitter
CC Indiefox

CC Indie­fox

En inglés lo lla­man writer’s block, en espa­ñol el horror ante el folio en blanco. Una sabia cama­rada del club de lec­tura lo llamó por su nom­bre: miedo. Me dejó claro que escri­bir, que crear requiere valor. En ese momento dudé de sus pala­bras por­que me resul­ta­ban dema­siado diá­fa­nas para ser ver­dad. Sin embargo, luego, en mi casa, me vino a la mente la ver­dad de sus pala­bras. ¿Así qué soy un valiente por atre­verme a escri­bir una novela? Pues parece ser que sí, aun­que no por ello me libro de ese miedo. Antes al contrario.

¿Es cosa sólo de escri­to­res? Ni en sue­ños. El papel, o la pan­ta­lla diá­fana del orde­na­dor no cau­san pavor a nadie, salvo a quie­nes se dis­po­nen a hacer algo que valga la pena. Enton­ces lla­ma­mos blo­queo a lo que una mujer sabia o un niño lla­ma­ría miedo.

Un ladrón lla­mado miedo

Y este miedo no se mani­fiesta sola­mente como blo­queo. Cuando uno adquiere la prác­tica de escri­bir, o de crear, es poco pro­ba­ble que no le salga una pala­bra, pero el miedo sigue ahí y tiene sus con­se­cuen­cias. Déjame com­par­tir algu­nas que he expe­ri­men­tado en mis car­nes y de las que he oído que­jarse a otros.

Si no lo hago, no me puede salir mal

El no inten­tarlo, desde luego, es la más grave de todas. Las sufren aque­llas per­so­nas que se siente nor­ma­les, o menos que nor­ma­les, e ima­gi­nando que para escri­bir algo que merezca la pena hace falta estar ins­pi­rado por el Espí­ritu Santo o ser un genio, deci­den resig­narse a una vida de mero espec­ta­dor. Esa vida puede ser mara­vi­llosa, si el espec­ta­dor es capaz de dis­fru­tar con lo creado por otros. Pero para muchos de noso­tros esa vida no nos satis­face, nece­si­ta­mos crear como comer, tene­mos voca­ción de artista. A esas per­so­nas resig­narse a no inten­tarlo les mata. Esto le puede pasar hasta al autor más famoso. Imá­gi­nate al escri­tor con­sa­grado que llora por den­tro por ser escul­tor o inter­pre­tar a sus per­so­na­jes –o a otros– sobre las tablas del tea­tro. Seguro que uno tiene que espe­cia­li­zarse y todo eso, pero nada es excusa para evi­tar diver­tirse con los ami­gos de la agru­pa­ción local o gara­ba­tear con unos lápices.

¿Y si me sale mal?

La segunda es el terror al folio el blanco y el blo­queo del escri­tor, que ocu­rren de ordi­na­rio en los dos extre­mos de la crea­ción: cuando esta­mos empe­zando y cuando esta­mos a punto de ter­mi­nar. La pri­mera la he con­se­guido domi­nar jugando, con la misma acti­tud de un niño de doce años. Se trata de tener un plan muy nebu­loso y empe­zar a esbo­zar la obra pasán­do­selo en grande, inten­tando lo mejor de uno, pero sin preo­cu­parse de anda más. La segunda me cuesta muchí­simo más. ¿Tris­teza de la des­pe­dida? ¿Fin del pequeño mundo que he estado cons­tru­yendo? ¿Una clase de muerte? Puede, pero más me parece que es miedo al fra­caso. Mien­tras estoy con mi obra la puedo mejo­rar, al fina­li­zarla ya queda con­for­mada. Y sí, se puede res­cri­bir, y de hecho lo hago, pero sobre la base de esa estruc­tura. Y sé que va a ser así y me duele acep­tar que no he sido perfecto.

Son *mis* secretos

La ter­cera es el miedo al com­par­tir. Es como aque­llo de no que­rer que vean lo que has escrito en tu cua­derno, no sea que se bur­len de tí. Me ha pasado ahora en Sad­ne­yel. Tenía la sen­sa­ción de no haber escrito nada en todos mis años. Y sin embargo nada más tenía que dar un repaso a mi disco duro y salían cosas. Y con las cosas salían excu­sas: “bueno, pero es que ahora escribo mejor”… “ya no opino exac­ta­mente igual”… “ten­dría que repa­sar eso otra vez”… “qui­zás si leen lo que escribí enton­ces pien­sen que ya no puedo escri­bir otra cosa”.

Cho­rra­das.

El exa­men de sexto de primaria

Den­tro de cinco años si sigo mejo­rando —y eso ven­drá si sigo escri­biendo — pen­saré lo mismo de lo que ahora escribo. Yo lo llamo el sín­drome del exa­men de sexto de pri­ma­ria. Ese que te salió tan bien que lo guar­das en tu car­peta con el diez del pro­fe­sor bien relu­ciente en una esquina. Luego lo lees sólo tres años más tarde y casi que te aver­güen­zas. En reali­dad debe­rías ale­grarte de hasta donde has lle­gado, pero a lo que vengo es a decirte que ante la duda es mejor publi­car, por­que esas obras son tam­bién parte de tu vida y si a tí, al menos a tí, emo­cio­na­ron en su momento a otras per­so­nas tam­bién podrá emocionar.

Estre­llas lejanas

La cuarta es el no atre­verse a alcan­zar las estre­llas. Es el “a mí me gus­ta­ría escri­bir un Espar­taco pero es que es una his­to­ria dema­siado grande para mí”. Tam­bién el “qui­sera tra­tar pro­fun­da­mente del tema del amor y de la muerte, pero bueno es que es sólo lite­ra­tura juve­nil y a lo mejor se me abu­rren, mejor hago algo de vam­pi­ros que está de moda y trato las dos cosas así sin que se note mucho”. Y el más per­ni­cioso de todos con­siste en “¿Arte? ¿Cui­dar cada frase?… Bueno, un poco sí, claro, pero, o sea que es com­pli­cado, me puede salir muy mal y si me sale mal será peor, mejor me quedo con un len­guaje cer­cano y sim­ple y nadie me puede decir que está muy mal”.

Ni muy bien, idiota. Ese idiota tam­bién va por mi. No se hacen pac­tos con el Miedo, no se habla con la Resis­ten­cia. Te la car­gas. Haces lo mejor que pue­das y se acabó. Y si sale mal, pues la vida es triste, te levan­tas, lo vuel­ves a inten­tar con lo que has apren­dido y lle­gas. Pero el que no quiere caer nunca, jamás se levan­tará del sillón. Ya hay dema­sia­dos libros blan­den­gues por el mundo. ¿Qué te sale uno insulso? Pues mala suerte. Pero no lo hagas aposta, o te traicionarás.

Una vía de solución

La ocu­pa­ción prin­ci­pal de este artículo era seña­lar al miedo y sus con­se­cuen­cias. Como enfren­tarse a él reque­ri­ría un libro largo. Sin embargo no me resigno a deja­ros sin algu­nas ideas para que podáis atra­par a este ladrón roba-sueños.

Un método de productividad

El error de muchos artis­tas, per­dón de los aspi­ran­tes, es creerse que no nece­si­tan orga­ni­za­ción o incluso que la orga­ni­za­ción matará la fres­cura de su ins­pi­ra­ción. Al con­tra­rio, tener un plan, aun­que sea fle­xi­ble, te per­mite orien­tar tu obra y dis­tri­buir los tiem­pos. Al mismo tiempo con­si­gue que tu vida dia­ria y tus otras obli­ga­cio­nes no obs­ta­cu­li­cen tus ansias de crear sino que te apo­yen a ello.

Una acti­tud juguetona

El adulto crea­tivo es el niño que ha sobre­vi­vido. ~Úrsula K. Leguin

La crea­ción es sólo uno de los tipos de jue­gos de los niños. Es más, pasada la edad más tem­prana, se puede decir que la ima­gi­na­ción está en todos los jue­gos de los niños. Incluso en el mismo fút­bol. Asu­mir esa acti­tud de juego nos per­mite dejar que la ima­gi­na­ción fluya con rapi­dez, y dejar­nos sor­pren­der por las ideas que sur­gen, sin inten­tar domi­nar ni impo­ner nues­tra volun­tad a la magia. Y enton­ces es cuando la magia surge.

La reso­lu­ción apesarde

Esto es, que harás las cosas “A pesar de”. A pesar de que no me ha salido per­fecto. A pesar de que podría revi­sarlo otra vez más. A pesar de que hay per­so­nas que podrían haberlo hecho mejor. A pesar de que otras ya lo han hecho. A pesar de que poca gente se interese por lo que tengo que decir. A pesar de que “no haya mer­cado”. A pesar de que sea raro. A pesar de que sea invierno. A pesar de que tenga miedo. A pesar de que sea muy joven. A pesar de que sea muy viejo. A pesar de que esté en una edad media. A pesar de mis a-pesares, voy a ter­mi­nar y voy a publi­car y más vale que nada se ponga en mi camino por­que va a aca­bar aplastado.

Kai­zen

Recuerdo que cuando comencé a hacer ejer­ci­cio, “sabía” que iba a fra­ca­sar. Usé enton­ces un método que ape­nas empe­zaba a cono­cer: el kai­zen. La cosa supone mejo­ras muy peque­ñas que vas luego agran­dando muy poco a poco. Las mejo­ras son tan chi­cas que el miedo no se entera, no les da impor­tan­cia y las deja pasar. Pero poco a poco te van mejo­rando por den­tro. Y cuando se quiere dar cuenta, al miedo le ha pasado su oportunidad.

Aún así no fue fácil. Cuando se está muy gordo hacer ejer­ci­cio da miedo. Desde hacer el ridículo hasta morirse, todo pasa por uno cuando se pone a correr. Pero al hacerlo a pocas dosis es posi­ble alcan­zar muchas peque­ñas vic­to­rias que te demues­tran la fal­se­dad fun­da­men­tal de todos esos mie­dos. Vamos, que son men­tira cochina.

Te pro­pongo el mismo método para crear. No empie­ces con una novela, o una serie de treinta y ocho capí­tu­los, o una novela grá­fica. Haz un haiku. O un corto de un minuto, rodado con el móvil y un amigo, o sin amigo y deja el móvil gra­bando. O dibuja una viñeta. Y luego publí­cala. Y verás que el mundo no se cae y qui­zás hasta a alguien le guste.

Os envío al mundo

Os toca. Per­ded toda espe­ranza, ni yo ni nadie va a escri­bir, pin­tar, actuar o rodar por voso­tros. Tam­poco nadie va a hacer vues­tra apor­ta­ción a la polí­tica o a la ONG local. No se puede. Yo no soy nin­guno de uste­des, ni de uste­das, si me per­do­náis la broma. Por eso es tan urgente que os atre­váis, por­que si no os atre­véis el mundo, y yo, os habre­mos per­dido y vues­tra espe­cial alma jamás tocará nues­tras vida, ni nos hará mejores.

Os toca. Ense­ñad­nos. Haced­nos feli­ces, o haced­nos llo­rar, pero haced­nos algo, para que nunca este­mos sin la com­pa­ñía de vues­tro corazón.

Reco­men­da­dos

post anti­guo rescatado