Las palabras son importantes. Es divertido porque si usamos un lenguaje rimbombante podemos engañarnos a nosotros mismos, ayudados por nuestro propio orgullo.
Administrar el tiempo, por ejemplo
Vamos a darle una miradita al diccionario. La RAE trae ocho acepciones de la palabra administrar, de las cuales, las únicas que pueden aplicarse, con algo de imaginación al tiempo, creo que son estas tres:
- Administrar
- Gobernar, ejercer la autoridad o el mando sobre un territorio y sobre las personas que lo habitan || Ordenar, disponer, organizar, en especial la hacienda o los bienes || Graduar o dosificar el uso de algo, para obtener mayor rendimiento de ello o para que produzca mejor efecto
Y ahora, escribiendo con cuidado, porque me están mirando los académicos, me parece que administrar el tiempo es darle órdenes al reloj. Me explico
Lo de ejercer la autoridad o el mando sobre el tiempo es el sueño imposible de todas las generaciones. Y en imposible se va a quedar porque hasta las estrellas envejecen. Lo de ordenar el tiempo, ¿acaso puedo poner el año 2011 antes que el 2010? ¿O este segundo después que el segundo siguiente? Ni el presidente de Apple puede ordenar el tiempo. En cuanto a dosificar el uso de algo, lo cierto es que tampoco puedo frenar el transcurso del tiempo. Como mucho podré estimar cuanto tiempo conlleva una tarea, eso es todo y asignar recursos conforme a esa estimación.
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