<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?> <rss
version="2.0"
xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
><channel><title>Sabiavida&#187; literatura</title> <atom:link href="http://sabiavida.com/tag/literatura/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" /><link>http://sabiavida.com</link> <description>Sabiduría en práctica &#124; Miguel de Luis</description> <lastBuildDate>Wed, 18 Apr 2012 17:27:27 +0000</lastBuildDate> <language>en</language> <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod> <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency> <generator>http://wordpress.org/?v=3.3.2</generator> <item><title>He publicado en Amazon</title><link>http://sabiavida.com/amazon</link> <comments>http://sabiavida.com/amazon#comments</comments> <pubDate>Mon, 13 Feb 2012 21:26:23 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[autopublicación]]></category> <category><![CDATA[ciencia ficción]]></category> <category><![CDATA[lij]]></category> <category><![CDATA[publicar]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=2664</guid> <description><![CDATA[Quisiera dedicar sólo unas breves líneas a deciros que he publicado mi primer ebook en Amazon. Todo ha resultado muy sencillo: ya tenía el libro en formato kindle, merced a Scrivener –aunque el sistema dispone de un conversor de archivos que no he necesito probar–. Me ha bastado completar algunos cuantos campos, elegir las dos [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Quisiera dedicar sólo unas breves líneas a deciros que he publicado mi primer ebook en <a
href="https://kdp.amazon.com/self-publishing/signin">Amazon</a>. Todo ha resultado muy sencillo: ya tenía el libro en formato kindle, merced a Scrivener –aunque el sistema dispone de un conversor de archivos que no he necesito probar–. Me ha bastado completar algunos cuantos campos, elegir las dos categorías del libro, escoger las palabras claves y darte de alta en el servicio.</p><p>Después sólo necesité esperar unas horitas (decía 12, pero fueron menos) y esperar a su publicación. Todo bien, menos una queja. No sé si entendí mal, pero creía que si no disponías de una portada ellos te asignaban una “de oficio”, por así decir. Pues no ha sido, como podréis comprobar.</p><h2>Y tu libro, ¿de qué va?</h2><p>Me gusta que me hagas esa pregunta. Pues bien, se trata del relato de ciencia ficción <a
href="http://www.amazon.es/C%C3%B3mo-Fabricar-tu-Familia-ebook/dp/B00781Y2U8/ref=sr_1_1?ie=UTF8&amp;qid=1329168067&amp;sr=8-1">“Como fabricar a tu familia”</a>, que también tenéis dividido en cuatro posts en este mismo blog. La única diferencia es que la versión de amazon es una edición revisada de la que tenéis gratis aquí. Y el precio, 98 céntimos, por poner algo.</p><p>Creo que este es el futuro de la literatura.</p><p>Bueno, puede que mi relato no, <img
src="http://sabiavida.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif?9d7bd4" alt=':-)' class='wp-smiley' /> , pero sí veo que el ebook hace que el tamaño de un libro ya será menos obstáculo a la publicación. Si acaso por demasiado largos (pues después de 3000 folios ya más vale que te llames Victor Hugo para que te siga leyendo), pero no por demasiado cortos. Se abre la veda de los cuentos y los relatos publicados así, tranquilamente y por el precio de un café.</p><p>//
Por cierto estaría bien que os lo comprarais, y pusierais alguna crítica, preferiblemente positiva
//</p><h4>Términos de búsqueda:</h4><ul><li>como se si he publicado bien en amazon</li><li>he publicado en amaz</li><li>he publicado en amazon</li><li>he publicado un ebook</li></ul>]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/amazon/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Cómo fabricar a tu familia 4/4</title><link>http://sabiavida.com/como-fabricar-a-tu-familia-44/</link> <comments>http://sabiavida.com/como-fabricar-a-tu-familia-44/#comments</comments> <pubDate>Tue, 31 Jan 2012 05:00:50 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[mis obras]]></category> <category><![CDATA[relato]]></category> <category><![CDATA[ciencia ficción]]></category> <category><![CDATA[cifi]]></category> <category><![CDATA[extraterrestre]]></category> <category><![CDATA[juvenil]]></category> <category><![CDATA[las navidades]]></category> <category><![CDATA[lij]]></category> <category><![CDATA[literatura juvenil]]></category> <category><![CDATA[nasa]]></category> <category><![CDATA[robot]]></category> <category><![CDATA[scifi]]></category> <category><![CDATA[supervivencia]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=2619</guid> <description><![CDATA[Cuarta parte de “Como fabricar a tu familia”. Tras corregir este borrador publicaré un ebook. Se admiten, por tanto, comentarios Final Juan se lanzó a la última opción que le quedaba: aprender él mismo a programar. No faltaba información en los sistemas; si acaso había demasiada: desde matemáticas hasta ingeniería de software; pero todo se [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<div
id="attachment_2630" class="wp-caption aligncenter" style="width: 650px"><a
href="http://www.flickr.com/photos/victius/4619779195/sizes/z/in/photostream/"><img
src="http://sabiavida.com/wp-content/uploads/2012/01/albor1.jpg?9d7bd4" alt="Campos de sol" title="Árbol" width="640" height="427" class="size-full wp-image-2630" /></a><p
class="wp-caption-text">CC Feggy Art</p></div><p><small>Cuarta parte de “<a
href="cifi/familia">Como fabricar a tu familia</a>”. Tras corregir este borrador publicaré un ebook. Se admiten, por tanto, comentarios</small></p><h2>Final</h2><p>Juan se lanzó a la última opción que le quedaba: aprender él mismo a programar. No faltaba información en los sistemas; si acaso había demasiada: desde matemáticas hasta ingeniería de software; pero todo se le hacía grande y, a la vez pequeño. No necesitaba crear un gran programa complejo, sólo un pequeño toque, encontrar justo una línea que debía modificar para que Madre 4.7 acelerara su inculturización.</p><p>Debía dejar de ser humano antes del final de curso. Y le absorbía tanto la tarea que no se paró a pensar si era eso lo que quería. Además debía transformarse pronto. Dos fines de semana volvió sin los deberes hechos y tuvo que aguantar los discursos de su madre, pero le dio igual. Por fin, el tercer fin de semana, tuvo una idea. ¿Y si alguien en Datadad había intentado lo mismo antes? Alguna clase de código para obligar a una inteligencia artificial a hacer lo que quieras. No parecía descabellado.</p><p>La única forma de preservar la cultura de Datadad había sido preservar también sus contenidos digitales. Fueran legales, ilegales o sencillamente ridículos: como los dibujos de una clase de primaria, por ejemplo. Y también los descubrimientos de un hacker. De nuevo encontró demasiada información; muchas instrucciones de código alternativas, e incluso programas ya compilados, pero no podía confiar en ninguno. Y luego estaba el tema de la seguridad, ¿cómo se engaña a una inteligencia artificial para que te deje programarla?</p><p>–Mamá.</p><p>–¿Sí?</p><p>–¿Me dejas programarte un poco?</p><p>-¿Por programarme quieres decir introducir cambios en mi estructura de pensamiento?</p><p>–Vale.</p><p>–¿Sabes lo que estás haciendo?</p><p>–No muy bien, ¿me ayudas?</p><p>–¿Qué quieres hacer?</p><p>–Insertarte una función nueva de interacción con el exterior.</p><p>–O sea para hablar contigo.</p><p>–Sí, algo así.</p><p>–¿Por qué? ¿Funciona algo mal? Creo que no.</p><p>–No, todo funciona muy bien. Es que… bueno… quiero hacerlo yo. ¿Me dejas?</p><p>Madre 4.7 se quedó pensativa un rato. Luego asintió, suspirando. –Está bien.</p><p>–Tendrás que ponerte en modo de depuración de errores, porque seguro que habré cometido alguno.</p><p>–Muy bien.</p><p>Juan no pudo hacerlo. Se sintió como un criminal. Artificial o no, aquella era una inteligencia, un otro ser diferente. Al final evitó el código de los hackers, y puso uno propio, una tontería que distorsionaba la voz de Madre 4.7 y que sólo consiguió que funcionara después de veinte intentos.</p><p>–Mamá, –le dijo al día siguiente, –¿no te da pena de qué yo fracase?</p><p>–No has fracasado.</p><p>–No seré de Datadad, no me dará tiempo a ser igual que ellos.</p><p>–Nunca lo hubieras sido.</p><p>–Bueno, en lo dentro, en el espíritu. Ya sabes lo que quiero decir, Vida Nueva y todo eso, que no se muera la cultura de Datadad.</p><p>–Lo que vive cambia y lo que cambia pierde.</p><p>–Y lo que pierde, gana, ya me lo sé. –Era un refrán de Datadad.</p><p>–Pues eso. Si Datadad siguiera vivo, su cultura hubiera cambiado. Trebea no construyó la pirámide sagrada de nuestro mundo; la estudió en la escuela, como tú a los egipcios. Lo único que podía hacer era transmitirte nuestra semilla.</p><p>–¿Cómo Treabea te hizo a ti?</p><p>–Algo así. Ahora lo que Datadad sea, será a través tuya.</p><h3>FIN</h3> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/como-fabricar-a-tu-familia-44/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Cómo fabricar a tu familia 3/4</title><link>http://sabiavida.com/como-fabricar-a-tu-familia-34/</link> <comments>http://sabiavida.com/como-fabricar-a-tu-familia-34/#comments</comments> <pubDate>Mon, 30 Jan 2012 05:05:48 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[cultura]]></category> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[mis obras]]></category> <category><![CDATA[relato]]></category> <category><![CDATA[ciencia ficción]]></category> <category><![CDATA[cifi]]></category> <category><![CDATA[extraterrestre]]></category> <category><![CDATA[juvenil]]></category> <category><![CDATA[las navidades]]></category> <category><![CDATA[lij]]></category> <category><![CDATA[literatura juvenil]]></category> <category><![CDATA[nasa]]></category> <category><![CDATA[robot]]></category> <category><![CDATA[scifi]]></category> <category><![CDATA[supervivencia]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=2608</guid> <description><![CDATA[Tercera parte de “Como fabricar a tu familia” « Capítulo anterior Navidades Objetivo 7–35, la madre de Juan, durmió toda la mañana del 22 de diciembre. El chico preparó el desayuno y la esperó leyendo hasta que se hicieron las once y media. Después, se volvió a acostar. Juan y Objetivo 7–35 fueron felices después, [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<div
id="attachment_2609" class="wp-caption aligncenter" style="width: 650px"><a
href="http://www.flickr.com/photos/68341867@N00/3802916043/"><img
src="http://sabiavida.com/wp-content/uploads/2012/01/feliz.png?9d7bd4" alt="La felicidad de los niños" title="feliz" width="640" height="428" class="size-full wp-image-2609" /></a><p
class="wp-caption-text">CC Ariel López</p></div><p><small>Tercera parte de “<a
href="cifi/familia">Como fabricar a tu familia</a>”</small></p><h3>« <a
href="cifi/familia/2">Capítulo anterior</a></h3><h2>Navidades</h2><p>Objetivo 7–35, la madre de Juan, durmió toda la mañana del 22 de diciembre. El chico preparó el desayuno y la esperó leyendo hasta que se hicieron las once y media. Después, se volvió a acostar.</p><p>Juan y Objetivo 7–35 fueron felices después, porque almorzaron juntos, lentamente, una suerte de pantagruélica mezcla de desayuno y almuerzo, con leche, cereales, hamburguesas del súper, ensaladas de bolsa, dos clases de ketchup, zumo de naranja de tetrabrick y turrones.</p><p>Objetivo 7–35 dejó las malas noticias para el final, después de pasar la tarde juntos en el sofá, frente a Casablanca, la vieja película. Iba a trabajar todas las navidades, especialmente tardes y noches, aún en Nochebuena, fin de año y reyes. Además el abuelo se había puesto enfermo y no era buena idea que Juan se fuera al pueblo.</p><p>Juan sonrío con un brillo líquido en el lacrimal. No tenía sentido enfadarse; era su vida, lo normal, lo de otras veces. A los tres años se pasó las navidades con una tía; a los cuatro en un centro; a los siete, a los nueve y a los doce, con sus abuelos en el pueblo, donde pasaba mucho frío y se quiso quedar. Pero no pudo ser.</p><p>–¿Me puedo ir a casa de Gumer? –Juan no había dicho nada de la muerte de su amigo.</p><p>–¿Y cuándo vuelves?</p><p>–No sé, ¿cuándo estaría bien?</p><p>–El… bueno, voy a estar trabajando todos los días, casi todos, ya lo sabes. Supongo que todas las navidades estaría bien. Bueno, todo el tiempo que le parezca bien a la madre de Gumer. ¿Estás seguro de qué quieres?, por que, bueno, a lo mejor, si es posible, podría arreglarlo, bueno, si es que me cambian el turno.</p><p>–No hay problema, mamá.</p><p>–No te olvides de limpiarte después de ir al water.</p><p>–¡Mamá!</p><p>Las navidades en la casa de Gumer fueron de todo menos tradicionales. Juan, como siempre hacía cuando quería olvidar alguna cosa, se concentró en el trabajo. Primero en los estudios; después en Datadad, su cultura y ciencia. Pero también su alma. Amigo 6 se pasó desconectado la mayor parte del tiempo mientras Juan se entretenía con las personalidades virtuales que representaban a las grandes figuras históricas de Datadad; algo así como si se pudiera charlar con Atila, Marco Polo, Madame Curie y Cristóbal Colón. Sólo después de fin de año, comenzó a jugar, y aceptó intercambiar risas con Amigo 6, pero después de un rato, recordaba a Gumer y volvía a los estudios. Tenía el 3º de la ESO como excusa.</p><h2>Crisis</h2><p>Juan y su madre pasaron la Semana Santa en el pueblo. El abuelo se había muerto en febrero y la abuela se encontraba sola. El último día le dijeron que habrían cambios; creían que era mejor que Juan se quedara en el pueblo cuando acabara el curso. El instituto quedaba a una hora de autobús gratuito y, por lo menos hasta que empezara la universidad, tendría una vida más normal. Su madre se vendría también, en noviembre, cuando terminaran el puente. Había juntado algún dinero y con eso y lo que le prestara la abuela abriría una cafetería en el nuevo cruce; sería un buen negocio con pocos gastos y en cualquier caso ya no tendría que despertarse de madrugada.</p><p>Juan se enfadó para dentro. ¿Qué pasaría ahora con Datadad? Mintió, dijo que muchas gracias, que le hacía mucha ilusión, pero no engañó a nadie. La abuela no se lo tomó a mal “tendrá alguna chica” y su madre le echó la culpa a la “edad de la tontería”, pero no hizo un espectáculo de ello. Sabía que Juan se vendría y que se acomodaría al pueblo. “Lo de Gumer se le pasará”.</p><p>Madre 4.7 reaccionó con serenidad ante las nuevas noticias.</p><p>–Entonces tendrás que terminar tu aprendizaje en julio.</p><p>–Pero, es imposible, ¿sabes todo lo qué me queda por aprender?</p><p>–Era imposible desde el principio. Ya lo sabían en Datadad.</p><p>–Pero si no termino mi educación Datadad se morirá, para siempre.</p><p>–Datadad está muerto.</p><p>–¡No!</p><p>–Juan…</p><p>–Bueno… sí, está muerto, ya lo sé desde el primer día, vale, pero todavía podemos devolverlo a la vida; no todo, pero casi, bueno algo, pero todavía no vive nada.</p><p>–Juan. Sabes que aunque acabes ahora tu educación, la información siempre estará aquí esperándote.</p><p>–No es lo mismo, ya no seré un niño. Tú lo dijiste, necesitáis un niño para poderlo educar. Ya seré adulto.</p><p>–Tendrá que ser así.</p><p>–No me vale; estoy enfadado. ¿Cómo puedes tirarlo todo por la borda? ¿Te has olvidado de Trebea? –se refería a la presidente del proyecto Vida Nueva. –Eres una traidora.</p><p>–Juan, soy una máquina.</p><p>Juan tembló y por fin lloró como no había hecho desde que tenía memoria. Madre 4.7 bajó las luces y apagó el sonido.</p><h2>Orfeo a los muertos</h2><p>Aquella misma tarde el chico recobró su compostura y volvió a su rutina de estudios aunque concentrado en mil cosas y en ninguna. En su cuaderno escribió en Tolkienia: Rescatar la Victoria; arrancó la página y la pego en la pared. ¿Pero, cómo? Sabía que no merecía la pena intentar evitar que su madre volviera al pueblo. Además era injusto para ella. Quizás pudiera retrasarlo un par de semanas, pero ¿para qué? Todavía le faltaba mucho para convertirse en algo parecido a un nativo de Datadad, aunque sólo fuera en cultura. Ni siquiera hablaba el idioma demasiado bien; lo sabía porque las personalidades virtuales le entendían mal a veces.</p><p>Volvió a su cuaderno y empezó a escribir y tachar ideas:</p><ul><li><p>Crear un transporte super-rápido para ir del pueblo a la base. Desechado; Constructor 3 funcionaba cada vez peor, no tenía las piezas ni las materias primas y además podrían descubrirle en su super-moto espacial o lo que fuera.</p></li><li><p>Trasladar la Embajada. Aún más imposible.</p></li><li><p>Explicárselo a su madre. Ni loco.</p></li><li><p>O a los científicos. Entonces querrían investigarlo ellos y se matarían el proyecto.</p></li><li><p>Aprender más rápido. No, no podía ser. Madre 4.7 estaba programada para dar las lecciones a un ritmo constante, una vez establecidas las capacidades del objetivo. O sea, él. Y no podía convencerla para ir más rápido; no se puede convencer a una máquina, a menos que… no, la idea que se le acababa de ocurrir era una tontería, re-programarla. No, ni de bromas, era una inteligencia artificial extraterrestre y él no era tan listo.</p></li></ul><p>Pero si conocía a alguien tan listo. ¿Y si le mandaba un mensaje? Madre 4.7 se daría cuenta, pero era una máquina. Hasta entonces sólo había intervenido para evitar que accediera a contenidos de adultos. Quizás no reaccionara. Valía la pena intentarlo.</p><p>Juan operó la interfaz hasta que se proyectó la imagen tridimensional de una mujer de Datadad, vestida con la toga púrpura de los científicos.</p><p>–Saludos de felicidad, Trebea –Juan usaba la variante más formal del Tolkienia.</p><p>–Paz y felicidad. ¿No es una saludo muy formal para alguien de tu edad?</p><p>–Trebea, necesito que me ayude. Vida Nueva está en peligro.</p><p>–¿En peligro? Vida Nueva siempre fue como lanzar una botella al mar, como un billete de lotería cósmico. Vamos, me dejaron hacerlo sólo para que la gente tuviera alguna esperanza a la que agarrarse. Enfrentarse a la extinción total es una experiencia desgarradora.</p><p>–Ya, bueno, perdone, pero yo tengo esa botella. Bueno la tenía, bueno la tengo, pero me la quieren romper. Lo que quiero decir es que el proyecto podría funcionar, sólo que se me acaba el tiempo.</p><p>–Ah, no te sientas mal por ello.</p><p>–Bueno, pero tengo una idea.</p><p>–Dime.</p><p>–Si… ¿usted programó a Madre 4.7?</p><p>–No exactamente; programé una semilla, una especie de fractral lógico. No me entiendes, ¿verdad?</p><p>–Un poco.</p><p>–Digamos que creé una especie de inteligencia artificial que evoluciona. Yo no programé a Madre 4.7, sino a su bisabuela, por así decir.</p><p>–¿Y no podría cambiar la programación?</p><p>–Sí.</p><p>–Pues cámbiela.</p><p>–¿Quieres decir ahora?</p><p>–Bueno, el tiempo que le lleve.</p><p>–No, yo soy sólo la personalidad virtual de Trebea. No tengo sus conocimientos en detalle. Sólo la simulo. Lo siento.</p><h3>Continuará</h3> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/como-fabricar-a-tu-familia-34/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Cómo fabricar a tu familia 2/4</title><link>http://sabiavida.com/cifi/familia/2</link> <comments>http://sabiavida.com/cifi/familia/2#comments</comments> <pubDate>Sat, 28 Jan 2012 05:00:06 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[mis obras]]></category> <category><![CDATA[relato]]></category> <category><![CDATA[ciencia ficción]]></category> <category><![CDATA[cifi]]></category> <category><![CDATA[extraterrestre]]></category> <category><![CDATA[juvenil]]></category> <category><![CDATA[lij]]></category> <category><![CDATA[literatura juvenil]]></category> <category><![CDATA[nasa]]></category> <category><![CDATA[robot]]></category> <category><![CDATA[scifi]]></category> <category><![CDATA[supervivencia]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=2594</guid> <description><![CDATA[Segunda parte de “Como fabricar a tu familia” El camino Juan agotó el saldo de su móvil para conseguir el sí. A su madre no le gustaba discutir, siempre estaba triste y desanimada. Para convencerla bastaba con hablar mucho y Juan lo sabía mejor que nadie. Ganar siempre no le gustaba del todo porque era [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<div
id="attachment_2597" class="wp-caption aligncenter" style="width: 650px"><a
href="http://www.flickr.com/photos/pathenson/2389737552/sizes/l/in/photostream/"><img
src="http://sabiavida.com/wp-content/uploads/2012/01/rust.jpg?9d7bd4" alt="Camión oxidado" title="rust" width="640" height="341" class="size-full wp-image-2597" /></a><p
class="wp-caption-text">CC Patrick Henson</p></div><p><small>Segunda parte de “<a
href="cifi/familia">Como fabricar a tu familia</a>”</small></p><h2>El camino</h2><p>Juan agotó el saldo de su móvil para conseguir el sí. A su madre no le gustaba discutir, siempre estaba triste y desanimada. Para convencerla bastaba con hablar mucho y Juan lo sabía mejor que nadie. Ganar siempre no le gustaba del todo porque era un poco como no tener madre, y no se sentía siempre seguro para tomar él solo sus decisiones. Pero en esa ocasión estaba feliz, al menos pasaría la noche con alguien. De su casa buscó una camiseta casi nueva y unos bañadores tipo short para dormir, los libros y los cuadernos de las asignaturas y su nintendo. Por último cogió unos calzoncillos, sólo por si acaso y bajó.</p><p>Juan le guió hasta la parada del autobús. Cogieron una ruta muy larga hasta las afueras de la ciudad. Al llegar a término se bajaron y caminaron cuesta arriba por un camino que de asfalto se hizo de tierra hasta internarse en un pinar salvaje.</p><p>–¿Estás seguro qué es por aquí?</p><p>–Sí, claro, es mi casa.</p><p>–¿Queda mucho?</p><p>–No. Juan, ¿quieres olvidarlo todo?</p><p>–No, sigamos.</p><p>–Primero te cuento un secreto.</p><p>–¿Estás metido en un lío?</p><p>Amigo 5 negó sin palabra. –Soy un robot.</p><p>–Anda, es muy tarde para bromas.</p><p>–Te lo demostraré.</p><p>Amigo 5 se desconectó. Su boca se quedó abierta en la “e”, sin emitir sonido. Los párpados seguían subidos. Ni siquiera respiraba, parecía una extraña estatua de cera que alguien hubiera abandonado en medio del monte.</p><p>–No hace gracia.</p><p>Juan se acercó.</p><p>–Te pellizco, como sigas fingiendo te pellizco.</p><p>Nada.</p><p>–Vale, te lo buscaste. –Juan agarró entre sus dedos un buen pellizco de la piel sintética de Amigo 5 y la retorció a izquierda y derecha. Amigo 5 seguía sin vida. –Venga, no te has muerto. –Juan aproximó su oreja al pecho de Amigo 5; no escuchó nada. –¿No te has muerto Gumer, verdad?, despierta Gumer, despierta. Juan abrazó a Gumer y le golpeaba y le llamaba, tratando de que reaccionara hasta que éste cayó, tal cual estaba, como una estatua.</p><p>–Gumer…</p><p>Amigo 5 se reactivó. –He vuelto. Perdona no quería hacerte pasar miedo. Soy un robot, ¿me crees ya?</p><p>–Sí. –Juan miró hacia los lados, buscando las cámaras de algún bromista.</p><p>–Tengo otro secreto. Me voy a romper, a dejar de existir, a morirme si lo prefieres, y pronto. Yo y mi familia, también. ¿Nos ayudas?</p><p>–Vale.</p><p>–Muchas Gracias. Ahora puedes venir a mi casa. –En ese momento un ascensor emergió de lo alto de un cerro cercano.</p><h2>Embajada cultural extraterrestre</h2><p>Juan dudaba en salir del ascensor. Ante él había un pasillo de color crema y moqueta granate. Cuadros de William Bouguereau, su pintor favorito, colgaban de las paredes como en un museo; sonaba su música favorita. Alguien se estaba tomando muchas molestias para hacerle feliz.</p><p>–No pasa nada si ensucias el suelo, Juan, tenemos limpieza robot. –Amigo 5 sonrió pero Juan se quedó clavado en el sitio, entendiendo que era una máquina quien le sonreía ahora. –Pero si quieres entrar en calcetines también está bien. A mi madre seguro que le gusta más.</p><p>Juan asintió y se quitó los zapatos con los pies. El robot le imitó y entraron juntos. Se abrió la puerta del fondo y una voz femenina, basada en Objetivo 7.35 con un toque de mayor calidez y menor cansancio, les invitó a entrar.
Llegaron a un salón con forma de herradura. La parte curva era un inmenso ventanal desde la que se divisaba la ciudad iluminándose para la noche. Un tresillo amplio y blandito les esperaba.</p><p>–Sentáos.</p><p>Tras Gumer, Juan se sentó en el sofá, muy rígido, como si tuviera que hablar con un profesor tras haber hecho una trastada. Entonces una luz azul bajó del techo y ante ellos se formó una figura femenina vestida de vaqueros, jersey y calcetines.</p><p>–Saludos, Juan. Yo me llamo Madre 4.7 y soy la Inteligencia Artificial que gobierna esta Embajada. No tengas miedo, por favor, necesitamos tu ayuda. Tú puedes salvarnos. Por favor, ¿quieres?</p><p>–Bueno, pero yo no sé nada de robots, lo saben, ¿verdad?</p><p>–Lo sabemos. Necesitamos un amigo, no un ingeniero.</p><p>–Vale… supongo…que sí y eso y ¿qué tengo que hacer?</p><p>–Ver una película. Después decidirás si quieres ayudarnos o no.</p><p>La sala quedó un momento a oscuras. Luego el ventanal se convirtió en una pantalla 3D. La película empezaba en un observatorio astronómico, luego la cámara se dirigió al sector del cielo que domina la estrella Aldebaran. Desde allí, escogió otra estrella, y de ella un planeta de mares, continentes y atmósfera.</p><p>Ayudante 1, que parecía poco más que un cubo con ruedas, apareció entonces con un desayuno de leche humeante y magdalenas de chocolate. Era casi de noche, pero a Juan no le importó el detalle. Quizás era lo más normal de toda la situación, sobre todo ahora, que veía a Gumer, el robot, comiendo feliz.</p><p>La película mostraba ahora el amanecer de la estrella sobre el planeta. Una multitud antropomorfa, con cuatro dedos por mano, se afanaba en levantar algo parecido a una pirámide faraónica. La estrella se posó y nació miles de veces a toda velocidad, hasta volver a nacer mayor sobre la llanura. El pueblo alienígena había construido una gran ciudad protegida bajo una cúpula oscura y traslúcida. En su interior seres vivos y robots compartían los días. La cámara se acercaba a la estrella, enfocando sus manchas y llamaradas, cada vez más amenazantes. Luego iba a un grupo de científicos, que caían dormidos, haciendo cálculos. Afuera había quedado la gran pirámide solitaria en torno a un mar de extraños esqueletos y troncos resecos.</p><p>Las letras “Proyecto Vida Nueva” aparecieron en la pantalla. Un cohete emprendió viaje al espacio. Dentro sólo había dos grandes ordenadores y cuatro máquinas automatizadas: Constructor 1, 2, 3 y 4.</p><p>–Constructor 3 me fabricó a mí</p><p>–Vale, ¿y la gente?</p><p>La película mostraba ahora la estrella creciendo hasta casi engullir el planeta; sobre la superficie la pirámide sagrada había comenzado a derretirse.</p><p>–¿Se murieron?</p><p>–Todos.</p><p>La sala entonces se iluminó y la pantalla se quedó en blanco. Madre 4.7 volvió a tomar forma.</p><p>–No estés triste. Todo eso sucedió hace milenios. Pero ahora te necesitamos. Verás Constructor 3 es ya muy viejo, viejísimo para una máquina, y es el único que queda de los constructores y no podemos fabricar más con los recursos que disponemos. Cuando se estropee del todo, nosotros nos iremos desgastando y ya no habrá nadie que nos renueve. Pero eso está bien si decides ayudarnos.</p><p>–¿Cómo?</p><p>–Aprendiendo.</p><p>–Pero, ¿por qué yo?, ¿por qué no alguien mejor como un profesor de universidad o experto en cosas extrañas del espacio o algo?</p><p>–¿Conoces a los egipcios y sus pirámides?</p><p>–Sí, lo he estudiado un poco, creo.</p><p>–Eso es, los has estudiado, pero ya han desaparecido, no puedes hablar con uno de ellos, ni compartir sus emociones, ni sentarse a su lado, ni aprender de ellos. Por eso te buscamos a ti. Necesitamos alguien a quien educar.</p><p>–Un niño.</p><p>–Exacto. Nosotros seremos como tu familia de Datadad y así, cuando estés preparado, Datadad podrá hablar con tu mundo y nuestras emociones, nuestra cultura y nuestro arte bailarán en una nueva vida.</p><h2>Aprendiendo</h2><p>Juan jugó con Gumer lo que quedaba de la tarde, usando la gran pantalla como una consola. Durmieron juntos en una habitación con estufa, alfombra y dos pequeñas camas de roble con dosel. El niño tardó un poco más en dormirse en parte porque para el robot sólo era necesario ejecutar un programa, y en parte porque precisamente su amigo de los fines de semana había resultado ser una máquina. Se sintió un poco como si viviera en un juego y en momentos sintió miedo. Pero todos habían sido tan amables y aquella habitación tan cálida que acabó por deslizarse bajo la manta y cerrar los ojos.</p><p>Desayunaron lo mismo que la cena. Madre 4.7 le recordó los deberes y se puso a hacerlos en el salón, sobre un pupitre que salió de la pared. La inteligencia artificial le ayudó detectando los errores casi al mismo tiempo que los escribía, de modo que terminó muy rápido. Jugó después un rato con Gumer en el monte y, desde allí bajaron por un vericueto empinado, de esos que te sacan el corazón de miedo, hasta una estación de cercanías.</p><p>Juan volvió con su madre y no le contó más que había hecho los deberes, había cenado y desayunado y había jugado con su amigo. Y pasaron dos, tres semanas y a la cuarta Gumer lo volvió a invitar. Juan aceptó de nuevo, esta vez sin pensar. Aquella tarde de sábado comenzó su aprendizaje. Le leyeron un cuento infantil de aquel planeta, que se llamaba algo parecido a Datadad que, por lo que entendió, significaba algo así como Gran Casa. También le enseñaron los fonemas básicos de Tolkienia, su lengua más popular y le dejaron escuchar algo de música. Para el domingo por la mañana volvió a sus deberes y a los juegos.</p><p>Fue pasando más tiempo con su familia robótica. Al final del segundo de la ESO había llegado a tener casi tantos sobresalientes como asignaturas. Al mismo tiempo ya podía chapurrear algunas palabras en Tolkienia con Gumer y escribir algunas más en su preciosa grafía. Por lo demás era feliz. Fue al campamento, como todos los años, y pasó dos semanas en el pueblo y tres días en la playa, con su madre, pero casi todo el resto del tiempo lo pasó con Gumer en su casa. El verano anterior había gastado esos días en tratar de divertirse, soportar la canícula y evitar a los que querían robarle o liarle para que robara para ellos.</p><p>Tras las vacaciones se defendía en Tolkienia y conocía mejor la historia de Datadad que la propia. Ya se había dado cuenta de que los científicos alienígenas habían cuidado la didáctica; sus mejores profesores habían diseñado su aprendizaje y Madre 4.7 y Gumer sólo tenían que adaptar alguna cosa. Ni siquiera tenía la sensación de estar estudiando, sólo aprendiendo, como un niño pequeño, aunque mucho más rápido.</p><p>Y llegó tercero de la ESO.</p><h2>La muerte de Gumer</h2><p>A: juan_eldemalasuerte@sadneyel.com</p><p>De: gumer_amigo_5@sadneyel.com</p><p>Asunto: Me muero (no es una broma) <img
src="http://sabiavida.com/wp-includes/images/smilies/icon_sad.gif?9d7bd4" alt=':(' class='wp-smiley' /></p><p>Hola Juan. ¿Sabes?, me voy a morir. Ya sabes que no me dan miedo esas cosas. Te lo digo para que te lo sepas. Es por lo visto un componente de mi unidad de gnosis, como la placa base de un ordenador, aunque es otra cosa, pero es para que lo entiendas mejor así. Bueno pues se está estropeando porque entró moho y lo van a tener que cambiar antes de que se rompa todo. Y cuando lo cambien pues lo más importante de mi se acabará. Hay cosas de mí que van a poder salvar, mi cuerpo y mucha de la información pero no toda. No tengo un disco duro, es más complicado.</p><p>Bueno, sé que te vas a poner triste, pero no quería engañarte. Cuando me vuelvas a ver seré Amigo 6 y no Gumer ni Amigo 5. Espero que no te parezca muy raro. Si vas a llorar piensa que soy una máquina.</p><p>Recuérdame, gracias.</p><p>PD: Me moriré el jueves, a las cuatro y media. Después ya no te podré contestar.</p><p>Gumer tuvo que morir la tarde de un jueves cualquiera de febrero. Juan se enteró el viernes, en el rato que le dejaban conectarse a Internet en el colegio y no dijo nada. Sé quedó profundamente en silencio y sólo habló lo justo para que le dejaran en paz y no tener que responder preguntas molestas. Ese sábado fue él solo a la casa de Gumer, sin su nintendo, sólo con los deberes en la mochila. No sabía como debía sentirse, pero estaba triste, como se está por una persona aunque supiera que no era real.</p><p>Amigo 6 le recibió junto al ascensor del monte. Constructor 3 había coloreado su pelo sintético para que pareciera rubio y tuviera ojos azules; la piel un poco más pálida.</p><p>–Buenas tardes, bienvenido a la Embajada Cultural de Datadad. Muchas gracias por venir. Me han asignado el nombre de Feliciano –Juan casi se ríe y se sintió culpable– ¿Quieres ver el recuerdo de Gumer?</p><p>–Muy bien.</p><p>Amigo 6 guió a Juan a un árbol; bajo sus ramas habían dispuesto una pequeña urna de cerámica con el nombre de Gumer.
–Lo habéis hecho como en Datadad.</p><p>–Exactamente. Casi. En Datadad no se hicieron nunca recuerdos a las máquinas, pero Madre 4.7 dijo que sería bueno para ti.</p><p>Aquella tarde Juan había venido vestido de gris, con sus ropas más viejas, como en Datadad. Se quitó los zapatos en cuanto estuvo en la embajada, mantuvo silencio, guardó ayuno, y se acostó temprano como en Datadad. Ese día no aprendió nada nuevo, sino que vivió como si alguien de aquella especie guardara luto. Al día siguiente hizo sus deberes y pasó algún rato con Amigo 6, aunque ya nunca como antes. Gumer había sido primero su amigo y después una máquina y casi siempre podía olvidar lo segundo. A Amigo 6 le había conocido como robot y como robot se quedaría.</p><p>Por lo demás la normalidad volvió en seguida y, a su buen tiempo, llegó la Navidad.</p><h2>– Continuará –</h2><h4>Términos de búsqueda:</h4><ul><li>dominando a mi madre relatos</li><li>arte cuadros oxidado</li><li>relatos dominando a mi madre</li><li>RELATOS DOMINANDO A MI FAMILIA</li><li>relatos dominando a mi</li><li>relatos dominando a mama</li><li>relato dominando a mi familia</li><li>relato de tu familia</li><li>pelicula robot comiendo</li><li>fotos desanimada</li></ul>]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/cifi/familia/2/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Cómo fabricar a tu familia 1/4</title><link>http://sabiavida.com/cifi/familia</link> <comments>http://sabiavida.com/cifi/familia#comments</comments> <pubDate>Fri, 27 Jan 2012 05:00:09 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[mis obras]]></category> <category><![CDATA[ciencia ficción]]></category> <category><![CDATA[cifi]]></category> <category><![CDATA[extraterrestre]]></category> <category><![CDATA[juvenil]]></category> <category><![CDATA[lij]]></category> <category><![CDATA[literatura juvenil]]></category> <category><![CDATA[nasa]]></category> <category><![CDATA[relato]]></category> <category><![CDATA[robot]]></category> <category><![CDATA[scifi]]></category> <category><![CDATA[supervivencia]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=2580</guid> <description><![CDATA[Hola, aquí comienza el borrador de una historia de ciencia ficción de literatura juvenil que trata de algo más que hasta donde puede llegar una civilización extraterrestre para sobrevivir. No, no va de invasión marciana. A mis compañeras de trabajo, por soportarme Explorador 3 Explorador 3, posado sobre la nariz de piedra del fundador del [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<div
id="attachment_2583" class="wp-caption aligncenter" style="width: 650px"><a
href="http://www.flickr.com/photos/28634332@N05/4093925956/"><img
src="http://sabiavida.com/wp-content/uploads/2012/01/galaxias.jpeg?9d7bd4" alt="Centro de la Vía Láctea" title="galaxias" width="640" height="320" class="size-full wp-image-2583" /></a><p
class="wp-caption-text">CC NASA</p></div><p><small>Hola, aquí comienza el borrador de una historia de ciencia ficción de literatura juvenil que trata de algo más que hasta donde puede llegar una civilización extraterrestre para sobrevivir. No, no va de invasión marciana.</small></p><p><em>A mis compañeras de trabajo, por soportarme</em></p><h2>Explorador 3</h2><p>Explorador 3, posado sobre la nariz de piedra del fundador del colegio tenía sus sensores fijos en Objetivo7, un chico tan normal que parecía invisible. Objetivo 7 jugaba entre el centro y la defensa con los ojos puestos en los delanteros de 2º de la ESO, B, incluido el bestia de quince años que tendía a confundir cabezas con balones.</p><p>Explorador 3 había transmitido sus descubrimientos a Madre 4.7 durante las últimas cinco semanas y conocía sus movimientos. Sabía que en cuanto sonara la sirena el chico se pondría en la fila del autobús; era viernes tarde y tocaba regresar a casa para el fin de semana. El robot recibió de Madre 2 las órdenes precisas para infiltrarse en un bolsillo lateral de la mochila de Juan, que el niño no usaba desde que se rompiera la cremallera. Allí se desconectó para evitar ser detectado.</p><h3>Noche</h3><p>Explorador 3 había matado una cucaracha conforme a su programación de defensa. La descarga eléctrica había agotado su batería y se arrastraba a esconderse bajo el arco que formaban las deportivas abandonadas de Juan.  El modo de ahorro de energía no le permitió acelerar cuando sus sensores captaron el sonido mecánico de una cerradura. Se abrió una puerta. Explorador no podía saber que era la principal por ser la primera vez que se infiltraba en la casa de Objetivo 7. Siguió el ruido del metal contra la madera, un suspiro, pasos, encendido y apagado de interruptores, más pasos, cada vez más cerca. Explorador 3 había ocupado su posición y solicitó permiso para desconectarse pero sus antenas recibieron la orden de Madre 4.7 de seguir observando.</p><p>Una mujer con pintas de camarera abrió la puerta y encendió la luz. Sus ojos cansados se fijaron primero en Objetivo 7 que yacía cubierto hasta las rodillas por el edredón. Se sentó junto al chico sin descubrir al insecto partido en dos junto a sus pies, ni tampoco al minúsculo robot que la observaba, y terminó de arroparlo. Iba a levantarse cuando reparó en un documento apoyado junto al flexo de la mesilla de noche:</p><p>–Ciencias naturales: Bien:6</p><p>–Ciencias sociales: Sobresaliente:9</p><p>–Educación Plástica: Notable:8</p><p>–Educación física: Bien:6</p><p>–L. Castellana y Literatura: Bien:6</p><p>–Inglés: Bien:6</p><p>–Matemáticas: Sobresaliente:9</p><p>–Informática: Notable:8</p><p>–Religión: Notable:8</p><p>–Francés: Suficiente:5</p><p>La mujer lo firmó y añadió una pequeña carita sonriente, casi invisible y se despidió con la mano, un segundo antes de apagar la luz y salir. Explorador 3 asignó a la mujer el código Objetivo-7.35 y transmitió el vídeo.</p><h2>Amigo 5</h2><p>Constructor 3 había dado a Amigo 5 una apariencia basada en los Objetivos 7.12 y 7.9 con un timbre de voz basado en Objetivo 7.6 pero con el toque masculino de 7.8. La idea era conseguir que Objetivo 7 aceptara la aproximación de Amigo 5 y se mostrara receptivo a su mensaje. Madre 4.7 había descartado la posibilidad de inscribir a Amigo 5 en el mismo colegio que Objetivo 7. Aunque esta aproximación hubiera sido ideal, suponía excesivas complicaciones. Por eso resultaba más sencillo, aunque lento aprovechar las tardes de los sábados.</p><p>Amigo 5 conocía por Explorador 3, ahora disolviéndose en sus propios ácidos, que Objetivo 7 solía pasar las tardes de los sábados en la Biblioteca General de la Universidad. Ahí es donde Explorador 2 le había encontrado por primera vez. Amigo 5 pasó por recepción enseñando su carnet de identidad falso. Las normas de esa Biblioteca Universitaria no impedían la entrada a menores de edad y de hecho algunos de los hijos del personal hacían sus deberes allí.
Amigo 5 fue a la sala de lectura del tercer piso y se dirigió directamente al rincón donde Objetivo 7, sentado en el suelo, jugaba con su nintendo; los auriculares clavados en sus oídos. El muchacho apenas alzó los ojos un momento y juzgando que Amigo 5 no era una amenaza volvió al juego. El robot tomó “La estructura de las Revoluciones Científicas” de uno de las estanterías y se puso a leerlo con todo el interés que pudo fingir.</p><p>Media hora más tarde, Objetivo 7 se levantó y se dirigió a Objetivo cinco con su nintendo.</p><p>–Hola, ¿te la presto?</p><p>Amigo 5 sonrió y se puso inmediatamente a descubrir como funcionaba el aparato. Mientras, Objetivo 7 fue a un extremo de la estantería, donde había escondido “Introducción al Sistema Solar” lo abrió por donde había puesto un abono de autobús gastado y se sentó junto a Amigo 5.</p><p>–Eres muy malo –le dijo.</p><p>–Nunca he tenido una de estas cosas.</p><p>–Ya se nota. Si te gusta te digo donde venden uno barato.</p><p>–Gracias</p><p>Una voz distante les mandó callar</p><h2>El polígono de la Mala Suerte</h2><p>Amigo 5 y Objetivo 7 habían salido juntos de la biblioteca. El autobús llegaba con las luces encendidas, casi vacío.</p><p>–¿Te vas?</p><p>–No, –respondió Objetivo 7, –andando tardo menos.</p><p>–¿Puedo ir contigo?</p><p>–Vale.</p><p>Sin decir nada más, cruzaron la calle y saltaron por encima de un seto, internándose en uno de los jardines. –Por aquí es más cerca.</p><p>Siguieron entre caminando y corriendo un rato, sorteando árboles y una pareja de enamorados hasta llegar a una verja con un agujero medio escondido tras un brezal. Pasaron rascándose la espalda y cruzaron una autovía por un paso elevado.</p><p>–Ahora tenemos que darnos prisa de verdad.</p><p>Corrieron a través de las calles del Polígono de la Mala Suerte. Tenía ese nombre desde que cerraron las dos fábricas que se instalaron a él, y que decaían entre borrachos, basura y ratas. Tras el fracaso, los técnicos del ayuntamiento levantaron un proyecto de pisos pobres a los que varias capas de corrupción habían empobrecido aún más. El Polígono de la Mala Suerte se describía como una sucesión de muros grises, ventanas rotas, jóvenes habituales de los calabozos y adoquines sueltos. Objetivo 7 no aminoró el paso hasta llegar a su portal.</p><p>–Bueno, ya estoy en casa.</p><p>–Sí, ¿te vas?</p><p>–Sí, ¿tú a dónde vas?</p><p>–A mi casa</p><p>–Ya, pero ¿dónde está?</p><p>–En… por ahí, a tres kilómetros.</p><p>Objetivo 7 se rascó la cabeza. –Vale, pues pilla el autobús. Es mejor, más seguro. El 3 te irá bien.</p><p>–Gracias. Por cierto, ¿cómo te llamas?</p><p>–Juan, ¿y tú?</p><p>–Gumersindo, es que mis padres son un poco raros. –En realidad Madre 4.7 quería asegurarse que Objetivo 7 recordara bien a Amigo 5. –Pero todos me llaman Gumer, es más corto.</p><p>Siguieron charlando un poco más hasta que se dijeron adiós. Madre 4.7 valoró el resultado de esta misión con un sobresaliente.</p><p>Los tres sábados siguientes Juan y Gumer se volvieron a encontrar en la Biblioteca, aunque allí sólo empezaban sus aventuras. Enseguida se metían en un autobús para juntarse a leer mangas en la tienda de rol y frikismos varios y jugar gratis al Traveller hasta que se aburrían y se levantaban de la mesa, dejando al máster, un universitario de veinte y muchos, con cara de esto me pasa por jugar con munchkins.</p><p>El cuarto sábado Amigo 5 recibió autorización de Madre 4.7 para avanzar la misión.</p><p>–¿Vamos a mi casa?</p><p>–¿A tu casa? No sé, es un poco tarde.</p><p>–Te puedes quedar a cenar y a dormir también, si quieres. A mi madre le va bien, hasta quiere conocerte.</p><p>–Pero mi madre, no sé, y todavía no he hecho los deberes.</p><p>–Te los llevas, los puedes hacer en mi casa, llamas a tu madre, a lo mejor te da permiso.</p><p>–Es que sólo la he visto un rato por la mañana y mañana sólo la veré un rato por la tarde, antes de volver al colegio y luego hasta el viernes.</p><p>–El colegio interno es mala suerte.</p><p>–Sí.</p><p>–Pero, ¡mira!, podemos volver antes de las doce de mañana.</p><h2>–Continuará–</h2><h4>Términos de búsqueda:</h4><ul><li>que es explorador3</li></ul>]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/cifi/familia/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>amores imposibles</title><link>http://sabiavida.com/haiku/invisibles</link> <comments>http://sabiavida.com/haiku/invisibles#comments</comments> <pubDate>Thu, 19 Jan 2012 05:21:00 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[haiku]]></category> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[mis obras]]></category> <category><![CDATA[niebla]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=1416</guid> <description><![CDATA[Velo de nieblas Amores Imposibles Invisible Fin inspirado en La casa de los amores imposibles Términos de búsqueda:amores imposibles haiku]]></description> <content:encoded><![CDATA[<div
id="attachment_2541" class="wp-caption aligncenter" style="width: 649px"><a
href="http://www.flickr.com/photos/71325969@N00/412436914/"><img
src="http://sabiavida.com/wp-content/uploads/2012/01/casaniebla.jpeg?9d7bd4" alt="Una casa solitaria bajo la niebla en medio de un prado" title="casaniebla" width="639" height="215" class="size-full wp-image-2541" /></a><p
class="wp-caption-text">CC Martin Gommel</p></div><h3>Velo de nieblas</h3><h3>Amores Imposibles</h3><h3>Invisible Fin</h3><p><small>inspirado en <a
href="http://www.amazon.es/gp/product/8401337542/ref=as_li_ss_tl?ie=UTF8&#038;tag=sabiavida-21&#038;linkCode=as2&#038;camp=3626&#038;creative=24822&#038;creativeASIN=8401337542">La casa de los amores imposibles</a><img
src="http://www.assoc-amazon.es/e/ir?t=sabiavida-21&#038;l=as2&#038;o=30&#038;a=8401337542" width="1" height="1" border="0" alt="" style="border:none !important; margin:0px !important;" /> </small></p><h4>Términos de búsqueda:</h4><ul><li>amores imposibles haiku</li></ul>]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/haiku/invisibles/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Respeto</title><link>http://sabiavida.com/libro/respeto</link> <comments>http://sabiavida.com/libro/respeto#comments</comments> <pubDate>Sat, 17 Dec 2011 10:58:34 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[cultura]]></category> <category><![CDATA[esfuerzo]]></category> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[marketing]]></category> <category><![CDATA[ebook]]></category> <category><![CDATA[economía]]></category> <category><![CDATA[Godin]]></category> <category><![CDATA[kaizen]]></category> <category><![CDATA[lean]]></category> <category><![CDATA[respeto]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=2296</guid> <description><![CDATA[Voy hacia la economía del respeto. ¿Por qué? Por lo que he escuchado a Seth Godin, que todo el que quiera publicar lo va a hacer. Y es que si no existen barreras a la entrada en los libros electrónicos, cualquiera que quiera hacerlo lo hará. Incluso los tramposos, los “copistas” y los amantes del [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Voy hacia la economía del respeto.</p><h2 id="porque">¿Por qué?</h2><p>Por lo que he escuchado a <a
href="http://sethgodin.typepad.com/">Seth Godin</a>, que todo el que quiera publicar lo va a hacer. Y es que si no existen barreras a la entrada en los libros electrónicos, cualquiera que quiera hacerlo lo hará. Incluso los tramposos, los “copistas” y los amantes del dinero fácil.</p><p>A corto plazo creo que no tendrá demasiada incidencia, pero en un año o dos la gente habrá sido estafada. Entonces todo lo que tendremos será nuestra marca: tanto personal como editorial.</p><p>Por eso camino a la economía del respeto, que cada una de mis obras esté bien hecha o sea, que cumpla más de lo que prometa.</p><p>Creo que esta actitud es más poderosa que hablar de calidad</p><h2 id="elmiedodelcreador">El miedo del creador</h2><p>El tramposo no puede producir ninguna obra, produce basura. Pero, a veces el creador que no desea ser tramposo queda paralizado. Piensa que es demasiado: niño, viejo, joven, culto, inculto, demasiado algo para crear algo de “calidad”. Teme que lo que haga no “merezca” publicarse.</p><p>Recuerda las rosquillas.</p><p>Una rosquilla no necesita ser la <em>Sublime rosquilla del paraíso</em> para merecer ser horneada y vendida. Basta con que esté buena, sea rica y sana.</p><p>¿Qué quieres ser el nuevo Cervantes? ¿La nueva Rosalía de Castro? Genial, pero inténtalo trabajando. Publica cumpliendo lo que prometas. Respeta a tus lectores, a tu editor si lo tienes y a otros socios, basta con eso, pero ni un milímetro menos. Basta con eso para publicar, aunque además ponga todo mi ser en cada obra.</p><p>Este es mi camino y va a seguir siéndolo.</p><h4>Términos de búsqueda:</h4><ul><li>Que es el respeto a la economia</li><li>la economía del respeto</li><li>respeto a la economia</li><li>respeto de la economia</li><li>respeto en la economia</li></ul>]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/libro/respeto/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Sin corazón</title><link>http://sabiavida.com/sin-corazon/</link> <comments>http://sabiavida.com/sin-corazon/#comments</comments> <pubDate>Sun, 13 Nov 2011 06:48:58 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[amabilidad]]></category> <category><![CDATA[ética]]></category> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[mis obras]]></category> <category><![CDATA[santidad]]></category> <category><![CDATA[solidaridad]]></category> <category><![CDATA[ángel]]></category> <category><![CDATA[aterrador]]></category> <category><![CDATA[brujo]]></category> <category><![CDATA[cuento]]></category> <category><![CDATA[héroes]]></category> <category><![CDATA[lij]]></category> <category><![CDATA[literatura infantil]]></category> <category><![CDATA[literatura juvenil]]></category> <category><![CDATA[magia]]></category> <category><![CDATA[mago]]></category> <category><![CDATA[miedo]]></category> <category><![CDATA[príncipe]]></category> <category><![CDATA[valor]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=805</guid> <description><![CDATA[Érase una vez… En Cobieya, en los años del Rey Sancho el Guerrero, aún seguían una antigua norma que disponía que un niño se hiciera adulto a los doce años. Pizco tenía 11 años y 364 días, pero no le preocupaba nada porque era el príncipe. Lo único que lamentaba es que a partir del [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<div
id="attachment_1878" class="wp-caption alignleft" style="width: 394px"><a
href="http://www.flickr.com/photos/slimjim/3121732661/sizes/l/in/photostream/"><img
src="http://sabiavida.com/wp-content/uploads/2011/11/arbolseco.jpg?9d7bd4" alt="Árbol Seco y misterioso" title="arbolseco" width="384" height="683" class="size-full wp-image-1878" /></a><p
class="wp-caption-text">CC –nc –sa –by slimmer_jimmer</p></div><h2>Érase una vez…</h2><p>En Cobieya, en los años del Rey Sancho el Guerrero, aún seguían
una antigua norma que disponía que un niño se hiciera adulto a los
doce años. Pizco tenía 11 años y 364 días, pero no le preocupaba nada porque era el príncipe. Lo único que lamentaba es que a partir del día siguiente no le sería permitido jugar nunca más. Pizco convocó a sus amigos a jugar por última vez en el bosque. En la segunda hora de la mañana, Pizco todavía les esperaba, cuando vio a un hombre vestido con una túnica roja, acercándose montado en un escudo volador.</p><p>-¿Quién es usted? –Pizco preguntó al recién llegado. Pero el extraño respondió con una sola palabra</p><p>–Ríndete.</p><p>Pizco desenvainó su espada. El extraño sonrió y susurró una palabra mágica. Justo después a Pizco se le cayó la espada de la mano, su brazo derecho colgaba del hombro sin vida. Entonces Pizco se volvió y salió corriendo, esquivando los árboles que encontraba. El extraño tocó su propia pierna derecha. Pizco cayó de bruces sobre la tierra. El brujo se apeó del escudo y se acercó lentamente. El niño todavía trataba de escapar, arrastrándose con el único brazo y la pierna que todavía podía mover hasta que el hombre lo alcanzó y le dio la vuelta de una patada.</p><p><span
id="more-805"></span></p><p>-¿Te rindes ahora?</p><p>Pizco lanzó un puntapié que hizo retroceder al hombre exclamando maldiciones. Entonces el brujo acarició su rodilla y se llevó un dedo a los labios. Pizco estaba acabado. Ya no podía moverse ni hablar, sólo ver como se aproximaba el señor de la magia.</p><p>–Tenme miedo, pero no te preocupes por tu vida.</p><p>Dicho esto, agarró al pobre Pizco y lo ató al escudo volador. Después saltó encima y con un guiño lo hizo despegar. Tras un largo
viaje, Pizco y el brujo sobrevolaron una tierra de niebla, pantanos,
arroyos tortuosos y árboles mortecinos que se agarraban a la vida
bajo una lluvia incesante. En medio de todo, se erguía una gigantesca torre de piedra. El brujo llevó al escudo volador a la azotea,
bajó y entró en la torre. Durante horas, Pizco se quedó solo atado al
escudo, bajo la lluvia, el viento y los aullidos distantes de los lobos.</p><p>Al ﬁn apareció una chica descalza, vestida solo con una túnica de
tela vaquera, larga hasta las rodillas, temblabando de miedo y frío.
–Tengo que meterte dentro, –le dijo y luego le ató una venda en
los ojos.</p><p>Cuando Pizco pudo ver de nuevo, yacía sin camisa sobre una
cama de piedra. A su izquierda el brujo alzaba un jarrón de barro
rojo. Los muros y techo estaban cubiertos de extraños símbolos. A
sus pies, en una mesita había otro jarrón, como el que alzaba el
brujo, pero de color amarillo ocre.</p><p>–Venga tu alma a las tierras oscuras</p><p>–Según el brujo comenzó su blasfemo canto, Pizco trató de levantarse con todas sus fuerzas, pero seguía inmóvil. El brujo colocó
el jarrón sobre el pecho de Pizco.</p><p>–Así sea — dijo al terminar.</p><p>Pizco ya no más sintió su corazón dentro del pecho, sino sobre
éste, latiendo dentro de la vasija roja. Le llevó un segundo entenderlo que pasaba, el mismo segundo que tardó el brujo en retirar el jarrón. Le habían robado el corazón e iba a morir.</p><p>El brujo volvió con el jarrón amarillo y lo apoyó, como había hecho con el otro, sobre el pecho del niño.</p><p>–Tenme miedo — le dijo y en ese mismo instante un nuevo corazón,
enfermo y cobarde latió dentro del chico que lentamente cayó en un
profundo sueño.</p><h2>Cobarde</h2><p>Pizco despertó dos días más tarde sobre un colchón viejo colocado
sobre el suelo. Vestía sólo una pobre túnica azul, como la niña que
le había llevado dentro y que entonces le hablaba.</p><p>-¿Cómo te llamas?</p><p>–Pizco.</p><p>-¿Te duele?</p><p>–No, sólo estoy muy cansado.</p><p>–Es normal, todavía se te está pasando el efecto del hechizo.</p><p>-¿Dónde estoy? ¿Cómo te llamas?</p><p>–Me llamo Aras y estás en el dormitorio 22A de la Torre del
Señor Añicos, el brujo. Estás aquí porque el señor Añicos quiere
que seas su esclavo y trabajes para él. ¿Puedes levantarte?</p><p>–Creo que sí.</p><p>–Por favor, inténtalo. Te ayudaré. Pizco consiguió levantarse tras
dos minutos de sudores. Sus piernas temblaban por el esfuerzo y
la cara se le había quedado blanca como una pared.</p><p>-¿Tienes miedo, Pizco?</p><p>–Sí, pero no sé por qué.</p><p>–Tienes miedo a desobedecer al brujo. Es tu nuevo corazón,
te convierte en un cobarde, como todos los demás, como yo.Pero no te preocupes, haz siempre lo que quiera el señor brujo y
no tendrás que pasar tanto miedo.</p><h2>El laboratorio</h2><p>Tras caminar tres pasillos y bajar cuatro escaleras, Aras y Pizco
entraron en el laboratorio. La habitación ocupaba un piso entero
de la torre, así que habría parecido enorme de no haber estado
llena por un hormiguero entero de niños, centenares de máquinas
estruendosas, y decenas de hornos de fundición. Hedía a sudor y
a azufre, el aire ardía y el ruido te impedía pensar, pero Pizco, a lo
único que tenía miedo, era a no estar ahí. Aras le enseñó a Pizco
su primer trabajo. Consistía en cargar una carretilla con polvo rojo
y llevarlo a un horno de fundición, una y otra vez. Con ese polvo
se hacían unas pastillas grandes como galletas, que todo el mundo
llamaba medicinas aunque nadie se lo creyera.</p><h2>Todos tenemos los cumpleaños parados</h2><p>Pizco supo que el trabajo estuvo terminado trece horas después,
cuando ya no temía descansar. Fue al comedor con los demás,
donde los niños encargados de la cocina ya habían servido la cena.
Se sentó junto a Aras y otros cien niños en una de las largas mesas
de madera y sólo entonces se atrevió a bombardear a su nueva
amiga con preguntas.</p><p>-¿Son todos niños aquí?</p><p>–Sí, todos salvo el señor brujo, claro. Todos los demás tenemos
doce años menos un día.</p><p>-¿Mañana cumplís todos doce años?</p><p>–No, no hay cumpleaños. Todos tenemos los cumpleaños parados y tú también. El señor brujo piensa que es lo mejor para él.</p><p>-¿Dónde está el señor brujo?</p><p>–Nadie lo sabe. Y es mejor así. Da miedo verle.</p><p>-¿Y si no hay guardias por qué no escapamos?</p><p>-¿Escaparnos? ¡No! Nadie puede. No quiero. ¿Sabes lo que
pasaría si trataras de escaparte?… — Aras no pudo terminar la frase,
llorando y temblando miedo. Poco después a Pizco le pasó lo mismo. Nada le daba tanto miedo como escapar.</p><h2>Los héroes van más allá de lo justo</h2><p>Cinco años más tarde, Pizco tenía aún doce años menos un día.
Como el resto de los niños había trabajado todos los días para el
brujo, al que no habían visto nunca. Sólo la llegada de un nuevo
chico o chica de casi doce años cada dos o tres meses, mostraba
que el brujo seguía allí. Pizco pensaba que nunca se atrevería a escapar. Tampoco creía que nadie vendría a rescatarle. Y si lo hicieran estarían esperando a un valiente príncipe de diecisiete años,
no a un niñito asustado. Ese día, cuando estaban acabando de
trabajar, los niños escucharon los pasos de un adulto bajando las
escaleras. Todos se paralizaron; algunos se tiraron al suelo, unos
pocos rompieron a llorar, nadie se atrevía ni a rezar. “Pizco, levántate y ven conmigo, por favor”. Pizco se quedó quieto, pero muchos de los niños, incluida Aras le tomaron de brazos y pies, lo dejaron fuera y cerraron la puerta.</p><p>–Tienes que ir –le decían –si no, será malo para todos.</p><p>–Pizco, levántate y ven conmigo, por favor –repitió la voz desde
las escaleras.</p><p>Pizco por ﬁn, decidió ir. Encontró una mujer con alas de ángel,
vestida de oro y plata.</p><p>–Seré bueno –dijo Pizco –por favor, no me haga nada.</p><p>–Me llamo Gabriela. Me voy a sentar aquí — dijo la mujer ángel.-
Si quieres puedes sentarte conmigo.
Cuando se sentó Pizco, Gabriela le explicó lo que quería de él.</p><p>–Vale, Pizco, a los ángeles no nos gusta sentarnos. Es una lata,
nunca sabes donde poner las alas, así que seré rápida. Dios quiere
que seas un héroe. ¿Qué por qué tu? Chico, ni idea, cosas del jefe.</p><p>–Pero no puedo ser un héroe, soy un cobarde.</p><p>-¿Y qué?</p><p>–Pues que los cobardes no son héroes.</p><p>–Bueno, esto es lo que tienes que hacer. Vas a la habitación del
señor brujo y le cambias su corazón. Lo mismo que él te hizo.
Gabriela tuvo que usar todos sus poderes para evitar que Pizco
se desmayara de miedo… y fracasó. Diez minutos más tarde, Pizco
se despertó temblando.</p><p>-¿Lo ves? Soy un cobarde. No puedo hacerlo.</p><p>–No, no me has convencido. Es que Dios me ha dicho que
puedes y claro, el jefe es el jefe. Nos vemos esta noche, ahora
me tengo que ir a muy, muy, muy arriba. –Dicho eso Gabriela se
disolvió en el aire.</p><p>Se hizo de noche. Todos fueron a la cama. Pizco no podía dormir.
Al ﬁnal se escurrió del colchón y salió de puntillas del dormitorio.
No lo había planeado, pero en ese momento vio las escaleras y
decidió subirlas. Como estaba en ello, siguió adelante lentamente –
tan lentamente que a veces se daba la vuelta — hasta que llegó a la
puerta de la habitación del brujo. Y allí se quedó, quieto como un
maniquí.</p><p>Entonces, sobre la puerta del brujo, se formó la cara de Gabriela
que le guiñó un ojo y susurró –El jefe cree que sería bueno que
abrieras la puerta.</p><p>Pizco respondió con otro susurro –Pero es que no tengo llave.</p><p>–Por lo menos empuja.</p><p>Pizco empujó. La puerta se abrió en silencio. La habitación nunca le había parecido tan aterradora en los días que le había tocado
limpiarla. Antes ni estaba oscura y ni tampoco estaba el brujo. Ahora podía ver su oscura forma y escuchar sus ronquidos. Pizco entró
temblando, fue al armario donde el brujo guardaba los jarrones rojos y tomó uno vacío. Seis veces fue a la cama del brujo y seis
retrocedió. A la séptima caminó con los ojos cerrados y quedó ante
el pecho de su aterrador enemigo. De un golpe el chico puso la
vasija sobre el corazón del monstruo y susurró –Dios, ayúdame.</p><p>El brujo Añicos se despertó. Demasiado tarde, su corazón ya
estaba dentro de la vasija, aún latiendo. Pizco veía como crecían
de miedo los ojos del brujo. El malvado se iba a morir. Gabriela
apareció al otro lado de la cama sosteniendo otro jarrón rojo.</p><p>–Pizco rápido, Dios no quiere que este hombre muera.
Confuso, Pizco dejó la vasija donde latía el corazón del brujo y
tomó la que Gabriel le ofrecía y se la llevó al pecho. Entonces lo
supo. — Por favor, éste no, éste es el mío, el de verdad.
Gabriela se quedó en silencio, sin sonreír ni ponerse seria. –
Pero no es justo.</p><p>–No, no lo es. Los héroes van más allá de lo justo.</p><p>Pizco dejó el jarrón con su verdadero corazón, aún latiendo, sobre el pecho del brujo. Justo entonces Gabriela desapareció, dejando a Pizco congelado de miedo. Dos segundos después, el brujo saltó de la cama y le agarró por el cuello estrangulándolo con toda su furia. Pizco respondió con mil puñetazos. La lucha siguió durante cuatro terribles minutos; las fuerzas del niño se deshaciendo hasta que un último golpe no consiguió sino hacer reír al brujo.</p><p>-¡Adiós! –gritó éste complacido.</p><p>De repente, Pizco estaba libre. Añicos le había soltado y yacía en el suelo llorando. Tenía un nuevo corazón, el de Pizco que era
más fuerte que todo el mal que había hecho durante muchos siglos.
Añicos lloró siete horas más, salió corriendo y nunca más lo vieron.</p><p>Pizco devolvió a cada niño su verdadero corazón. Al día siguiente tuvieron la más grande de todas las ﬁestas de cumpleaños,
con miles de tartas horneadas por ángeles, todas con doce velas.
Después cada uno se fue a su casa. Pizco volvió al palacio. Al principio nadie le creía, pero cuando apareció Gabriela y le explicó al Rey Sancho la verdad todos se alegraron de volverlo a ver.</p><p>Pizco creció y se hizo Rey. A pesar de sus miedos, porque todavía tenía su corazón de miedo, fue un buen Rey. Nunca puso en peligro a su reino y cuando algún rey malvado atacaba preparaba con tanto cuidado las batallas que Cobieya siempre salía victoriosa. Este es el ﬁnal de esta historia que es tan cierta como cualquier cuento. Y si alguna vez te pierdes y acabas cerca de una gran torre, no tengas miedo. Con lo único que debes tener cuidado es con una vasija de barro que yace en el suelo entre arañas porque si cambiaras tu corazón por el de la vasija te convertirías en un brujo, poderoso, pero malvado.</p><h3>Fin</h3><h2>Notas</h2><p>En este cuento exploré el tema del valor, de lo que significa ser un héroe y de la esperanza y es que cuando hace años que se ha dado todo por perdido, aparece un ángel.</p><h2>Información</h2><p>Palabras: aproximadamente 2100</p><p>Páginas: 8</p><p>Género: Infantil, Miedo, Religioso</p><p><a
href="http://www.flickr.com/photos/slimjim/3121732661/sizes/z/in/photostream/">Fotógrafo</a></p><h2>Descarga</h2><ul><li><a
href="http://www.scribd.com/doc/58270996/Sin-Corazon">En Scribd</a></li><li><a
href="http://sadneyel.com/wp-content/uploads/2011/06/sincoraz__n.pdf">Descarga Directa</a></li></ul><h4>Términos de búsqueda:</h4><ul><li>cuento de el brujo que sobrevolo</li><li>la chica congelada no podiA moverse</li><li>literatura juvenil gratis</li><li>sin corazon</li></ul>]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/sin-corazon/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>1</slash:comments> </item> <item><title>Invisible, un cuento de dos miedos</title><link>http://sabiavida.com/invisible/</link> <comments>http://sabiavida.com/invisible/#comments</comments> <pubDate>Sun, 06 Nov 2011 07:12:39 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[mis obras]]></category> <category><![CDATA[cuento]]></category> <category><![CDATA[familia]]></category> <category><![CDATA[fantasma]]></category> <category><![CDATA[historia]]></category> <category><![CDATA[lij]]></category> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[literatura juvenil]]></category> <category><![CDATA[relato]]></category> <category><![CDATA[zombie]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=803</guid> <description><![CDATA[Ficción Rubén estaba llorando de hambre, con la cabeza entre las rodillas, sentado sobre la cripta del cementerio que usaba de vivienda. Ya no se acordaba de cuando su madre le dejara abandonado al frío de las sombras grises del cementerio; años quizá, pero estos últimos cinco días habían sido los más dolorosos de su [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<div
id="attachment_1820" class="wp-caption alignright" style="width: 310px"><a
href="http://www.flickr.com/photos/the-o/"><img
src="http://sabiavida.com/wp-content/uploads/2011/11/cementerio.jpg?9d7bd4" alt="" title="cementerio" width="300" height="489" class="size-full wp-image-1820" /></a><p
class="wp-caption-text">CC –by David Paul Ohmer</p></div><p><small>Ficción</small></p><p>Rubén estaba llorando de hambre, con la cabeza entre las rodillas, sentado sobre la cripta del cementerio que usaba de vivienda. Ya no se acordaba de cuando su madre le dejara abandonado al frío de las sombras grises del cementerio; años quizá, pero estos últimos cinco días habían sido los más dolorosos de su joven vida. El domingo anterior la ﬁebre le había encadenado a su cama de piedra hasta hacía apenas unas horas, cuando su enfermedad se desvaneció de repente. En todo ese tiempo no había sido capaz de rebuscar comida en la basura, ni mendigar, ni siquiera quejarse a pesar de la angustia el sudor y el dolor — ¿de qué vale llorar cuando nadie escucha?</p><p><span
id="more-803"></span></p><p>Ya nadie amaba a Antonia, la señora del bolso rojo que había vivido con una sonrisa en la cara hasta hacía apenas 7 años. La señora, que aún recordaba los días de prosperidad del 2007 cuando España era una nación rica, luchaba por sobrevivir con una modesta pensión. Ahora en el año 2043 los 1200 euros que llevaba en el bolso apenas le  permitirían comprar arroz, cebollas, algo de pescado y una pasta que podía hacer pasar por gambas troceadas. Enrique, su muy querido Enrique, el que le regalaba ángeles de besos y corazones de caricias, había muerto en su cama sin quejarse un sólo día de la falta de medicinas para su cáncer. “Sin dar la lata”, como él decía, casi pidiendo perdón por estar enfermo, aguantó dos años enteros hasta que hacía exactamente cinco años, mientras leía el Evangelio a su muy querida Antonia, dejó de respirar. A veces a Antonia le parecía que todavía podía escucharle: “Permaneced en mi amor”.</p><p>Por amor a Enrique, Antonia se enfrentaba todos los días a los zombis que plagaban los cementerios.</p><p>Aquella vez Antonia tuvo que sacar todo su valor. Después de un frenético día en el mercadillo de ropa usada se le había hecho muy tarde para su visita diaria al cementerio. Así, bajo la lluvia, entre el frío, sobre el barro y rodeada de macilentos cipreses se encaminó de noche por el sendero que llevaba al cementerio viejo. Y aún mil demonios guardaran la puerta hubiera visitado a su muy querido Enrique el que le había llenado sus ojos de poesías de sonrisas con cada mirada de su vida.</p><p>Antonia no vio por el camino ni el más débil brillo de ningún fantasma. Fue incapaz de escuchar los lloros de María, la joven que se suicidara después de que su novio matara a su bebé y ahora vagaba desesperada con una muñeca de trapo de la basura. Tampoco a la pequeña Anita que volaba entre los árboles buscando a su mamá, ni a ninguno de los otros espíritus que seguían muriéndose de tristeza cerca del camposanto. Antonia no creía en demonios, ni fantasmas ni paparruchas; sólo temía que los zombis la pegaran y la robaran por cualquier cosa</p><p>¡Zombi! Rubén odiaba esa palabra casi tanto como ladrón. La primera la
usaba la gente para insultarle sólo porque vivía como los muertos; la segunda porque todos suponían que como era un niño pobre debía robar. Eso era mentira. Puede que si estuviera realmente desesperado cogiera alguna cosa o, bueno, vale, dos del supermercado, pero eso no era razón para que lo llamaran ladrón. Por que no era un ladrón todo el rato.Al ﬁn y al cabo había compartido su comida, incluso lo último que le quedaba, con muchos niños como él y a nadie se le había ocurrido llamarle santo.</p><p>Sin embargo contra la palabra zombi no tenía defensa. Cuando se miraba
en el trocito de espejo que guardaba en un bolsillo le parecía que todos tenían razón. Si no era más que un feo cuerpecillo ﬂacucho de diez años con el aspecto de ocho, vestido con ropa de propaganda sucia y rota, cubierto del polvo gris de las piedras salvo por los caminos que en su cara dibujaban sus lágrimas.</p><p>Sí, era cierto que parecía un zombi, quizás lo fuera.</p><p>En cuanto Antonia llegó ante la cruz de su amado que sólo tres clavos adornaban, sonrió. De alguna manera se hacía la ilusión de que Enrique estaba aún allí, leyendo los salmos como tantas veces en misa.</p><blockquote><p>“Señor, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu santa montaña? Aquel que camine rectamente, y haga la justicia, y hable la verdad en su corazón”…</p></blockquote><p>Justo entonces otro velado sonido, como el de un lloro que se apaga, reemplazó la fantasía de su mente con un sentimiento extraño, misterioso y lejanamente conocido. Rubén, agarrándose a su última posibilidad de ser alimentado, había andado casi arrastrándose, casi ﬂotando, casi sin entender lo que le pasaba hacia la espalda de Antonia y, llegando hasta a ella, perdiendo en ese instante su última esperanza, se había derrumbado exhausto y exánime en el suelo. Antonia, algo resentida y, en mucho mayor grado, temerosa de las veces que algún niño mendigo la había insultado nunca se hubiera acercado a Rubén de no ser por Eduardo. Ante su tumba, ante el recuerdo de su amor por un hombre bueno, delante de aquel niño de respiración agotada, Antonia se vio inundada de un súbito amor que dispersó todo miedo. Rubén, al sentirse besado en la frente, abrió los ojos y respondió con una sonrisa y luego, sumergiéndose en un sueño sin fondo, se deslizó de los brazos de la bella y vieja señora.</p><p>Antonia sintió sus labios extrañamente fríos y se turbó al ver que sus brazos perdían su fuerza. Un pensamiento desquiciado recorrió su mente — Quizás… no, no puede ser –se dijo– de ninguna manera puede ser. Se limpió entonces la boca y en su pañuelo pudo ver un rastro negro de mugre. -¡Sólo era eso! –se dijo y, repusiéndose, recogió al niño del
suelo –Pesa menos que un suspiro, pobrecito.</p><p>Rubén despertó en un mundo de ﬂores, arte y limpieza. Estaba en una
litera, recién bañado, oliendo a colonia y lavanda, vestido con un pijama azul que declaraba orgullosamente “Capitán del Espacio” en chino. A su lado, en el viejo sofá donde obviamente había pasado toda esa noche, Antonia volvía también a la vida. Muchos días pasaron de alegría y cariño; Antonia pretendía no escuchar sus millones de palabrotas ni sus otros problemas de comportamiento que ya a nadie importan. En vez de eso se centraba en su lucha por ser un niño bueno, un niño como los otros. La verdad es que ambos suponían entonces que, al ﬁnal, fracasarían pero se necesitaban lo suﬁciente como para intentarlo una y otra vez.</p><p>El arroz fue diario, el pollo mensual, el chocolate navideño y el amor incesante. Pero… Antonia, como la adulta que era sabía que tendría que informar a las autoridades sobre Rubén, quizás le dejaran quedarse con él -¡Dios mío, por favor, tienen que dejarme!… o quizás no — pensaba en sus silenciosos lloros bajo la mortecina luz de las estrellas. …o quizás no, pero es que si no les llamo, tarde o temprano se enterarán y entonces sí que me lo quitarán…</p><p>Dos semanas más tarde, tan pronto como le fue posible, vino Luisa, la
trabajadora social. La joven, vestida aún como la estudiante universitaria que tiempo antes fue, tenía grabada en las mejillas una expresión extraña, mezcla de esperanzas tímidas y tristezas rutinarias de ver a personas rotas; especialmente con niños y ancianos, un poco de un corazón radiante y otro de mente hastiada de ser mentida día tras día. Antonia, temblando, condujo a la profesional hasta la cocina-comedor de su pequeño apartamento donde, vestido de comunión, Rubén esperaba.</p><p>-¿Dónde está? –preguntó Luisa.
-¿No le ve usted? –respondió la señora-Ahí delante.</p><p>Luisa, por supuesto, no podía verle. Para ella Rubén no estaba en ninguna parte y tras un incómodo minuto silencioso, sonrió a Antonia y le dijo que eran cosas de la edad, que a veces se ve mejor la fantasía, nuestros deseos, que la gris realidad, que era una cosa normal, que bastaría ver al médico y tomarse un par de pastillas de vez en cuando.</p><p>Al día siguiente, de vuelta del médico, tomadas religiosamente sus medicinas, Antonia se dejó caer derrotada en el sofá. Quería morir. No era la humillación ni el temor a la institución mental lo que parecía deslizarla hasta las puertas del abismo sino el horror a perder a su niño; peor, a que nunca lo hubiese tenido. Entonces, a su espalda, sintió el susurro de un alma y girándose, volvió a ver a su niño, con el pijama puesto y los pies descalzos ﬂotando a dos centímetros del suelo.</p><p>–No mamá, no llores. Por favor, no llores. No estás loca… es que, es que… –y terminó diciendo con una voz llena de culpa y vergüenza– es que soy un fantasma.
–Oh, bueno –replicó Antonia sonriendo– ¿sólo era eso?</p><p>Fin</p><h4>Términos de búsqueda:</h4><ul><li>cuento invisible</li><li>cuentos sobre los temores</li><li>juego de rol sabiavida</li><li>llorando en el cementerio</li><li>llorar en cementerio</li><li>personas llorando en el cementerio</li><li>relato sobre lo invisible</li></ul>]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/invisible/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Nara, la montaña y el cuervo</title><link>http://sabiavida.com/nara-la-montana-y-el-cuervo/</link> <comments>http://sabiavida.com/nara-la-montana-y-el-cuervo/#comments</comments> <pubDate>Sun, 23 Oct 2011 06:31:32 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[mis obras]]></category> <category><![CDATA[actitud]]></category> <category><![CDATA[cuento]]></category> <category><![CDATA[esfuerzo]]></category> <category><![CDATA[lij]]></category> <category><![CDATA[literatura infantil]]></category> <category><![CDATA[metas]]></category> <category><![CDATA[perseverancia]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=801</guid> <description><![CDATA[Cuando el mundo no sabía que iban a nacer tus abuelos, había una niña. Se llamaba Nara. Nara vivía cerca de una montaña muy alta. Todos los días, al despertar, acudía presurosa a la ventana. La abría, se asomaba y ahí estaba su amiga, inmensa en el cielo, la gran montaña. Nara siempre la saludaba [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Cuando el mundo no sabía que iban a nacer tus abuelos, había una niña. Se llamaba Nara. Nara vivía cerca de una montaña muy alta. Todos los días, al despertar, acudía presurosa a la ventana. La abría, se asomaba y ahí estaba su amiga, inmensa en el cielo, la gran montaña. Nara siempre la saludaba así:“Hola amiga montaña, te deseo felicidad, mañana subiré a tu cima.”</p><p>Pero no había acabado cuando un viejo cuervo se posaba en el alféizar de su ventana y con voz no muy bonita la decía así:
“No podrás subir, tu eres una niña muy pequeña y ella una montaña gigante.” Siempre, justo en ese momento, Nara se quedaba
triste. Creía que no podría subir y que nunca sería lo bastante fuerte.</p><p><span
id="more-801"></span></p><p>Hasta que llegaron a su aldea unas nubes sonrientes. Taparon todo el cielo y también el pico de la montaña. Así se veía mas
pequeña. Esa mañana, Nara no dijo: “Mañana subiré a tu cima.”, sino “Hoy subiré.” Cuando llegó el cuervo a su ventana no la encontró; estaba en la cocina desayunando. Fue a la cocina y allí no estaba; había ido a su cuarto a vestirse. Voló a su cuarto, pero la niña se había puesto su abrigo, su gorro de lana rojo y sus botas de arco iris
y se había marchado. Cuando la alcanzó Nara ya estaba en las faldas de la montaña.</p><p>–“Hola, cuervo.” —Fue el saludo de Nara.</p><p>—“Hola, niña, ¿qué haces?” —Replicó el cuervo.</p><p>—“Subir.” —Explicó la niña.</p><p>—“Pero no puedes subir, la montaña es muy alta.” —Dijo el cuervo.</p><p>—“Ya estoy subiendo” —Fue la alegre réplica de Nara.</p><p>—“Un poquito, pero no puedes; la montaña es muy alta. Mira arriba.” —Contestó el cuervo.</p><p>Nara, miró hacia arriba, cada vez más y más alto hasta vio tantos millones de nubes que tuvo miedo. Se dio cuenta de que la montaña seguía siendo muy alta. Así que fue bajando los ojos poco a poco. Así ya no veía a las nubes tan altas. Sólo veía las
unas fresas que crecía un poco más arriba de donde estaba. Como tenía hambre, trepó a por ellas.El cuervo la persiguió, pero ella llegó antes y se las comió todas.</p><p>El emplumado le engañó. —“No trepes más, no puedes. Vuelve a casa, se va a hacer de noche.”</p><p>La niña pensó que tenía razón, y quiso hacerle caso. Pero el sol se fue a dormir en un santiamén y antes de que Nara se
levantase ya estaba oscuro. Nara se puso a llorar, porque se iba a pasar la noche sola en la montaña. Lloró tanto que sus
lágrimas fueron bajando convertidas en un arroyuelo que mojó a una vieja araña. La araña, que se llamaba Nicoleta, se enfadó,
puso sus ocho patas a funcionar a toda potencia y corrió a dónde estaba Nara.</p><p>—“¡Niña!, ¿por qué lloras?” Gritó Nicoleta.</p><p>—“Porque estoy sola y tengo frío.” —Respondió Nara</p><p>—“Ay niña, si no hubieses estado mirando al suelo, llorado, habrías visto que hay una cabaña abandonada cerca, un poco más arriba.” —Le reprendió la araña.</p><p>La muchacha se enjuagó las lágrimas y contestó muy temblorosa —“Pero estaré sola”.</p><p>Y dijo Nicoleta —“Bueno, ponme en tu bolsillo y pasaré contigo la noche; pero no llores.”</p><p>Se fueron las dos a la cabaña y se durmieron hasta que salió de nuevo el sol. Nicoleta se despertó primero y al mover sus patitas hizo cesar el sueño de Nara. La niña, lo primero que hizo fue salir y al levantar la mirada le pareció que la montaña era mucho más pequeña. Sucedía, que las nubes habían bajado mucho y parecía que se podían tocar alargando la mano. Nara lo intentó, pero como era muy pequeña no las alcanzó, así que, subió la montaña corriendo para alcanzar las nubes.</p><p>El cuervo quiso engañarla otra vez —“No vayas, no puedes subir la montaña.” Mas la niña estaba muy lejos para oirle. El pajarraco la persiguió, pero antes de que pudiera alcanzarla, Nara se había metido entre las nubes. Lo curioso fue que cuando entró, las nubes no eran nubes, sino niebla. Nara siguió subiendo desconcertada, hasta que salió de la niebla. En ese momento miró atrás y vio que estaba por encima de las nubes. Luego miró hacia arriba y se dio cuenta de que no podía subir más: ¡había llegado a lo más alto de la montaña! Nicoleta, la araña, sonrió al ver que nadie era más alto que ellas salvo el cielo. La niña, se sentó en la cima y, acariciando la tierra, dijo: “Amiga montaña, ya hice lo que te prometí; ahora tengo que bajar, mi mamá me estará buscando.”</p><p>Justo en ese momento surgió el cuervo de entre el mar de nubes, todavía graznado. “¡No puedes subir! ¡No puedes subir!”</p><p>Pero al ver a Nara y Nicoleta sentadas en lo más alto de la montaña, cambió su discurso: “¿A qué ahora no puedes bajar?” Pero la niña sí pudo bajar y nunca más hizo caso al cuervo tonto.</p><h2>Notas</h2><p>Uno de mis pocos cuentos infantiles. Se trata de una alegoría, que habla de las actitudes necesarias para afrontar grandes retos y de algunas situaciones que he tenido que pasar, pero contados a través del juego de los cuentos.</p><h2>Información</h2><ul><li><p>Palabras: aproximadamente 1000</p></li><li><p>Páginas: 4</p></li><li><p>Género: Literatura Infantil</p></li></ul><h2>Descarga</h2><ul><li><a
href="http://www.scribd.com/doc/57850116/Nara-La-Montana-y-El-Cuervo">En Scribdd</a></li><li><a
href="http://sadneyel.com/wp-content/uploads/2011/06/Nara_La_Monta__a_y_El_Cuervo.pdf">Descarga Directa</a></li></ul><p><small>33</small></p><h4>Términos de búsqueda:</h4><ul><li>cuento de subir la montaña</li><li>como surgio el cuervo</li><li>CUENTO DE EN LO ALTO DE LA MONTAÑA</li><li>cuentos sobre montañas</li><li>luis espinosa hacer un alto</li><li>nara montaña</li></ul>]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/nara-la-montana-y-el-cuervo/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> </channel> </rss>
<!-- Served from: sabiavida.com @ 2012-05-22 12:54:16 by W3 Total Cache -->
