Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Cómo fabricar a tu familia 4/4

| 31/01/2012
Campos de sol

CC Feggy Art

Cuarta parte de “Como fabri­car a tu fami­lia”. Tras corre­gir este borra­dor publi­caré un ebook. Se admi­ten, por tanto, comentarios

Final

Juan se lanzó a la última opción que le que­daba: apren­der él mismo a pro­gra­mar. No fal­taba infor­ma­ción en los sis­te­mas; si acaso había dema­siada: desde mate­má­ti­cas hasta inge­nie­ría de soft­ware; pero todo se le hacía grande y, a la vez pequeño. No nece­si­taba crear un gran pro­grama com­plejo, sólo un pequeño toque, encon­trar justo una línea que debía modi­fi­car para que Madre 4.7 ace­le­rara su inculturización.

Debía dejar de ser humano antes del final de curso. Y le absor­bía tanto la tarea que no se paró a pen­sar si era eso lo que que­ría. Ade­más debía trans­for­marse pronto. Dos fines de semana vol­vió sin los debe­res hechos y tuvo que aguan­tar los dis­cur­sos de su madre, pero le dio igual. Por fin, el ter­cer fin de semana, tuvo una idea. ¿Y si alguien en Data­dad había inten­tado lo mismo antes? Alguna clase de código para obli­gar a una inte­li­gen­cia arti­fi­cial a hacer lo que quie­ras. No pare­cía descabellado.

La única forma de pre­ser­var la cul­tura de Data­dad había sido pre­ser­var tam­bién sus con­te­ni­dos digi­ta­les. Fue­ran lega­les, ile­ga­les o sen­ci­lla­mente ridícu­los: como los dibu­jos de una clase de pri­ma­ria, por ejem­plo. Y tam­bién los des­cu­bri­mien­tos de un hacker. De nuevo encon­tró dema­siada infor­ma­ción; muchas ins­truc­cio­nes de código alter­na­ti­vas, e incluso pro­gra­mas ya com­pi­la­dos, pero no podía con­fiar en nin­guno. Y luego estaba el tema de la segu­ri­dad, ¿cómo se engaña a una inte­li­gen­cia arti­fi­cial para que te deje programarla?

–Mamá.

–¿Sí?

–¿Me dejas pro­gra­marte un poco?

-¿Por pro­gra­marme quie­res decir intro­du­cir cam­bios en mi estruc­tura de pensamiento?

–Vale.

–¿Sabes lo que estás haciendo?

–No muy bien, ¿me ayudas?

–¿Qué quie­res hacer?

–Inser­tarte una fun­ción nueva de inter­ac­ción con el exterior.

–O sea para hablar contigo.

–Sí, algo así.

–¿Por qué? ¿Fun­ciona algo mal? Creo que no.

–No, todo fun­ciona muy bien. Es que… bueno… quiero hacerlo yo. ¿Me dejas?

Madre 4.7 se quedó pen­sa­tiva un rato. Luego asin­tió, sus­pi­rando. –Está bien.

–Ten­drás que ponerte en modo de depu­ra­ción de erro­res, por­que seguro que habré come­tido alguno.

–Muy bien.

Juan no pudo hacerlo. Se sin­tió como un cri­mi­nal. Arti­fi­cial o no, aque­lla era una inte­li­gen­cia, un otro ser dife­rente. Al final evitó el código de los hackers, y puso uno pro­pio, una ton­te­ría que dis­tor­sio­naba la voz de Madre 4.7 y que sólo con­si­guió que fun­cio­nara des­pués de veinte intentos.

–Mamá, –le dijo al día siguiente, –¿no te da pena de qué yo fracase?

–No has fracasado.

–No seré de Data­dad, no me dará tiempo a ser igual que ellos.

–Nunca lo hubie­ras sido.

–Bueno, en lo den­tro, en el espí­ritu. Ya sabes lo que quiero decir, Vida Nueva y todo eso, que no se muera la cul­tura de Datadad.

–Lo que vive cam­bia y lo que cam­bia pierde.

–Y lo que pierde, gana, ya me lo sé. –Era un refrán de Datadad.

–Pues eso. Si Data­dad siguiera vivo, su cul­tura hubiera cam­biado. Tre­bea no cons­truyó la pirá­mide sagrada de nues­tro mundo; la estu­dió en la escuela, como tú a los egip­cios. Lo único que podía hacer era trans­mi­tirte nues­tra semilla.

–¿Cómo Trea­bea te hizo a ti?

–Algo así. Ahora lo que Data­dad sea, será a tra­vés tuya.

FIN