<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?> <rss
version="2.0"
xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
><channel><title>Sabiavida&#187; miedo</title> <atom:link href="http://sabiavida.com/tag/miedo/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" /><link>http://sabiavida.com</link> <description>Sabiduría en práctica &#124; Miguel de Luis</description> <lastBuildDate>Fri, 03 Feb 2012 18:07:16 +0000</lastBuildDate> <language>en</language> <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod> <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency> <generator>http://wordpress.org/?v=3.3.1</generator> <item><title>El miedo a crear</title><link>http://sabiavida.com/miedo</link> <comments>http://sabiavida.com/miedo#comments</comments> <pubDate>Mon, 16 Jan 2012 05:51:00 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[cultura]]></category> <category><![CDATA[esfuerzo]]></category> <category><![CDATA[productividad]]></category> <category><![CDATA[realización personal]]></category> <category><![CDATA[actitud]]></category> <category><![CDATA[arte]]></category> <category><![CDATA[club de lectura]]></category> <category><![CDATA[creatividad]]></category> <category><![CDATA[el espectador]]></category> <category><![CDATA[escribir]]></category> <category><![CDATA[genio]]></category> <category><![CDATA[grinch]]></category> <category><![CDATA[leer]]></category> <category><![CDATA[miedo]]></category> <category><![CDATA[valor]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=1830</guid> <description><![CDATA[En inglés lo llaman writer’s block, en español el horror ante el folio en blanco. Una sabia camarada del club de lectura lo llamó por su nombre: miedo. Me dejó claro que escribir, que crear requiere valor. En ese momento dudé de sus palabras porque me resultaban demasiado diáfanas para ser verdad. Sin embargo, luego, [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<div
id="attachment_2530" class="wp-caption aligncenter" style="width: 650px"><a
href="http://sabiavida.com/wp-content/uploads/2012/01/caleidoscopio.jpg?9d7bd4"><img
src="http://sabiavida.com/wp-content/uploads/2012/01/caleidoscopio.jpg?9d7bd4" alt="CC Indiefox" title="caleidoscopio" width="640" height="428" class="size-full wp-image-2530" /></a><p
class="wp-caption-text">CC Indiefox</p></div><p>En inglés lo llaman writer’s block, en español el horror ante el folio en blanco. Una sabia camarada del club de lectura lo llamó por su nombre: miedo. Me dejó claro que escribir, que crear requiere valor. En ese momento dudé de sus palabras porque me resultaban demasiado diáfanas para ser verdad. Sin embargo, luego, en mi casa, me vino a la mente la verdad de sus palabras. ¿Así qué soy un valiente por atreverme a escribir una novela? Pues parece ser que sí, aunque no por ello me libro de ese miedo. Antes al contrario.</p><p>¿Es cosa sólo de escritores? Ni en sueños. El papel, o la pantalla diáfana del ordenador no causan pavor a nadie, salvo a quienes se disponen a hacer algo que valga la pena. Entonces llamamos bloqueo a lo que una mujer sabia o un niño llamaría miedo.</p><h2> Un ladrón llamado miedo</h2><p>Y este miedo no se manifiesta solamente como bloqueo. Cuando uno adquiere la práctica de escribir, o de crear, es poco probable que no le salga una palabra, pero el miedo sigue ahí y tiene sus consecuencias. Déjame compartir algunas que he experimentado en mis carnes y de las que he oído quejarse a otros.</p><h3> Si no lo hago, no me puede salir mal</h3><p>El no intentarlo, desde luego, es la más grave de todas. Las sufren aquellas personas que se siente normales, o menos que normales, e imaginando que para escribir algo que merezca la pena hace falta estar inspirado por el Espíritu Santo o ser un genio, deciden resignarse a una vida de mero espectador. Esa vida puede ser maravillosa, si el espectador es capaz de disfrutar con lo creado por otros. Pero para muchos de nosotros esa vida no nos satisface, necesitamos crear como comer, tenemos vocación de artista. A esas personas resignarse a no intentarlo les mata. Esto le puede pasar hasta al autor más famoso. Imáginate al escritor consagrado que llora por dentro por ser escultor o interpretar a sus personajes –o a otros– sobre las tablas del teatro. Seguro que uno tiene que especializarse y todo eso, pero nada es excusa para evitar divertirse con los amigos de la agrupación local o garabatear con unos lápices.</p><h3> ¿Y si me sale mal?</h3><p>La segunda es el terror al folio el blanco y el bloqueo del escritor, que ocurren de ordinario en los dos extremos de la creación: cuando estamos empezando y cuando estamos a punto de terminar. La primera la he conseguido dominar jugando, con la misma actitud de un niño de doce años. Se trata de tener un plan muy nebuloso y empezar a esbozar la obra pasándoselo en grande, intentando lo mejor de uno, pero sin preocuparse de anda más. La segunda me cuesta muchísimo más. ¿Tristeza de la despedida? ¿Fin del pequeño mundo que he estado construyendo? ¿Una clase de muerte? Puede, pero más me parece que es miedo al fracaso. Mientras estoy con mi obra la puedo mejorar, al finalizarla ya queda conformada. Y sí, se puede rescribir, y de hecho lo hago, pero sobre la base de esa estructura. Y sé que va a ser así y me duele aceptar que no he sido perfecto.</p><h3> Son *mis* secretos</h3><p>La tercera es el miedo al compartir. Es como aquello de no querer que vean lo que has escrito en tu cuaderno, no sea que se burlen de tí. Me ha pasado ahora en Sadneyel. Tenía la sensación de no haber escrito nada en todos mis años. Y sin embargo nada más tenía que dar un repaso a mi disco duro y salían cosas. Y con las cosas salían excusas: “bueno, pero es que ahora escribo mejor”… “ya no opino exactamente igual”… “tendría que repasar eso otra vez”… “quizás si leen lo que escribí entonces piensen que ya no puedo escribir otra cosa”.</p><p>Chorradas.</p><h3>El examen de sexto de primaria</h3><p>Dentro de cinco años si sigo mejorando —y eso vendrá si sigo escribiendo — pensaré lo mismo de lo que ahora escribo. Yo lo llamo el síndrome del examen de sexto de primaria. Ese que te salió tan bien que lo guardas en tu carpeta con el diez del profesor bien reluciente en una esquina. Luego lo lees sólo tres años más tarde y casi que te avergüenzas. En realidad deberías alegrarte de hasta donde has llegado, pero a lo que vengo es a decirte que ante la duda es mejor publicar, porque esas obras son también parte de tu vida y si a tí, al menos a tí, emocionaron en su momento a otras personas también podrá emocionar.</p><h3>Estrellas lejanas</h3><p>La cuarta es el no atreverse a alcanzar las estrellas. Es el “a mí me gustaría escribir un Espartaco pero es que es una historia demasiado grande para mí”.  También el “quisera tratar profundamente del tema del amor y de la muerte, pero bueno es que es sólo literatura juvenil y a lo mejor se me aburren, mejor hago algo de vampiros que está de moda y trato las dos cosas así sin que se note mucho”. Y el más pernicioso de todos consiste en “¿Arte? ¿Cuidar cada frase?… Bueno, un poco sí, claro, pero, o sea que es complicado, me puede salir muy mal y si me sale mal será peor, mejor me quedo con un lenguaje cercano y simple y nadie me puede decir que está muy mal”.</p><p>Ni muy bien, idiota. Ese idiota también va por mi. No se hacen pactos con el Miedo, no se habla con la Resistencia. Te la cargas. Haces lo mejor que puedas y se acabó. Y si sale mal, pues la vida es triste, te levantas, lo vuelves a intentar con lo que has aprendido y llegas. Pero el que no quiere caer nunca, jamás se levantará del sillón. Ya hay demasiados libros blandengues por el mundo. ¿Qué te sale uno insulso? Pues mala suerte. Pero no lo hagas aposta, o te traicionarás.</p><h2>Una vía de solución</h2><p>La ocupación principal de este artículo era señalar al miedo y sus consecuencias. Como enfrentarse a él requeriría un libro largo. Sin embargo no me resigno a dejaros sin algunas ideas para que podáis atrapar a este ladrón roba-sueños.</p><h3>Un método de productividad</h3><p>El error de muchos artistas, perdón de los aspirantes, es creerse que no necesitan organización o incluso que la organización matará la frescura de su inspiración. Al contrario, tener un plan, aunque sea flexible, te permite orientar tu obra y distribuir los tiempos. Al mismo tiempo consigue que tu vida diaria y tus otras obligaciones no obstaculicen tus ansias de crear sino que te apoyen a ello.</p><h3>Una actitud juguetona</h3><blockquote><p>El adulto creativo es el niño que ha sobrevivido. ~Úrsula K. Leguin</p></blockquote><p>La creación es sólo uno de los tipos de juegos de los niños. Es más, pasada la edad más temprana, se puede decir que la imaginación está en todos los juegos de los niños. Incluso en el mismo fútbol. Asumir esa actitud de juego nos permite dejar que la imaginación fluya con rapidez, y dejarnos sorprender por las ideas que surgen, sin intentar dominar ni imponer nuestra voluntad a la magia. Y entonces es cuando la magia surge.</p><h3>La resolución apesarde</h3><p>Esto es, que harás las cosas “A pesar de”. A pesar de que no me ha salido perfecto. A pesar de que podría revisarlo otra vez más. A pesar de que hay personas que podrían haberlo hecho mejor. A pesar de que otras ya lo han hecho. A pesar de que poca gente se interese por lo que tengo que decir. A pesar de que “no haya mercado”. A pesar de que sea raro. A pesar de que sea invierno. A pesar de que tenga miedo. A pesar de que sea muy joven. A pesar de que sea muy viejo. A pesar de que esté en una edad media. A pesar de mis <a
href="/mi-amigo-apesarde/">a-pesares</a>, voy a terminar y voy a publicar y más vale que nada se ponga en mi camino porque va a acabar aplastado.</p><h3>Kaizen</h3><p>Recuerdo que cuando comencé a hacer ejercicio, “sabía” que iba a fracasar. Usé entonces un método que apenas empezaba a conocer: el kaizen. La cosa supone mejoras muy pequeñas que vas luego agrandando muy poco a poco. Las mejoras son tan chicas que el miedo no se entera, no les da importancia y las deja pasar. Pero poco a poco te van mejorando por dentro. Y cuando se quiere dar cuenta, al miedo le ha pasado su oportunidad.</p><p>Aún así no fue fácil. Cuando se está muy gordo hacer ejercicio da miedo. Desde hacer el ridículo hasta morirse, todo pasa por uno cuando se pone a correr. Pero al hacerlo a pocas dosis es posible alcanzar muchas pequeñas victorias que te demuestran la falsedad fundamental de todos esos miedos. Vamos, que son mentira cochina.</p><p>Te propongo el mismo método para crear. No empieces con una novela, o una serie de treinta y ocho capítulos, o una novela gráfica. Haz un haiku. O un corto de un minuto, rodado con el móvil y un amigo, o sin amigo y deja el móvil grabando. O dibuja una viñeta. Y luego publícala. Y verás que el mundo no se cae y quizás hasta a alguien le guste.</p><h2>Os envío al mundo</h2><p>Os toca. Perded toda esperanza, ni yo ni nadie va a escribir, pintar, actuar o rodar por vosotros.  Tampoco nadie va a hacer vuestra aportación a la política o a la ONG local. No se puede. Yo no soy ninguno de ustedes, ni de <em>ustedas</em>, si me perdonáis la broma. Por eso es tan urgente que os atreváis, porque si no os atrevéis el mundo, y yo, os habremos perdido y vuestra especial alma jamás tocará nuestras vida, ni nos hará mejores.</p><p>Os toca. Enseñadnos. Hacednos felices, o hacednos llorar, pero hacednos algo, para que nunca estemos sin la compañía de vuestro corazón.</p><h2>Recomendados</h2><ul><li> <a
href="http://www.amazon.es/gp/product/8495787474/ref=as_li_ss_tl?ie=UTF8&#038;tag=sabiavida-21&#038;linkCode=as2&#038;camp=3626&#038;creative=24822&#038;creativeASIN=8495787474">Fish! (Narrativa Empresarial)</a><img
src="http://www.assoc-amazon.es/e/ir?t=sabiavida-21&#038;l=as2&#038;o=30&#038;a=8495787474" width="1" height="1" border="0" alt="" style="border:none !important; margin:0px !important;" /></li></ul><p><small>post antiguo rescatado</small></p><h4>Términos de búsqueda:</h4><ul><li>caleidoscopio tipos</li><li>miedo de lo que se puede crear</li><li>niño caleidoscopio</li></ul>]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/miedo/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Sin corazón</title><link>http://sabiavida.com/sin-corazon/</link> <comments>http://sabiavida.com/sin-corazon/#comments</comments> <pubDate>Sun, 13 Nov 2011 06:48:58 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[amabilidad]]></category> <category><![CDATA[ética]]></category> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[mis obras]]></category> <category><![CDATA[santidad]]></category> <category><![CDATA[solidaridad]]></category> <category><![CDATA[ángel]]></category> <category><![CDATA[aterrador]]></category> <category><![CDATA[brujo]]></category> <category><![CDATA[cuento]]></category> <category><![CDATA[héroes]]></category> <category><![CDATA[lij]]></category> <category><![CDATA[literatura infantil]]></category> <category><![CDATA[literatura juvenil]]></category> <category><![CDATA[magia]]></category> <category><![CDATA[mago]]></category> <category><![CDATA[miedo]]></category> <category><![CDATA[príncipe]]></category> <category><![CDATA[valor]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=805</guid> <description><![CDATA[Érase una vez… En Cobieya, en los años del Rey Sancho el Guerrero, aún seguían una antigua norma que disponía que un niño se hiciera adulto a los doce años. Pizco tenía 11 años y 364 días, pero no le preocupaba nada porque era el príncipe. Lo único que lamentaba es que a partir del [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<div
id="attachment_1878" class="wp-caption alignleft" style="width: 394px"><a
href="http://www.flickr.com/photos/slimjim/3121732661/sizes/l/in/photostream/"><img
src="http://sabiavida.com/wp-content/uploads/2011/11/arbolseco.jpg?9d7bd4" alt="Árbol Seco y misterioso" title="arbolseco" width="384" height="683" class="size-full wp-image-1878" /></a><p
class="wp-caption-text">CC –nc –sa –by slimmer_jimmer</p></div><h2>Érase una vez…</h2><p>En Cobieya, en los años del Rey Sancho el Guerrero, aún seguían
una antigua norma que disponía que un niño se hiciera adulto a los
doce años. Pizco tenía 11 años y 364 días, pero no le preocupaba nada porque era el príncipe. Lo único que lamentaba es que a partir del día siguiente no le sería permitido jugar nunca más. Pizco convocó a sus amigos a jugar por última vez en el bosque. En la segunda hora de la mañana, Pizco todavía les esperaba, cuando vio a un hombre vestido con una túnica roja, acercándose montado en un escudo volador.</p><p>-¿Quién es usted? –Pizco preguntó al recién llegado. Pero el extraño respondió con una sola palabra</p><p>–Ríndete.</p><p>Pizco desenvainó su espada. El extraño sonrió y susurró una palabra mágica. Justo después a Pizco se le cayó la espada de la mano, su brazo derecho colgaba del hombro sin vida. Entonces Pizco se volvió y salió corriendo, esquivando los árboles que encontraba. El extraño tocó su propia pierna derecha. Pizco cayó de bruces sobre la tierra. El brujo se apeó del escudo y se acercó lentamente. El niño todavía trataba de escapar, arrastrándose con el único brazo y la pierna que todavía podía mover hasta que el hombre lo alcanzó y le dio la vuelta de una patada.</p><p><span
id="more-805"></span></p><p>-¿Te rindes ahora?</p><p>Pizco lanzó un puntapié que hizo retroceder al hombre exclamando maldiciones. Entonces el brujo acarició su rodilla y se llevó un dedo a los labios. Pizco estaba acabado. Ya no podía moverse ni hablar, sólo ver como se aproximaba el señor de la magia.</p><p>–Tenme miedo, pero no te preocupes por tu vida.</p><p>Dicho esto, agarró al pobre Pizco y lo ató al escudo volador. Después saltó encima y con un guiño lo hizo despegar. Tras un largo
viaje, Pizco y el brujo sobrevolaron una tierra de niebla, pantanos,
arroyos tortuosos y árboles mortecinos que se agarraban a la vida
bajo una lluvia incesante. En medio de todo, se erguía una gigantesca torre de piedra. El brujo llevó al escudo volador a la azotea,
bajó y entró en la torre. Durante horas, Pizco se quedó solo atado al
escudo, bajo la lluvia, el viento y los aullidos distantes de los lobos.</p><p>Al ﬁn apareció una chica descalza, vestida solo con una túnica de
tela vaquera, larga hasta las rodillas, temblabando de miedo y frío.
–Tengo que meterte dentro, –le dijo y luego le ató una venda en
los ojos.</p><p>Cuando Pizco pudo ver de nuevo, yacía sin camisa sobre una
cama de piedra. A su izquierda el brujo alzaba un jarrón de barro
rojo. Los muros y techo estaban cubiertos de extraños símbolos. A
sus pies, en una mesita había otro jarrón, como el que alzaba el
brujo, pero de color amarillo ocre.</p><p>–Venga tu alma a las tierras oscuras</p><p>–Según el brujo comenzó su blasfemo canto, Pizco trató de levantarse con todas sus fuerzas, pero seguía inmóvil. El brujo colocó
el jarrón sobre el pecho de Pizco.</p><p>–Así sea — dijo al terminar.</p><p>Pizco ya no más sintió su corazón dentro del pecho, sino sobre
éste, latiendo dentro de la vasija roja. Le llevó un segundo entenderlo que pasaba, el mismo segundo que tardó el brujo en retirar el jarrón. Le habían robado el corazón e iba a morir.</p><p>El brujo volvió con el jarrón amarillo y lo apoyó, como había hecho con el otro, sobre el pecho del niño.</p><p>–Tenme miedo — le dijo y en ese mismo instante un nuevo corazón,
enfermo y cobarde latió dentro del chico que lentamente cayó en un
profundo sueño.</p><h2>Cobarde</h2><p>Pizco despertó dos días más tarde sobre un colchón viejo colocado
sobre el suelo. Vestía sólo una pobre túnica azul, como la niña que
le había llevado dentro y que entonces le hablaba.</p><p>-¿Cómo te llamas?</p><p>–Pizco.</p><p>-¿Te duele?</p><p>–No, sólo estoy muy cansado.</p><p>–Es normal, todavía se te está pasando el efecto del hechizo.</p><p>-¿Dónde estoy? ¿Cómo te llamas?</p><p>–Me llamo Aras y estás en el dormitorio 22A de la Torre del
Señor Añicos, el brujo. Estás aquí porque el señor Añicos quiere
que seas su esclavo y trabajes para él. ¿Puedes levantarte?</p><p>–Creo que sí.</p><p>–Por favor, inténtalo. Te ayudaré. Pizco consiguió levantarse tras
dos minutos de sudores. Sus piernas temblaban por el esfuerzo y
la cara se le había quedado blanca como una pared.</p><p>-¿Tienes miedo, Pizco?</p><p>–Sí, pero no sé por qué.</p><p>–Tienes miedo a desobedecer al brujo. Es tu nuevo corazón,
te convierte en un cobarde, como todos los demás, como yo.Pero no te preocupes, haz siempre lo que quiera el señor brujo y
no tendrás que pasar tanto miedo.</p><h2>El laboratorio</h2><p>Tras caminar tres pasillos y bajar cuatro escaleras, Aras y Pizco
entraron en el laboratorio. La habitación ocupaba un piso entero
de la torre, así que habría parecido enorme de no haber estado
llena por un hormiguero entero de niños, centenares de máquinas
estruendosas, y decenas de hornos de fundición. Hedía a sudor y
a azufre, el aire ardía y el ruido te impedía pensar, pero Pizco, a lo
único que tenía miedo, era a no estar ahí. Aras le enseñó a Pizco
su primer trabajo. Consistía en cargar una carretilla con polvo rojo
y llevarlo a un horno de fundición, una y otra vez. Con ese polvo
se hacían unas pastillas grandes como galletas, que todo el mundo
llamaba medicinas aunque nadie se lo creyera.</p><h2>Todos tenemos los cumpleaños parados</h2><p>Pizco supo que el trabajo estuvo terminado trece horas después,
cuando ya no temía descansar. Fue al comedor con los demás,
donde los niños encargados de la cocina ya habían servido la cena.
Se sentó junto a Aras y otros cien niños en una de las largas mesas
de madera y sólo entonces se atrevió a bombardear a su nueva
amiga con preguntas.</p><p>-¿Son todos niños aquí?</p><p>–Sí, todos salvo el señor brujo, claro. Todos los demás tenemos
doce años menos un día.</p><p>-¿Mañana cumplís todos doce años?</p><p>–No, no hay cumpleaños. Todos tenemos los cumpleaños parados y tú también. El señor brujo piensa que es lo mejor para él.</p><p>-¿Dónde está el señor brujo?</p><p>–Nadie lo sabe. Y es mejor así. Da miedo verle.</p><p>-¿Y si no hay guardias por qué no escapamos?</p><p>-¿Escaparnos? ¡No! Nadie puede. No quiero. ¿Sabes lo que
pasaría si trataras de escaparte?… — Aras no pudo terminar la frase,
llorando y temblando miedo. Poco después a Pizco le pasó lo mismo. Nada le daba tanto miedo como escapar.</p><h2>Los héroes van más allá de lo justo</h2><p>Cinco años más tarde, Pizco tenía aún doce años menos un día.
Como el resto de los niños había trabajado todos los días para el
brujo, al que no habían visto nunca. Sólo la llegada de un nuevo
chico o chica de casi doce años cada dos o tres meses, mostraba
que el brujo seguía allí. Pizco pensaba que nunca se atrevería a escapar. Tampoco creía que nadie vendría a rescatarle. Y si lo hicieran estarían esperando a un valiente príncipe de diecisiete años,
no a un niñito asustado. Ese día, cuando estaban acabando de
trabajar, los niños escucharon los pasos de un adulto bajando las
escaleras. Todos se paralizaron; algunos se tiraron al suelo, unos
pocos rompieron a llorar, nadie se atrevía ni a rezar. “Pizco, levántate y ven conmigo, por favor”. Pizco se quedó quieto, pero muchos de los niños, incluida Aras le tomaron de brazos y pies, lo dejaron fuera y cerraron la puerta.</p><p>–Tienes que ir –le decían –si no, será malo para todos.</p><p>–Pizco, levántate y ven conmigo, por favor –repitió la voz desde
las escaleras.</p><p>Pizco por ﬁn, decidió ir. Encontró una mujer con alas de ángel,
vestida de oro y plata.</p><p>–Seré bueno –dijo Pizco –por favor, no me haga nada.</p><p>–Me llamo Gabriela. Me voy a sentar aquí — dijo la mujer ángel.-
Si quieres puedes sentarte conmigo.
Cuando se sentó Pizco, Gabriela le explicó lo que quería de él.</p><p>–Vale, Pizco, a los ángeles no nos gusta sentarnos. Es una lata,
nunca sabes donde poner las alas, así que seré rápida. Dios quiere
que seas un héroe. ¿Qué por qué tu? Chico, ni idea, cosas del jefe.</p><p>–Pero no puedo ser un héroe, soy un cobarde.</p><p>-¿Y qué?</p><p>–Pues que los cobardes no son héroes.</p><p>–Bueno, esto es lo que tienes que hacer. Vas a la habitación del
señor brujo y le cambias su corazón. Lo mismo que él te hizo.
Gabriela tuvo que usar todos sus poderes para evitar que Pizco
se desmayara de miedo… y fracasó. Diez minutos más tarde, Pizco
se despertó temblando.</p><p>-¿Lo ves? Soy un cobarde. No puedo hacerlo.</p><p>–No, no me has convencido. Es que Dios me ha dicho que
puedes y claro, el jefe es el jefe. Nos vemos esta noche, ahora
me tengo que ir a muy, muy, muy arriba. –Dicho eso Gabriela se
disolvió en el aire.</p><p>Se hizo de noche. Todos fueron a la cama. Pizco no podía dormir.
Al ﬁnal se escurrió del colchón y salió de puntillas del dormitorio.
No lo había planeado, pero en ese momento vio las escaleras y
decidió subirlas. Como estaba en ello, siguió adelante lentamente –
tan lentamente que a veces se daba la vuelta — hasta que llegó a la
puerta de la habitación del brujo. Y allí se quedó, quieto como un
maniquí.</p><p>Entonces, sobre la puerta del brujo, se formó la cara de Gabriela
que le guiñó un ojo y susurró –El jefe cree que sería bueno que
abrieras la puerta.</p><p>Pizco respondió con otro susurro –Pero es que no tengo llave.</p><p>–Por lo menos empuja.</p><p>Pizco empujó. La puerta se abrió en silencio. La habitación nunca le había parecido tan aterradora en los días que le había tocado
limpiarla. Antes ni estaba oscura y ni tampoco estaba el brujo. Ahora podía ver su oscura forma y escuchar sus ronquidos. Pizco entró
temblando, fue al armario donde el brujo guardaba los jarrones rojos y tomó uno vacío. Seis veces fue a la cama del brujo y seis
retrocedió. A la séptima caminó con los ojos cerrados y quedó ante
el pecho de su aterrador enemigo. De un golpe el chico puso la
vasija sobre el corazón del monstruo y susurró –Dios, ayúdame.</p><p>El brujo Añicos se despertó. Demasiado tarde, su corazón ya
estaba dentro de la vasija, aún latiendo. Pizco veía como crecían
de miedo los ojos del brujo. El malvado se iba a morir. Gabriela
apareció al otro lado de la cama sosteniendo otro jarrón rojo.</p><p>–Pizco rápido, Dios no quiere que este hombre muera.
Confuso, Pizco dejó la vasija donde latía el corazón del brujo y
tomó la que Gabriel le ofrecía y se la llevó al pecho. Entonces lo
supo. — Por favor, éste no, éste es el mío, el de verdad.
Gabriela se quedó en silencio, sin sonreír ni ponerse seria. –
Pero no es justo.</p><p>–No, no lo es. Los héroes van más allá de lo justo.</p><p>Pizco dejó el jarrón con su verdadero corazón, aún latiendo, sobre el pecho del brujo. Justo entonces Gabriela desapareció, dejando a Pizco congelado de miedo. Dos segundos después, el brujo saltó de la cama y le agarró por el cuello estrangulándolo con toda su furia. Pizco respondió con mil puñetazos. La lucha siguió durante cuatro terribles minutos; las fuerzas del niño se deshaciendo hasta que un último golpe no consiguió sino hacer reír al brujo.</p><p>-¡Adiós! –gritó éste complacido.</p><p>De repente, Pizco estaba libre. Añicos le había soltado y yacía en el suelo llorando. Tenía un nuevo corazón, el de Pizco que era
más fuerte que todo el mal que había hecho durante muchos siglos.
Añicos lloró siete horas más, salió corriendo y nunca más lo vieron.</p><p>Pizco devolvió a cada niño su verdadero corazón. Al día siguiente tuvieron la más grande de todas las ﬁestas de cumpleaños,
con miles de tartas horneadas por ángeles, todas con doce velas.
Después cada uno se fue a su casa. Pizco volvió al palacio. Al principio nadie le creía, pero cuando apareció Gabriela y le explicó al Rey Sancho la verdad todos se alegraron de volverlo a ver.</p><p>Pizco creció y se hizo Rey. A pesar de sus miedos, porque todavía tenía su corazón de miedo, fue un buen Rey. Nunca puso en peligro a su reino y cuando algún rey malvado atacaba preparaba con tanto cuidado las batallas que Cobieya siempre salía victoriosa. Este es el ﬁnal de esta historia que es tan cierta como cualquier cuento. Y si alguna vez te pierdes y acabas cerca de una gran torre, no tengas miedo. Con lo único que debes tener cuidado es con una vasija de barro que yace en el suelo entre arañas porque si cambiaras tu corazón por el de la vasija te convertirías en un brujo, poderoso, pero malvado.</p><h3>Fin</h3><h2>Notas</h2><p>En este cuento exploré el tema del valor, de lo que significa ser un héroe y de la esperanza y es que cuando hace años que se ha dado todo por perdido, aparece un ángel.</p><h2>Información</h2><p>Palabras: aproximadamente 2100</p><p>Páginas: 8</p><p>Género: Infantil, Miedo, Religioso</p><p><a
href="http://www.flickr.com/photos/slimjim/3121732661/sizes/z/in/photostream/">Fotógrafo</a></p><h2>Descarga</h2><ul><li><a
href="http://www.scribd.com/doc/58270996/Sin-Corazon">En Scribd</a></li><li><a
href="http://sadneyel.com/wp-content/uploads/2011/06/sincoraz__n.pdf">Descarga Directa</a></li></ul><h4>Términos de búsqueda:</h4><ul><li>literatura juvenil gratis</li></ul>]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/sin-corazon/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>1</slash:comments> </item> <item><title>amor amarra</title><link>http://sabiavida.com/amor-amarra/</link> <comments>http://sabiavida.com/amor-amarra/#comments</comments> <pubDate>Thu, 27 Oct 2011 04:51:00 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[amabilidad]]></category> <category><![CDATA[cultura]]></category> <category><![CDATA[haiku]]></category> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[mis obras]]></category> <category><![CDATA[amor]]></category> <category><![CDATA[miedo]]></category> <category><![CDATA[poema]]></category> <category><![CDATA[poesía]]></category> <category><![CDATA[separación]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=1339</guid> <description><![CDATA[bestias de miedo a quien amor amarra matan sus sueños]]></description> <content:encoded><![CDATA[<h3>bestias de miedo</h3><h3>a quien amor amarra</h3><h3>matan sus sueños</h3> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/amor-amarra/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Ya soy mayor</title><link>http://sabiavida.com/mayor/</link> <comments>http://sabiavida.com/mayor/#comments</comments> <pubDate>Tue, 25 Oct 2011 04:35:30 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[realización personal]]></category> <category><![CDATA[adolescencia]]></category> <category><![CDATA[adulto]]></category> <category><![CDATA[crecer]]></category> <category><![CDATA[cumpleños]]></category> <category><![CDATA[esperanza]]></category> <category><![CDATA[la esperanza]]></category> <category><![CDATA[los amigos]]></category> <category><![CDATA[los cambios]]></category> <category><![CDATA[miedo]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=1007</guid> <description><![CDATA[Hoy cumplo 41 años y estoy encantado de comunicar que me hace más ilusión que cuando cumplí trece. Aunque eso no es difícil, a decir verdad. Desde niño he pensado que un día es lo mismo que otro día; bueno, salvo por un detalle sin importancia: nuestros días en este mundo están contados. Supongo que [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<p>Hoy cumplo 41 años y estoy encantado de comunicar que me hace más ilusión que cuando cumplí trece. Aunque eso no es difícil, a decir verdad. Desde niño he pensado que un día es lo mismo que otro día; bueno, salvo por un detalle sin importancia: nuestros días en este mundo están contados. Supongo que por eso hay gente que ve con miedo cumplir los cuarenta, cincuenta o sesenta. Nos recuerda que todo, hasta nosotros, nos acabamos.</p><p><span
id="more-1007"></span></p><p>La esperanza de la resurrección, de la vida eterna o de la reencarnación o de cualquier otra forma de existencia después de la muerte no modifican este hecho. Primero porque es una esperanza y una fe, no un hecho. Segundo, porque en cualquier caso esta vida de aquí y de ahora en este mundo y era se acaba. Y eso es un cambio muy grande, y como todos los cambios nos da miedo.</p><p>A los 41 uno deja de ser joven. O mejor, he decidido que a los 41 he dejado de ser joven. ¿Qué por qué a los 41 y no a los 40? Pues porque las series numéricas empiezan por 1, que es una razón tan mala como cualquier otra. Es cierto que la infancia, la adolescencia, la juventud, la edad adulta, la madurez y la vejez son realidades socialmente construidas, pero a la vez tienen cierta base biológica detrás.</p><p>En plata: cuando era adolescente mi cuerpo se comportaba de una manera y la gente esperaba de mí que hiciera ciertas cosas. Y luego claro, estaba lo que yo quería hacer, hacía y sentía. Ahora mi cuerpo se comporta de otra manera, le sale menos acné y alguna cana; la gente espera cosas distintas de mí y yo me siento más libre para hacer y sentir como me dé la gana. Supongo que esa libertad es la ventaja de ser adulto.</p><p>Por eso, lo que me hace ilusión no es que hoy cumpla 41 años. Cuando cumplí 13 lo que tenía es miedo, de mi mismo, miedo en convertirme en esos monstruos caprichosos con los que el cine se empecina en describir a los adolescentes. Unos tipos preocupados por la moda, obsesionados por caer bien a los amigos, aunque estos amigos sean asesinos en serie, gritones, gandules, malhumorados y con ganas de tirarse por un puente para ver que pasa cuando chocas con el agua. Me llevó casi dos años que me desapareciera ese miedo y que comprendiera, que sí, que es verdad que las hormonas hacen que te cambie el humor y que te empiecen a gustar otras cosas, pero es más cierta la libertad. Al final eres tú quien toma las decisiones.</p><p>A los 41 sé que me va a seguir gustando jugar; no como un niño, ni tampoco como un adolescente, pero jugar, qué diantre. Y también sé que ha llegado mi mejor momento; estos serán años de crear, de hacer cosas que merezcan la pena, y de disfrutar con los sudores. Quiero que me quede una gran vida por delante, y es que ahora voy a vivir mis sueños,</p><p>Ya soy mayor.</p><p><small>35</small></p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/mayor/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>coraza de corazón</title><link>http://sabiavida.com/coraza-de-corazon/</link> <comments>http://sabiavida.com/coraza-de-corazon/#comments</comments> <pubDate>Sat, 15 Oct 2011 10:43:00 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[amor]]></category> <category><![CDATA[corazón]]></category> <category><![CDATA[haiku]]></category> <category><![CDATA[miedo]]></category> <category><![CDATA[poema]]></category> <category><![CDATA[poesía]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=1340</guid> <description><![CDATA[renuncio a mi coraza de corazón vuelvo a nacer abandonada coraza de corazón amor desnudo herrumbre hiere coraza de corazón respiro rosas hablan martillos coraza de corazón ¿qué forja el dolor? Términos de búsqueda:pirata barba azulpirata sin ojo izquierdopirata SIN PARCHE]]></description> <content:encoded><![CDATA[<h3>renuncio a mi</h3><h3>coraza de corazón</h3><h3>vuelvo a nacer</h3><p><span
id="more-1340"></span></p><hr
/><h3>abandonada</h3><h3>coraza de corazón</h3><h3>amor desnudo</h3><hr
/><h3>herrumbre hiere</h3><h3>coraza de corazón</h3><h3>respiro rosas</h3><hr
/><h3>hablan martillos</h3><h3>coraza de corazón</h3><h3>¿qué forja el dolor?</h3><hr
/><h4>Términos de búsqueda:</h4><ul><li>pirata barba azul</li><li>pirata sin ojo izquierdo</li><li>pirata SIN PARCHE</li></ul>]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/coraza-de-corazon/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> <item><title>Más allá de la Tormenta</title><link>http://sabiavida.com/mas-alla-de-la-tormenta/</link> <comments>http://sabiavida.com/mas-alla-de-la-tormenta/#comments</comments> <pubDate>Sat, 01 Oct 2011 04:52:05 +0000</pubDate> <dc:creator>Miguel de Luis Espinosa</dc:creator> <category><![CDATA[literatura]]></category> <category><![CDATA[mis obras]]></category> <category><![CDATA[adolescentes]]></category> <category><![CDATA[amish]]></category> <category><![CDATA[cuento]]></category> <category><![CDATA[del muro]]></category> <category><![CDATA[espadas]]></category> <category><![CDATA[existencia]]></category> <category><![CDATA[lij]]></category> <category><![CDATA[literatura juvenil]]></category> <category><![CDATA[miedo]]></category> <category><![CDATA[obras literarias]]></category> <category><![CDATA[relato]]></category> <category><![CDATA[una pregunta]]></category> <category><![CDATA[verdad]]></category><guid
isPermaLink="false">http://sabiavida.com/?p=793</guid> <description><![CDATA[Resumen Cuatro adolescentes, perdidos en medio de una tormenta, acaban en un pueblo sacado del siglo XVI, aislado del resto del mundo, que vive aterrado bajo la amenaza del siguiente ataque de una horda de demonios. Notas Hace seis años, (la fecha del pdf es de la última impresión), me inspiré en los Amish para [...]]]></description> <content:encoded><![CDATA[<h2>Resumen</h2><p>Cuatro adolescentes, perdidos en medio de una tormenta, acaban en un pueblo sacado del siglo XVI, aislado del resto del mundo, que vive aterrado bajo la amenaza del siguiente ataque de una horda de demonios. <span
id="more-793"></span></p><h2>Notas</h2><p>Hace seis años, (la fecha del pdf es de la última impresión), me inspiré en los Amish para crear esta obra. Sí, es cierto que los Amish no llevan espadas, pero he supuesto que los demonios serían barra libre. A decir verdad, lo de los Amish era lo de menos, lo importante era responder a una pregunta: ¿Cómo viviríamos si los demonios fueran objetivamente reales, sin que nadie pudiera dudar de su existencia?</p><h2>Información</h2><p>Palabras: aproximadamente 7000</p><p>Páginas: 25</p><h2>Descarga</h2><ul><li><a
href="http://es.scribd.com/doc/57518023/Mas-Alla-de-La-Tormenta" target="_blank">En Scribdd</a></li><li><a
href="http://sabiavida.com/wp-content/uploads/2011/10/57518023-Mas-Alla-de-La-Tormenta.pdf?9d7bd4">Descarga directa</a></li></ul><h2>Extracto</h2><p>Debemos la vida a “el simple”. Así es como lo llamaban los niños
del pueblo del que pronto te hablaré. Pero “el simple” tenía un nombre, Adalberto, mientras que el pueblo no necesitaba ninguno; más allá del muro del miedo era lo único que había. Lo que pasó, según me contaron y pude deducir luego, fue que Adalberto nos encontró cuando volvía de traer la leña para aquella tarde de invierno. Sí, era invierno a ese lado de la tormenta. Estaríamos inconscientes sobre el barro, empapados de lluvia, apenas vestidos de manga corta y sandalias, mientras el viento de la tarde nos congelaba lentamente los músculos. Supongo que Adalberto, hecho a los sacos de patatas y a guiar percherones, nos cargó como plumas en su carro…</p> ]]></content:encoded> <wfw:commentRss>http://sabiavida.com/mas-alla-de-la-tormenta/feed/</wfw:commentRss> <slash:comments>0</slash:comments> </item> </channel> </rss>
<!-- Served from: sabiavida.com @ 2012-02-05 17:08:37 by W3 Total Cache -->
