Resoluciones = hábitos
¿Por qué los llaman resoluciones si quieren decir hábitos? La mayoría de las resolucioncillas de año nuevo que se hace la gente o son hábitos o son cosas que se traducen en hábitos. Pongamos por caso correr todos los días: un hábito. Aprender inglés: conlleva el hábito de estudiarlo y practicarlo, pringados que un idioma se aprende practicando. Incluso las resoluciones-objetivo: escribir un libro, aprobar las asignaturas, encontrar trabajo dependen de unos hábitos.
Perfección, procrastinación
Una de las cosas divertidas de los hábitos es que no parecen muy difíciles de primera. Hacer media hora de ejercicio, “no es para tanto”, puedes pensar y de hecho no lo es, hasta que:
Lo quieres hacer en el momento mejor. Lo que pasa es que ese momento perfecto no va a existir todos los días. A poco que caigas en esta trampa acabarás procrastinando el nuevo hábito, poco a poco, hasta que te vuelvas a declarar perezoso e incapaz de asumir nuevos retos y te dediques a ver la tele. Adiós objetivo.
Atrapa tu hábito
A mí me ha funcionado mejor otra táctica: ir a la primera oportunidad. Vuelvo del trabajo, tengo la calle para correr y me pesa la cabeza para escribir: pues me monto en mi bici y ya está. ¿Qué no es el momento ideal? Pues no, pues vale, pues me alegro, pero también hoy he montado en bici. Ya cuando agarre este hábito iré a mejorarlo. De momento aprovecho esta oportunidad. Quizás no la vuelva a tener en el día.
En el seminario me enseñaron que había que consagrar las mejores horas a rezar. Vale, genial, muy santo y todo lo que quieras, pero ahora esas horas se las tengo que dedicar a la Consejería de Educación, a escribir informes, contestar llamadas y cosas administrativas. Así que ahora rezo laudes cuando me levanto y vísperas cuando puedo, y si no llego a vísperas, pues completas (que es a la hora de dormir) y santas pascuas.
A la primera oportunidad que tenga para mi hábito, salto sobre ella. Mirad según acabé este artículo, me faltó fuelle para seguir escribiendo: a la bici.

