Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Laudes Amish

| 22/01/2012
Paz de Navidad

CC Cindy Seigle

Oh Señor, Dios Todo­po­de­roso, y Padre celes­tial, al igual que Usted nos creó y puso sobre esta tie­rra para tra­ba­jar en difi­cul­tad y tris­te­zas hasta que vol­va­mos al polvo del que somos toma­dos, tam­bién Usted ordenó la medida de nues­tros días para que pudié­ra­mos temerle y amarle y ser­virle con todos nues­tros cora­zo­nes. En su bon­dad Pater­nal, Usted ha orde­nado el día al tra­bajo y la noche al des­canso. Así hemos sido refres­ca­dos por el res­poso de esta noche que Usted tan gra­cio­sa­mente nos con­ce­dió y le ala­ba­mos desde el inte­rior de nues­tros cora­zo­nes por su vigi­lan­cia y cuidado.

Padre Celes­tial, con­fe­sa­mos que no hemos seguido siem­pre Su1 amor, sino que hemos hecho mal uso de Sus dones, des­obe­de­cido Sus man­da­mien­tos, y des­cui­dado nues­tros debe­res. Con pala­bras, pen­sa­mien­tos y accio­nes hemos pecado con­tra Usted. Por esto, Oh Señor, humil­de­mente pedi­mos Su per­dón, a tra­vés de la san­gre derra­mada de Jesu­cristo, Su que­rido Hijo.

Oh Padre Celes­tial, Usted nos ha con­ce­dido un nuevo día. Ayú­de­nos a reci­birlo como un regalo de Su gra­cia. Ensé­ñe­nos la causa por la que Usted hace que el Sol bri­lle sobre noso­tros, para que poda­mos vivir cada día con­forme a Su volun­tad, pre­pa­ra­dos para el Día eterno y venidero.

Pedi­mos, Oh Padre Santo, que poda­mos dejar atrás la noche de pecado y culpa y cami­ne­mos siem­pre en la bri­llante luz de Su mara­vi­llosa gra­cia, nos des­pre­da­mos de las obras de la oscu­ri­dad, nos arme­mos con la arma­dura de la luz y cami­ne­mos hones­ta­mente como en el día.

Usted, Dios de mise­ri­cor­dia, rodée­nos con la luz de Su amor. Dirija todos nues­tros empe­ños a Su honor y glo­ria. Sus ojos son lla­mas de fuego y conoce todo pen­sa­miento. Sabe­mos que recom­pensa el bien y cas­tiga el mal, y por tanto, roga­mos por la gra­cia de vivir cada día en Su alabanza.

Oh Pasre Santo, ya que nos ha amado, roga­mos que, en amor, poda­mos obe­de­cerle. Y siendo cons­cien­tes de Su gran amor hacia noso­tros, Le roga­mos nos ayude a amar a nues­tro pró­jimo como a noso­tros mismo. Mán­ten­ga­nos lejos de cual­quier cosa que pueda empa­ñar este amor, sí, que para que poda­mos siem­pre tra­tar hones­ta­mente con nues­tro prójimo.

Per­mí­ta­nos usar Sus múl­ti­ples dones con mode­ra­ción. Con­ceda a nues­tros cora­zo­nes sabi­du­ría para evi­tar los exce­sos en la comida y en la bebida y en los cui­da­dos de esta vida. Ensé­ñe­nos a poner nues­tra con­fianza en Usted y a espe­rar Su ayuda.

Dénos un espí­ritu manso y con­trito, un cora­zón peni­tente y ver­da­dera humil­dad, sí, un ham­bre y sed de Su justicia.

Con­cé­da­nos este día un cora­zón puro, Oh Dios, para venir ante Usted. Oh Dios y Padre de amor y paz, dénos Su paz eterna y favor para que poda­mos hacer­nos un pue­blo amante de la paz, expul­sando toda ira y mali­cia. Y denos pacien­cia para sopor­tar con ale­gría cual­quier des­ven­tura o tris­teza que Usted per­mi­tiera, ya sea una cruz o una tri­bu­la­ción, ver­güenza o sufri­miento. Oh Señor, nues­tro Dios y crea­dor, dirija nues­tras vidas de acuerdo con Su santa volun­tad. En Sus mano, Oh Dios, nos enco­me­da­mos a noso­tros mis­mos, en cuerpo y alma, y todos los que ama­mos; man­tén­ga­nos siem­pre en Su volun­tad. Pedis­mos Sus ben­di­cio­nes para toda la huma­ni­dad y espe­cial­mente para aque­llos de la casa de la fe, donde quiera que pue­dan estar espar­ci­dos. Roga­mos por los enfer­mos y los soli­ta­rios, para aque­llos que sufren, para los des­alen­ta­dos y por las viu­das y los huér­fa­nos. Reza­mos tam­bién por aque­llos que nos per­si­gan y mal­tra­ten. Per­dó­ne­los, Señor, por­que no saben lo que hacen.

Reza­mos por los minis­tros de Su igle­sia, por los reyes y por las auto­ri­da­des y por todos los demás por los que debié­ra­mos rezar. Oh Señor, pue­dan todos reci­bir y hacerse par­tí­ci­pes de Su gracia.

Por esto, reza­mos, oh Padre santo, en el nom­bre de Su amado hijo Jesus­cristo que nos ha pro­me­tido que Usted nos oirá si le reza­mos en Su santo nom­bre, con cora­zo­nes devo­tos y creyentes.

Padre Nues­tro…

Su amante faz, Oh Señor, sea sobre noso­tros día y noche, man­tén­ga­nos bajo la som­bra de Sus alas. Ins­pí­re­nos, dirí­ja­nos y ben­dí­ga­nos en todas las cosas, para Su honor y gloria.

Amén.

Nota: La pre­sente es la tra­duc­ción al espa­ñol de una ora­ción de mañana que apa­rece en “A devo­ted Chris­tian pra­yer­book” de Path­way Publis­hers y, a su vez extrac­tada de “Die Ernst­hafte Chris­tenp­fli­cht” que data, al menos, a 1708. No os pro­meto que la mayo­ría de los Amish la recen todos los días; es sólo una de las que había en el libro, pero creo que refleja bas­tante bien su punto de vista. Si la léeis tened en cuenta de que os metéis en un mundo muy espe­cial en el que nada ganáis si entráis con prejuicios.

Renun­cio a cual­quier copy­right que me pudiera tener por esta tra­duc­ción. SDG.


  1. He pre­fe­rido man­te­ner las mayús­cu­las tal como apa­re­cen en la ver­sión inglesa ↩

Tér­mi­nos de búsqueda:

  • espi­noza paz aciendo corazones
  • rece­mos las laudes