Siguiendo la serie sobre mis peripecias literarias voy a detallar mis proyectos. Van a ser tres, y sin embargo uno, no como en la Trinidad, sino como en el método Zen to Done, de Leo Babauta. Se trata de tener un proyecto principal y otros dos que quedan para esos días que uno se queda sin gas literario. Cuando eso pase dejaré un momento a los otros.
Límites
Nunca menos de 500 palabras y nunca más de 1500 palabras por día. Una novela corta tiene un tamaño de unas 45,000. Y si hacéis cálculos a un ritmo de 1000 palabras por día, sale un manuscrito cada mes y medio. Sé que puedo llevar ese ritmo porque otros años he participado en la locura del NaNoWriMo, un reto que consiste, todos los meses de noviembre, en escribir una novela de 40,000 palabras en un mes. Yo lo hice una vez en inglés. Una chifladura, pero se puede hacer. Por vuestra madre, si lo intentáis hacedlo en vuestro propio idioma.
Creo que mi ritmo se acercará más a 500 palabras diarias. La ficción requiere un trabajo de redacción complicado, sobre todo en el género de fantasía, que implica tener que imaginar y al mismo tiempo crear un mundo coherente y eso es más difícil que estudiar un par de libros de historia. Pero también sé que hay días mejores y en esos días no quiero pasar de 1500 palabras, porque a partir de ahí produzco un pedazo de cosa marrón y pastosa que hiede el alma de las piedras.
La isla del faro
Esta novela fue mi primer intento de blook (libro escrito como un blog) y resultó un fracaso. Resulto que aquello de “el medio es el mensaje” tiene su parte de razón y un blog de ficción es un género diferente al de una novela. Si lo intentas tenlo presente y trata de que tus lectores también se den cuenta. Guíales, escribe un manual, ponles un powerpoint, búscate la vida porque la mayoría no sabe qué hacer con un blook.
Dicho esto, ahora voy a intentar re-hacerla como una novela de fantasía infantil-juvenil normal. ¿Y de qué trata? Finales del XIX, en un mundo muy parecido al nuestro, en un reino muy parecido a Inglaterra, hay un remoto faro. Thomas uno de los aprendices tiene problemas con una gata maga y una cueva en la isla que lleva a otro mundo. Y resulta que ambos mundos le necesitan.
El Príncipe Esclavo
Literatura Juvenil, fantasía. ¿De qué va? Edad media, un toque de fantasía, una onza de magia y un gran imperio decadente. Llegan noticias terribles, el ejército imperial, en misión de “castigo” contra los insignificantes bárbaros ha sido destruído. El joven emperador, al conocer la noticia, escapa en secreto con sus nobles falderos. Cuando su consejero le recrimina su actitud, el emperador le hiere. Prostado en cama, el consejero decide hacer ver que el emperador sigue en palacio, dirigiendo la defensa, usando a Criq, un joven esclavo de doce años de mensajero que transmitirá las órdenes en nombre del emperador. Pobre de Criq si el emperador se muere.
Y pobre del lector, porque “El Príncipe Esclavo” va a ser un libro-juego. Se trata de esos libros en que el lector se pone en el lugar del protagonista y va eligiendo lo que éste intenta hacer. “Si haces tal cosa vas a la página tal, si haces cual otra cosa vas a la página cual”. Con eso, unas pocas reglas y un dado se hace un juego.
La Montaña de Dios
Lo mejor para el fina: mi proyecto principal. La Montaña de Dios es lo mejor que llevo escrito nunca, aunque esté incompleta. Es la historia de un Paladín. Para quien no haya crecido con D&D eso es algo así como una mezcla entre caballero templario y mago. Para quien haya crecido con Harry Potter, es como si Harry Potter se metiera a cura y soldado, al mismo tiempo.
Y no, no voy a hacer una ordinariez tan grande como un Anti-Harry Potter o un Harry Potter cristiano o zarandajas de ese estilo. Sólo estoy usando una referencia conocida para que se me entienda. Harry Potter habla, sobre todo, de cómo enfrentarse al miedo. Yo pretendo hablar de la fé, la esperanza y la caridad. Quiero mostrar mi experiencia de Dios, hablar de lo que es la religión con quienes quizás ya no sepan de que estoy hablando. Quiero compartir una manera de entender y hacer solidaridad y el diálogo, con chispitas levinasianas y algo de reflexión. Y al mismo tiempo crear una historia divertida, imaginativa, original y valiente.
Difícil, ya lo sé, por eso me gusta. ¡A por ella!
Colofón
Pues deseadme suerte, rezad si queréis, que lo necesitaré y si tenéis algún consejo, soy todo oídos.
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