Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Pequeño, Mediano, Grande, ¿humano?

| 22/07/2011

Infan­til, pequeño, mediano, grande, gigante, ¿no os gus­tan como los cines cla­si­fi­can sus racio­nes de palo­mi­tas? ¿Y por qué habrían de gus­ta­ros? Des­pués de todo, ¿quién otorgó al cine potes­tad para defi­nir lo que es mediano? Ellos mismos.

Hay una ten­ta­ción obvia: irse a por el tamaño macho… ¡ay! quise decir gigante y ahora no me fun­ciona la tecla de borrar. Y es que uno, sobre todo cuando es de edad joven­cito cre­yén­dose macho… esto… adulto, que­ría decir adulto, no sé lo que me pasa, debe ser el lap­sus freu­diano ese. Repito, uno, sobre todo cuando es de edad joven­cito, le gusta impre­sio­nar a los demás y así mismo endil­gán­dose el gigante. ¡Cómo impre­sio­na­mos!, sí, desde luego que sí, a la seño­rita bás­cula, que con cada almuerzo gigante incre­menta nues­tra pun­tua­ción en kilos.

La ten­ta­ción más peli­grosa es la más sutil

Cuando era niño, vivía en Lili­put. Enton­ces no lo sabía, pen­saba que vivía en un país nor­mal, pero resulta que en esa época, todo en España era más chico. Cuando nos enri­que­ci­mos, todo se hizo más grande. Los bom­bi­llos daban más luz, los coches se alar­ga­ban y los paque­tes de palo­mi­tas se hicie­ron inmen­sos: el tamaño pequeño nuevo era mayor que el anti­guo tamaño grande. Es decir, lo que antes no comían ni los más tra­go­nes en público, resul­taba ser “nor­mal”. Y lo nor­mal cuesta verlo como malo.

Es como la escla­vi­tud o el colo­nia­lismo, en sus tiem­pos cosas muy nor­ma­les. Cui­dado con lo que es nor­mal en tu país, comu­ni­dad o en tu familia.

Más allá de las palomitas

Ya habréis adi­vi­nado que me parece estú­pido dejar la deci­sión de lo que es nor­mal a los ven­de­do­res. Quien com­pra ha de ser tan con­cien­zudo como el que vende. Esto vale para las palo­mi­tas y los refres­cos, sí, pero tam­bién para com­prar una vivienda, empren­der un viaje o estu­diar una carrera.

Per­mi­tidme desa­rro­llar el último ejem­plo, por­que puede ser el de más difí­cil expli­ca­ción. La más noble de las uni­ver­si­da­des, que se ocupe sólo de desa­rro­llar los miem­bros de la comu­ni­dad edu­ca­tiva, no puede defi­nir para cada alumno cuál debe ser su camino. Un estu­diante de 18 años dedi­cado com­ple­ta­mente a la carrera y con un pro­yecto bri­llante más allá de ésta, defi­nirá su nor­ma­li­dad de forma dife­rente a un direc­tivo que decide empren­der un más­ter a tiempo par­cial o un señor recién jubi­lado que apro­ve­cha ahora para cul­ti­var su persona.

Siem­pre es ten­ta­dor la machada, siem­pre es ten­ta­dora la medio­cri­dad, por­que es mucho más fácil que la pre­gunta que os pro­pongo guar­déis pre­pa­rada para este tipo de ocasiones.

¿Qué nece­si­tan tus sueños?

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