Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Un cuento de dos lápices

| 22/07/2011

Hace algo más de un siglo, en una casa ale­mana, vivía un niño que estaba apren­diendo a escri­bir. Sus padres le com­pra­ron para este fin dos lápi­ces, un pre­cioso lápiz “excel­sior de luxe” y otro de cali­dad “esco­lar” o, lo que es lo mismo, barato. Siendo, como es, lógico, sus padres le reco­men­da­ron usar el barato para los debe­res dia­rios y reser­var el caro para los exámenes.

Así pues ese mismo día empezó a prac­ti­car sus letras con el barato y lle­gada la noche, guar­da­dos ya gomas y cua­der­nos ambos lápi­ces comen­za­ron a hablar así:

—¡Estoy muy con­tenta! —dijo la lápiz esco­lar, por­que en reali­dad era una chica lápiz— Hoy he escrito la A, y mil veces.

—¿La A? ¿Y por eso estás con­tenta? ¿Por una sola letra? Y muy mal escrita además.

—Pues el niño estaba muy feliz.

—Claro, por­que es tonto el pobre­cito, como es la pri­mera letra que hace… — Ah, ¿y tú que has hecho?

—Nada chica, a mí me reser­van para algo muy impor­tante, una gran novela o qui­zás los cálcu­los de una nueva teo­ría cien­tí­fica. Pero tú de eso no entien­des nada. Pobre­cita tan feliz pero te estás gas­tando en tonterías.

Meses más tarde el niño tuvo su pri­mer exa­men impor­tante. Tal como le habían reco­men­dado sus padres fue a bus­car el lápiz “excel­sior de luxe”; pero por más que buscó no lo encon­traba, así que tuvo que con­for­marse con su “esco­lar”. Aque­lla noche ambos lápi­ces vol­vie­ron a hablar.

— ¿Por qué te escon­diste? –le pre­guntó la lapiz “esco­lar” a su compañero.

—- ¿Por qué? ¿Estás tonta? Mira yo estoy des­ti­nado a gran­des cosas. No me puedo gas­tar en algo tan pue­ril como un exa­men de pri­ma­ria. Mírate, ¿no te das cuenta? Tu ya estás a la mitad, casi te has acabado.

Era ver­dad. El afi­la­dor ya se había comido la mitad de la pobre “escolar”.

—- Toda­vía me queda una mitad —res­pon­dió la “esco­lar”- y hoy hemos tenido una gran aven­tura. ¡Cuán­tos sudo­res! ¡Y que manos más frías tenía el niño!

—¿Ya, y qué nota ha sacado?

—Casi apro­ba­mos.

—O sea que sus­penso, encima, te estás aca­bando por nada, tonta.

Fue­ron pasando los meses, la pequeña “esco­lar” siguió escri­biendo y tra­ba­jando. Llegó el pri­mer apro­bado, luego algún nota­ble. Des­gra­cia­da­mente no llegó a ver nin­gún sobre­sa­liente por­que el día justo antes del pri­mer exa­men que lo sacó “esco­lar” ya se había aca­bado del todo. Mien­tras, oculto en el fondo del cajón, el “excel­sior de luxe” seguía como el pri­mer día.

Pasa­ron meses, años, “excel­sior de luxe” siem­pre encon­traba una excusa para no ayu­dar. Lo que no que­ría reco­no­cer es que tenía miedo de aca­barse. Pero todo llega. El niño se hizo hom­bre y tuvo un bebé que apren­dió a gatear. El bebé abriendo los cajo­nes encon­tró el “excel­sior” y se lo llevó a la boca.

—Deja eso, ¡caca! –le dijo su madre.

Sin mirarlo muy bien, cre­yendo que era sólo un palo, la madre lo tiró a la basura. La sir­vienta sacó el cubo que reco­gió el basu­rero. Y como en esos años no se reci­claba, el pobre excel­sior acabó en el fuego. Sin embargo, “esco­lar” había ayu­dado al niño a hacerse un gran cien­tí­fico, aun­que ella nunca lo viera.

Quien quiera con­ser­var la vida, la perderá.

Tér­mi­nos de búsqueda:

  • CUENTOS SOBRE LAPICES
  • Lapi­ces sabiavida
  • cuento de los lapices
  • cuen­tos de lapices
  • fabula el nino y el lapiz
  • un lapiz muy feliz
  • un niño tiene 2 lapi­ces y otro no tiene

Comparte en Twitter | Facebook