Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Excelentísimo verano

| 09/08/2011

Las pis­ci­nas se divi­den en dos par­tes igua­les: el agua y las tum­bo­nas. Los niños están en el agua divir­tién­dose y, de paso, haciendo deporte. Los adul­tos están en las hama­cas, abu­rrién­dose y, de paso, haciendo barriga.

¿Y yo? ¿Cómo os lo diría? Escribo este artículo sen­tado sobre una pelota de pila­tes. Ima­gi­nad lo que hago en una piscina.

El des­canso sirve para res­tau­rar­nos, ¿y des­pués? Des­pués al señor Des­canso le sale barriga y barba de dos días y se con­vierte en el sue­gro Abu­rri­miento. Sabes que es un tipo ano­dino, casi parece tonto, como el ins­pec­tor Colombo.

El ardid del Señor Aburrimiento

El señor Abu­rri­miento te dirá que todo lo que cueste esfuerzo es tra­bajo. Y así te con­ven­cerá que bai­lar está bien, pero en la tele, ¿no? De vol­carte en tus sue­ños ni hable­mos, ya lo harás cuando vuel­vas del tra­bajo, en tu tiempo libre, que seguro que sí, que este año seguro que lo encuen­tras, aun­que sigas haciendo lo mismo.

Nada mejor que tum­barte a la bar­tola. Eso nunca lo haces en tu vida nor­mal. Por­que seguro que jamás vuel­ves del tra­bajo y te echas delante de la tele. ¿Tú? No, eso lo hacen otros. Como mucho, como mucho, alguna vez, un poquito, un par de horas, todos los días, menos los domin­gos que vas a misa y eso, ¿no?

Un verano lento y hermoso

La liber­tad es la esen­cia del tiempo libre. Tu muñeca deben libe­rarse del reloj, tu oído del móvil y tus ojos de la tele. Libe­rarse que quiere decir dejar de preo­cu­parse, dejar fluir her­mo­sa­mente la vida.

Afi­cio­nes

Pue­des escri­bir, por ejem­plo, sin calen­da­rios ni pri­sas, mirando las nubes pasar, medi­tando a ratos y todo lle­ván­dolo a tu arte.

Dedica un día entero a una afi­ción, recó­brala o explora algo nuevo, como un niño. Yo ya tengo pin­ta­das mis minia­tu­ras de 15mm –o sea mis sol­da­di­tos– y pronto desa­rro­llaré una simu­la­ción estra­té­gica futu­rista –o sea que voy a jugar con mis sol­da­di­tos– en cuanto ter­mine de mode­lar el terreno a escala –o sea unos arbo­li­tos y coli­nas de juguete – . Por cierto que tengo que ver donde puedo alqui­lar un kayak en Las Palmas.

Vera­ni­zar los Bue­nos hábitos

Luego están los ton­tos que aban­do­nan los bue­nos hábi­tos en verano. ¿Se olvi­dan de lo que les costó adqui­rir­los? Sí, ya sé que al señor Abu­rri­miento le suena a esfuerzo, pero hay una alternativa:

vera­ni­zar­los (chú­pate esa, Real Aca­de­mia de la Lengua)

El ejer­ci­cio que haces todos los días, puede con­ver­tirse en juego, ya sea haciendo de tío, ya sea con los ami­go­tes. ¿Qué hay miedo de per­der? Bús­ca­te­los peo­res que tú, que siem­pre habrá. Y si no los hay, pues le echas la culpa al calor.

Pue­des dibu­jar o pin­tar rién­dote del mundo. Una cari­ca­tura, ¿por qué no? O intenta algo que creas impo­si­ble. Ins­pi­ráte en Veláz­quez, y a ver que pasa. A lo peor apren­des algo y todo.

Dor­mir a tus horas se vera­niza auto­má­ti­ca­mente si has vera­ni­zado el día. Si cada segundo ha sido de diver­sión y crea­ción, si has expri­mido cada segundo, si te has parado a medi­tar en las miles de vece que la natu­ra­leza bella y humilde sale a tu encuen­tro no ten­drás nece­si­dad de alar­gar las jor­na­das bus­cando que la luna salve al sol. ¿Qué te quie­res que­dar alguna noche? De acuerdo, pero que sea por algo que merezca la pena.

¿Qué no se puede vera­ni­zar lavarse los dien­tes? Pues bas­tante más que las caries. Basta ima­gi­narse que estás bai­lando con el cepillo.

Mejo­rar

Por último, dedica algún día a mejo­rar. Los días pre­vios a la vuelta al tra­bajo ocú­pate de tus mie­dos a largo plazo, en vez de dejar que te amar­guen las jor­na­das. Aprende algo de orga­ni­za­ción –que sí, que se aprende – , por ejemplo.

Fíjate tam­bién en tu vida dia­ria. Lim­piar es fácil, lim­piar bien y rápido, no tanto. Esto tam­bién se aprende y más hoy en día, con los recur­sos que hay en la web: desde blogs hasta vídeos.

¿Qué eso requiere esfuerzo? Sí, ya sé, don abu­rrido, ya lo sé, vuelva a su hamaca. Per­dón por moles­tarle mien­tras per­día su valioso tiempo. Yo me voy a jugar a ver cuanto tiempo aguanto nadando bajando el agua.

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    Gra­cias Toni :)