Sabiavida

Sabiduría en práctica | Miguel de Luis

Hola, simplicidad

| 02/01/2012
Hola a esas alas

CC

Mini­ma­lismo

Es curioso pero cuando lle­gué al mini­ma­lismo lo hice por un camino extraño. Estaba muy intere­sado en la vida fru­gal cuando estaba opo­si­tando, recién salido del semi­na­rio. No andaba bus­cando movi­mien­tos artís­ti­cos ni nada por el estilo. Es lo que tiene Inter­net, sobre todo cuando uno navega en inglés, que aca­bas encon­trando lo que no buscabas.

Y en este caso, encon­tré que por mini­ma­lismo en el mundo anglo­sa­jón por lo menos se entiende no sólo deter­mi­na­dos movi­mientos artís­ti­cos sino tam­bién una forma de enten­der la vida que me atrajo mucho, hasta el punto de con­ver­tir Sabia­Vida, al menos en parte, en un blog minimalista.

Adiós mini­ma­lismo

Hoy aban­dono públi­ca­mente el mini­ma­lismo. Antes que nada el tér­mino es equí­voco y con­funde por­que prin­ci­pal­mente se sigue enten­diendo al mini­ma­lismo como una expre­sión artís­tica, más que como forma de vida. En otras pala­bras es más algo que hago que algo que vivo. Ambas cosas se ali­men­tan mutua­mente y así uno puede rela­cio­nar el género de terror con la “cul­tura gótica”, pero en reali­dad nadie quiere que le per­siga un vam­piro o verse rodeado de zom­bies. No debe con­fun­dirse al artista con el arte.

Por tanto, sí, son dos cosas sepa­ra­das, aún rela­cio­na­das mini­ma­lismo y mini­ma­lismo exis­ten­cial. Y es mucho más popu­lar el pri­mero que el segundo, por lo menos en España. De hecho, si nave­gáis hacia el artículo sobre el mini­ma­lismo en wiki­pe­dia sólo veréis refe­ren­cia al mini­ma­lismo exis­ten­cial en el histórico.

// No, no fui yo, quien lo borró, malpensados //

Pero hay más

Hay cosas que nunca me han lle­gado a gus­tar del mini­ma­lismo. Resulta dema­siado frío, asép­tico, recuerda dema­siado a naves espa­cia­les y a hos­pi­tal, con­cen­tra pero llega a abu­rrir y puede que sí, tam­bién tenga una pun­tita de esnobismo.

Hola sim­pli­ci­dad

Por esto he cam­biado el nom­bre a mi cate­go­ría “mini­ma­lismo” y la he rebau­ti­zado como “sim­pli­ci­dad”. ¿Y por qué sim­pli­ci­dad? Por­que creo que esté camino es mejor, la sim­pli­ci­dad no es una corriente artís­tica sino una forma de vivir y me resulta más natural.

Sí, natu­ral es la pala­bra justa. Sim­pli­ci­dad me sabe a fami­lia, a infu­sión de man­za­ni­lla, a vino de pue­blo, a marro­nes y ocres, al bos­que, al río y al mar. La sim­pli­ci­dad es el cielo estre­llado del monte; mini­ma­lismo es el cielo noc­turno de la ciu­dad. El mini­ma­lismo me recuerda a un monas­te­rio zen; la sim­pli­ci­dad a un con­vento de cla­ri­sas. La sim­pli­ci­dad puede ser jugue­tona, como la fami­lia de Ron Weasly, el mini­ma­lismo es serio, adulto, siem­pre bus­cando los tres pies al gato que tiene cua­tro, la sim­pli­ci­dad fluye, el mini­ma­lismo es ten­sión hacia el toda­vía menos.

La sim­pli­ci­dad es minús­cula, como una a minús­cula, y aún como una vír­gula. El mini­ma­lismo es mayúsculo, como una gran letra     A     rodeada de espa­cio en blanco, soli­ta­ria como ella sola.

El mini­ma­lismo y la sim­pli­ci­dad pue­den ser amigos

Sí, y hasta con­vi­vir en una per­sona. Por bus­car dife­ren­cias he inven­tado mil metá­fo­ras, pero tam­bién podría haber bus­cado mil seme­jan­zas. Lo que pasa es que ahora, al bus­car nuevo camino, me interesa resal­tar lo diferente.

Liber­tad

Hoy me libero de bus­car la última sofis­ti­ca­ción, de preo­cu­parme por si no tengo sufi­ciente espa­cio en blanco, de dar vuel­tas pen­sando si están per­mi­ti­dos los colo­res o, incluso, sí incluso de si tengo que com­prarme un chisme mini­ma­lista para ser minimalista.

Hoy no nece­sito mirar hacia otro lado para encon­trarme a mí mismo. Hoy soy libre.

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